Cómo cuestionar las creencias heredadas
¿Tus valores son realmente «tuyos»?
«Debes tener un trabajo estable», «casarse y tener hijos es la felicidad», «no debes causar molestias a los demás», «mostrar debilidad es vergonzoso». ¿Recuerdas cuándo, dónde y de quién recibiste estas creencias? En la mayoría de los casos, son valores absorbidos inconscientemente durante la infancia de padres, profesores o la comunidad, no algo que elegiste por ti mismo.
En la teoría de la identidad del psicólogo del desarrollo James Marcia, el estado de aceptar sin más los valores dados por otros se denomina «identidad hipotecada» (foreclosure). Las investigaciones muestran que las personas en estado de identidad hipotecada parecen estables en la superficie, pero son propensas a sufrir crisis de identidad graves en los puntos de inflexión de la vida (cambio de trabajo, divorcio, muerte de un padre, etc.).
Cuestionar las creencias heredadas no es negar ni rebelarse contra los padres. Es el trabajo de sustituir los cimientos de tu vida, pasando de una herencia inconsciente a una elección consciente.
Por qué las creencias heredadas son tan sólidas
La impronta de la infancia
El cerebro de los niños menores de 7 años absorbe información sin el filtro del pensamiento crítico desarrollado. Las palabras escuchadas repetidamente y los patrones de comportamiento observados durante este periodo se graban en los circuitos neuronales como «hechos». Un niño al que le repiten «los hombres no lloran» interioriza eso no como una «opinión», sino como una «ley del mundo».
Refuerzo por sesgo de confirmación
Una vez formada, la creencia se autorrefuerza mediante el sesgo de confirmación. Quien cree que «pedir ayuda es debilidad» solo presta atención a los casos en que pedir ayuda salió mal e ignora los casos en que funcionó. Las creencias siguen recopilando selectivamente evidencia que las confirma, por lo que se vuelven más sólidas con la edad.
Vínculo con la necesidad de pertenencia
Compartir los valores de la familia y la comunidad es la base del sentido de pertenencia. Cuestionar los valores despierta, a nivel inconsciente, el miedo a «ser expulsado del grupo». Esta es una de las razones por las que no podemos soltar ciertas creencias aunque racionalmente las cuestionemos.
Cuatro pasos para cuestionar tus valores
1. Hacer un inventario de creencias
Primero, escribe las creencias que das por «evidentes». Sobre el trabajo, el dinero, las relaciones, el éxito, la felicidad, los roles de género, la expresión emocional: haz una lista de más de 20 en la forma «se debe...» o «hay que...». El acto mismo de escribirlas expone las creencias inconscientes a la luz de la conciencia. Los libros sobre la exploración de valores también ayudan en este inventario.
2. Identificar el origen
Para cada creencia de la lista, pregunta «¿de quién es esta voz?». ¿Es una frase habitual de tu padre? ¿Algo que aprendiste de la actitud de tu madre? ¿Algo que te dijo un profesor? ¿Algo que absorbiste de la televisión o los libros? Al identificar el origen, puedes relativizar: «esto no es una verdad absoluta, sino simplemente la opinión que una persona concreta tenía en un contexto concreto».
3. Verificar la funcionalidad
Para cada creencia, pregunta «¿esta creencia me es útil en mi vida actual?». No todas las creencias heredadas son dañinas. Creencias como «hay que cumplir las promesas» o «hay que respetar a los demás» tienen la función de facilitar la vida social. El problema es mantener sin crítica creencias que no funcionan («no debo mostrar debilidad», «siempre debo ser productivo»).
4. Elegir de nuevo conscientemente
Las creencias que tras la verificación juzgues inadecuadas para ti, reescríbelas con nuevas creencias. Sin embargo, esto no se completa en un instante. Reescribir circuitos neuronales de años lleva tiempo. Escribe la nueva creencia en un papel y colócalo donde lo veas cada día. Acumula pequeñas acciones basadas en la nueva creencia. Cuando la vieja creencia asome, cambia conscientemente: «Ah, esta es la voz de mi padre. Yo ahora elijo esto». Esta repetición fortalece los nuevos circuitos neuronales.
Lo que ocurre durante el proceso de cuestionamiento
Cuestionar los valores trae consigo una inestabilidad temporal. Como las «respuestas correctas» de antes se tambalean, puedes sentir que pierdes el sentido de la orientación. Marcia llama a este estado «moratoria» (periodo de exploración) y lo sitúa como un proceso saludable hacia el logro de la identidad.
También puede surgir tensión en la relación con la familia. Elegir de forma diferente a los valores de los padres puede parecerles «una negación de su forma de vivir». Sin embargo, tener tus propios valores y respetar a tus padres son compatibles. La actitud de «entiendo tus valores; aun así, yo elijo esto» se convierte en la base de una relación madura.
Los libros sobre autoconocimiento también son un apoyo durante el periodo de exploración.
Conclusión
Cuestionar las creencias heredadas no es rebelarse contra los padres, sino sustituir los cimientos de tu vida, pasando de una herencia inconsciente a una elección consciente. A través de los cuatro pasos (inventario de creencias, identificación del origen, verificación de la funcionalidad y elección consciente), puedes construir una vida basada no en «la respuesta correcta de otro», sino en «tu propia respuesta correcta». No temas la inestabilidad; confía en el proceso de exploración.