Crecimiento personal

Cómo dejar de depender de la opinión de los demás

Este artículo se lee en unos 7 minutos

Por qué nos importa tanto la opinión de los demás

Comprobar una y otra vez los «me gusta» de una foto publicada. Leer la expresión del jefe para adivinar tu evaluación. Pasar todo el día hundido por un comentario casual de un amigo. El sufrimiento de dejarse llevar por la opinión ajena es algo que muchas personas experimentan.

Esta tendencia tiene raíces en la base evolutiva del ser humano. La humanidad ha sobrevivido como animal social en grupo, y ser excluido del grupo significaba literalmente la muerte. Por ello, el cerebro tiene incorporado un mecanismo psicológico que detecta con sensibilidad la evaluación de los demás e intenta mantener la posición dentro del grupo. Preocuparse por la mirada ajena es en sí una reacción normal.

El problema surge cuando esta reacción instintiva se activa en exceso y nuestras acciones y emociones quedan completamente dominadas por la evaluación de los demás. En psicología, esto se denomina «dependencia de la validación externa (external validation dependency)».

El mecanismo psicológico de la dependencia de la validación externa

Autoestima condicionada

Muchas personas que dependen de la validación externa poseen una «autoestima condicionada (contingent self-worth)». Es la creencia de que «solo tengo valor cuando los demás me reconocen». Experiencias de la infancia como «solo me elogiaban cuando sacaba buenas notas» o «solo sentía el cariño de mis padres cuando cumplía sus expectativas» forman la base de esta creencia.

Las personas con autoestima condicionada se esfuerzan excesivamente para obtener aprobación (sobreadaptación), y cuando no la obtienen, su sentido de valor propio se derrumba. Sentir que «no valgo nada» solo porque una publicación tiene pocos «me gusta» se debe a que la autoestima depende completamente de indicadores de evaluación externos.

La trampa de la comparación social

Según la «teoría de la comparación social» propuesta por el psicólogo Leon Festinger, los seres humanos utilizan la comparación con otros para evaluar sus propias capacidades y opiniones. Las redes sociales hacen posible esta comparación las 24 horas, y además el objeto de comparación son «los momentos destacados de los demás». Si comparas continuamente tu día a día con los mejores momentos de otros, es inevitable que tu autoevaluación disminuya.

Cinco pasos para recuperar tu propio eje

1. Identificar «de quién» intentas cumplir las expectativas

Cuando te preocupa la opinión ajena, verbaliza concretamente «de quién» es la evaluación que te preocupa. En la mayoría de los casos, se trata de unas pocas personas: padres, jefe, un amigo concreto. Además, imagina concretamente «qué pasaría realmente si no cumplo las expectativas de esa persona». En la mayoría de los casos, el peor escenario que imaginas no ocurre en la realidad.

2. Hacer un «inventario de valores»

Escribe 5 valores que realmente quieras priorizar en tu vida. «Honestidad», «creatividad», «tiempo en familia», «salud», «libertad», por ejemplo. Después, comprueba si tus acciones diarias están alineadas con estos valores. Se hace visible la discrepancia entre las acciones para cumplir expectativas ajenas y las acciones basadas en tus propios valores. En los libros sobre autoconocimiento también se puede aprender de forma sistemática.

3. Establecer «criterios internos»

En lugar de indicadores de evaluación externos (número de likes, ventas, ascensos), establece criterios internos que solo tú puedes evaluar. «¿He tomado hoy decisiones alineadas con mis valores?», «¿he crecido un 1% respecto a ayer?», «¿he hecho un trabajo con el que estoy satisfecho?». El hábito de evaluarte con criterios internos debilita gradualmente la dependencia de la aprobación externa.

4. Aumentar gradualmente la «tolerancia a la desaprobación»

Practica exponerte intencionalmente a situaciones donde no obtienes aprobación. Empieza con cosas pequeñas: expresar honestamente tus preferencias en un restaurante, dar una opinión minoritaria en una reunión, publicar en redes sin preocuparte por los «me gusta». Al acumular experiencias de que «estoy bien» aunque no recibas aprobación, la hipersensibilidad a la evaluación se atenúa.

5. Practicar la autocompasión

Cuando te dejas llevar por la opinión ajena, en lugar de culparte, dirige compasión hacia ti mismo. «Es natural como ser humano que me importe la evaluación», «aunque no sea perfecto, tengo valor». La investigación de la psicóloga Kristin Neff muestra que las personas con alta autocompasión tienen menor dependencia de la validación externa y mayor estabilidad psicológica. Los libros sobre autocompasión también son una referencia útil.

No es necesario reducir la necesidad de aprobación a «cero»

Como nota importante, el objetivo no es ignorar completamente la opinión de los demás. Una necesidad moderada de aprobación mantiene la cooperación social y apoya la actitud de aprender del feedback. Lo que se debe buscar es el estado de «si recibo aprobación me alegro, pero sin ella mi valor no se tambalea».

Esto no es «indiferencia», sino «autonomía». Recibir la evaluación de los demás como información de referencia, pero realizar la autoevaluación final con tus propios criterios internos. Esta actitud es el núcleo de una vida que no se deja arrastrar por la opinión ajena.

Resumen

En la raíz del sufrimiento de dejarse llevar por la opinión de los demás se encuentra la autoestima condicionada: «si los demás no me reconocen, no tengo valor». Para reescribir esta creencia, es necesario clarificar tus propios valores, construir el hábito de autoevaluarte con criterios internos y aumentar gradualmente la tolerancia a la desaprobación. No se trata de reducir la necesidad de aprobación a cero, sino de aspirar al estado de «autonomía» en el que tu valor no se tambalea aunque no recibas aprobación. Ese es el camino para vivir desde tu propio eje.

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