Naturaleza

Efectos de la jardinería en la salud mental - La ciencia de cómo tocar la tierra sana el alma

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La relación entre los microorganismos del suelo y la serotonina

El conocimiento empírico de que tocar la tierra mejora el estado de ánimo tiene respaldo científico. La investigación del profesor Lowry y su equipo de la Universidad de Bristol descubrió que el microorganismo Mycobacterium vaccae, presente en el suelo, activa las neuronas productoras de serotonina en el cerebro.

En experimentos con ratones, los que recibieron M. vaccae mostraron una reducción de los comportamientos de ansiedad en situaciones de estrés y una activación del metabolismo de la serotonina. Este efecto actúa mediante un mecanismo similar al de los antidepresivos (ISRS). Tocar la tierra con las manos desnudas durante la jardinería proporciona de forma natural oportunidades de contacto con este microorganismo, y se cree que influye positivamente en la salud mental a través del eje intestino-cerebro.

Evidencia clínica de la horticultura terapéutica

La horticultura terapéutica (Horticultural Therapy) es un método de tratamiento con historia, utilizado en la atención psiquiátrica desde la década de 1950. Actualmente se practica en todo el mundo como terapia complementaria para una amplia gama de trastornos, incluyendo depresión, trastornos de ansiedad, demencia y adicciones.

Un estudio noruego mostró que pacientes con depresión clínica que participaron en un programa de horticultura terapéutica de 12 semanas experimentaron una mejora de los síntomas depresivos superior al 50%, y que este efecto se mantuvo en el seguimiento a los 3 meses. En los Países Bajos existen más de 1.000 «granjas de cuidado» (care farms), instalaciones de bienestar basadas en granjas que utilizan el trabajo agrícola para la rehabilitación de pacientes con trastornos mentales. La actividad de jardinería es un medio integral de curación que combina el movimiento físico con el contacto con la naturaleza.

Efectos psicológicos de observar el crecimiento de las plantas

Sembrar una semilla, ver brotar el tallo, florecer y dar fruto. La experiencia de observar el crecimiento de una planta satisface la necesidad humana fundamental de «cuidar» y proporciona una profunda satisfacción. En psicología, esto se denomina «efecto de crianza» (nurturing effect).

El cuidado de las plantas proporciona la sensación de «ser necesitado». La responsabilidad moderada de que la planta se marchitará si olvidas regarla da un motivo para actuar a las personas en estado de apatía. Al mismo tiempo, las plantas no hacen demandas complejas como los seres humanos, por lo que se puede experimentar la «alegría de cuidar» de forma pura, sin el estrés de las relaciones interpersonales. La imagen de un pequeño brote creciendo día a día funciona también como metáfora de la propia recuperación, generando esperanza.

Efectos físicos de la jardinería

La jardinería se clasifica como actividad física moderada (3-5 METs), y 30 minutos de trabajo en el jardín consumen aproximadamente 150-300 kcal. Acciones como cavar la tierra, arrancar malas hierbas y transportar agua son ejercicios funcionales que utilizan los músculos de todo el cuerpo.

La jardinería al aire libre también sirve como baño de sol, promoviendo la síntesis de vitamina D. La deficiencia de vitamina D es un factor de riesgo conocido para la depresión, y la actividad regular al aire libre reduce este riesgo. Además, existen investigaciones que respaldan la «hipótesis de la higiene», según la cual el contacto con la tierra estimula moderadamente el sistema inmunitario y reduce el riesgo de alergias y enfermedades autoinmunes.

La jardinería como mindfulness

La jardinería es una práctica natural de mindfulness. La textura de la tierra, el aroma de las flores, el canto de los pájaros, la temperatura del viento. Durante el trabajo en el jardín, los cinco sentidos se abren de forma natural y la conciencia se dirige al momento presente.

Incluso quienes tienen dificultades con la meditación pueden entrar de forma natural en un estado de mindfulness a través de la jardinería. Arrancar malas hierbas una a una, sembrar semillas una a una: son movimientos repetitivos y rítmicos que estimulan la secreción de serotonina y, al mismo tiempo, aquietan el ruido mental. Las investigaciones demuestran que la jardinería tiene un efecto equivalente al de la meditación como práctica de concentración en el «aquí y ahora».

Empezar con una pequeña jardinería en el balcón o en interior

Aunque no tengas jardín, puedes recibir los beneficios de la jardinería. Las macetas del balcón o las hierbas aromáticas en la ventana proporcionan suficiente alegría y efecto curativo al cultivar plantas.

Para principiantes, se recomiendan hierbas como la albahaca o la menta. Crecen rápido y se pueden usar en la cocina, lo que facilita la sensación de logro. Las suculentas y los cactus requieren poco riego y son fáciles de mantener para personas ocupadas. Lo importante es «no culparse si una planta se marchita». Que una planta muera también forma parte del aprendizaje, y el proceso de pensar qué hacer la próxima vez entrena la capacidad de resolución de problemas. Empezar con una pequeña maceta permite experimentar el placer de la jardinería sin presión.

Efectos sociales de los huertos comunitarios

La jardinería individual ya es eficaz, pero participar en un huerto comunitario (huerto urbano, jardín compartido) aporta el beneficio adicional de la conexión social.

Un estudio británico informó de que los participantes en huertos comunitarios presentaban un 30% menos de soledad y un mayor sentido de pertenencia a la comunidad en comparación con los no participantes. Personas de diferentes generaciones y orígenes se reúnen con el propósito común de «cultivar plantas», lo que genera interacciones naturales. Para las personas mayores en particular, desempeña un papel importante como espacio para prevenir el aislamiento social y encontrar un sentido de propósito.

El ritmo de las estaciones y la salud mental

La jardinería ofrece la oportunidad de sentir el paso de las estaciones con el cuerpo. Sembrar en primavera, observar el crecimiento en verano, cosechar en otoño, dejar descansar la tierra en invierno. Al entregarse a este ciclo natural, surge la sensación de que los seres humanos también somos parte de la naturaleza.

La sociedad moderna exige trabajar al mismo ritmo independientemente de la estación, pero las plantas son fieles al ritmo estacional. Recuperar el ritmo natural a través de la jardinería contribuye también a ajustar el reloj biológico, influyendo positivamente en la calidad del sueño y la estabilidad emocional. La imagen de las plantas que descansan su actividad en invierno nos recuerda que los seres humanos también necesitamos descanso. Vivir en sintonía con los ciclos naturales equilibra el cuerpo y la mente.

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