Prevenir la muerte en soledad: métodos concretos para protegerse del aislamiento social
La realidad de la muerte en soledad
Según las estadísticas de la Oficina del Médico Forense de Tokio, los casos de muerte en soledad (fallecimiento en el domicilio sin ser descubierto durante un periodo determinado) en los 23 distritos de Tokio ascienden a unos 4.000 al año. A nivel nacional se estiman unos 30.000 casos anuales. Antes se consideraba un problema de personas mayores, pero en los últimos años también aumentan los casos entre personas en edad laboral de 40 y 50 años.
Detrás de la muerte en soledad se encuentra el «aislamiento social». Según una encuesta del Gabinete del Gobierno, el porcentaje de personas que no tienen a nadie con quien conversar a diario alcanza aproximadamente el 15% en los hogares unipersonales masculinos. Jubilación, divorcio, mudanza, fallecimiento de amigos. En las diversas transiciones de la vida se pierden los vínculos sociales, y cuando uno se da cuenta, «los días sin hablar con nadie» se han convertido en lo cotidiano.
Factores de riesgo del aislamiento social
Jubilación
Los hombres japoneses, en particular, dependen en gran medida del lugar de trabajo para sus vínculos sociales. No son pocos los que, tras jubilarse, se dan cuenta de que «no tienen amigos fuera de la empresa». Tener comunidades fuera del trabajo antes de jubilarse es la clave para prevenir el aislamiento posterior.
Divorcio o fallecimiento del cónyuge
La separación del cónyuge conlleva una reducción significativa de la red social. Especialmente los hombres tienden a perder los vínculos sociales que mantenían a través de su pareja (relaciones vecinales, trato con familiares). (Los libros sobre prevención del aislamiento pueden ayudar a profundizar en la comprensión)
La paradoja de la digitalización
Las redes sociales y la comunicación en línea no sustituyen la interacción presencial. La sensación de «estar conectado en línea» puede enmascarar un aislamiento real.
Cuatro prácticas para prevenir el aislamiento
1. Valorar los «vínculos débiles»
Las conexiones no se limitan a las amistades profundas. Saludar a los vecinos, conversar con el dependiente de la tienda habitual, hacer un gesto a quien te cruzas durante el paseo. La investigación del sociólogo Granovetter demuestra que estos «vínculos débiles» contribuyen significativamente a reducir la sensación de aislamiento.
2. Mantener el hábito de salir regularmente
Biblioteca, cafetería, parque, supermercado. Cuando se tiene el hábito de ir al mismo lugar a la misma hora cada día, los conocidos aumentan de forma natural. El simple hecho de salir es un acto que mantiene el contacto con la sociedad.
3. Participar en una comunidad
Círculos de aficiones, voluntariado, asociaciones vecinales, clubes deportivos, comunidades religiosas. Pertenecer a una comunidad con un propósito común asegura una interacción presencial regular. Aunque «da pereza apuntarse», una vez que se participa, la mayoría se acostumbra.
4. Utilizar servicios de seguimiento
En el caso de vivir solo, utilizar servicios de verificación de bienestar ofrecidos por el ayuntamiento, correos o compañías eléctricas es también una opción. Establecer con familiares o amigos la regla de «contactar una vez al día» también funciona como un seguimiento sencillo. (Los libros sobre vínculos sociales también pueden ser de ayuda)
Resumen
La muerte en soledad no es «cosa de otros». Los vínculos sociales se pierden gradualmente si no se mantienen de forma consciente. Valorar los vínculos débiles, mantener el hábito de salir y participar en una comunidad. Estas tres prácticas protegen del aislamiento.