¿Es normal que la regla sea tan abundante? Causas de la menorragia y cuándo consultar
¿Dónde está el límite entre una regla «abundante» y una regla anormal?
El volumen de sangrado menstrual varía mucho entre mujeres, lo que dificulta saber si la propia cantidad es normal o excesiva. Desde el punto de vista médico, se define como «menorragia» cuando el volumen total de sangrado en un ciclo supera los 80 mL. Sin embargo, prácticamente nadie mide su sangrado, por lo que se utilizan las siguientes señales orientativas.
La compresa diurna se llena en menos de 1 hora; la compresa nocturna no aguanta toda la noche; se expulsan coágulos con aspecto de hígado con frecuencia; la menstruación dura más de 8 días; cada regla provoca síntomas de anemia (mareo, taquicardia, dificultad para respirar). Si se cumple al menos uno de estos criterios, es probable que exista menorragia. Se estima que entre el 10 y el 15 % de las mujeres en edad fértil la padecen, pero muchas lo asumen como «constitución» y la tasa de consulta real es baja.
Causa 1 de la menorragia: miomas uterinos
La causa más frecuente de menorragia son los miomas uterinos. Se detectan en el 20-30 % de las mujeres a partir de los 30 años, y en torno al 40 % a los 40. Los síntomas varían según el tipo de mioma; en particular, los miomas submucosos (situados justo bajo el endometrio) aumentan notablemente el sangrado incluso siendo pequeños.
Los mecanismos por los que los miomas incrementan el sangrado son tres: aumento de la superficie endometrial, disminución de la capacidad contráctil del útero (hemostasia deficiente) y aumento del flujo sanguíneo por neovascularización alrededor del mioma. Si el mioma mide menos de 3 cm y los síntomas son leves, la observación es la pauta habitual; si hay anemia o afectación de la vida diaria, se valora el tratamiento. Para más información sobre los miomas uterinos, consulta el artículo guía sobre miomas uterinos.
Causa 2 de la menorragia: alteraciones hormonales
En la «menstruación anovulatoria», cuando la ovulación no se produce con normalidad, la progesterona no se secreta en cantidad suficiente y el endometrio prolifera en exceso bajo la acción exclusiva de los estrógenos. Como resultado, el endometrio se desprende de forma irregular, provocando sangrados abundantes o sangrados intermenstruales.
La menstruación anovulatoria puede deberse al estrés, cambios bruscos de peso, síndrome de ovario poliquístico (SOP) o alteraciones tiroideas. En particular, a partir de los 45 años, el equilibrio hormonal se vuelve inestable de cara a la menopausia, y una regla que siempre fue regular puede volverse repentinamente abundante. Sobre la relación entre el equilibrio hormonal y los hábitos de vida, el artículo sobre equilibrio hormonal también puede ser útil.
Causa 3 de la menorragia: adenomiosis uterina y pólipos endometriales
La adenomiosis uterina es una enfermedad en la que el tejido endometrial invade la capa muscular del útero; es más frecuente entre los 30 y los 40 años. El útero se agranda en su conjunto y provoca simultáneamente dolor menstrual intenso y menorragia. A veces es difícil distinguirla de los miomas, y se confirma mediante resonancia magnética.
Los pólipos endometriales son tumores benignos que se forman en el endometrio y pueden causar sangrado intermenstrual o menorragia. El riesgo de malignización es bajo, pero si los síntomas son importantes se extirpan mediante histeroscopia. Ambas patologías suelen detectarse con ecografía, por lo que ante una menorragia persistente es fundamental la exploración ginecológica.
La gravedad de la anemia ferropénica causada por la menorragia
El mayor riesgo de la menorragia es la anemia ferropénica. La pérdida mensual de grandes cantidades de sangre agota las reservas de hierro (ferritina) y la síntesis de hemoglobina no puede seguir el ritmo. Se estima que alrededor del 40 % de las mujeres japonesas presentan un déficit de hierro latente, y en las mujeres con menorragia la proporción es aún mayor.
Los síntomas de la anemia ferropénica son variados: fatiga, falta de concentración, taquicardia, dificultad para respirar, deformación de las uñas (uñas en cuchara) o deseo compulsivo de comer hielo (pagofagia). No es raro que detrás de un «cansancio difuso» o una «falta de motivación» se esconda un déficit de hierro. Para más información sobre el impacto y las soluciones del déficit de hierro, consulta el artículo sobre déficit de hierro.
Cuándo consultar y qué pruebas se realizan
Se recomienda encarecidamente acudir al ginecólogo si se cumple alguno de los siguientes criterios: la compresa diurna no dura 1 hora durante 2 o más ciclos consecutivos; se expulsan coágulos de 2,5 cm o más con frecuencia; la menstruación dura más de 8 días; aparecen mareos o taquicardia asociados a la regla; o hay sangrado fuera del periodo menstrual.
En la consulta ginecológica, las pruebas básicas incluyen anamnesis, exploración y ecografía transvaginal. Un análisis de sangre permite comprobar los niveles de hemoglobina y ferritina para evaluar la presencia y gravedad de la anemia. Si es necesario, se añaden resonancia magnética o histeroscopia para descartar patología orgánica como miomas, adenomiosis o pólipos. Sobre el manejo del dolor menstrual, consulta también el artículo sobre dolor menstrual.
Opciones de tratamiento: de la farmacoterapia a la cirugía
El tratamiento de la menorragia depende de la causa y la gravedad. Entre las opciones farmacológicas destacan: anticonceptivos orales combinados (regulación hormonal), el sistema intrauterino de levonorgestrel (SIU-LNG, nombre comercial Mirena) y el ácido tranexámico (hemostático).
El SIU-LNG es un dispositivo en forma de T que se coloca en el útero y libera progesterona localmente, inhibiendo la proliferación endometrial. Tras 3-6 meses de uso, el sangrado se reduce aproximadamente un 90 %, y es considerado internacionalmente el tratamiento de primera línea para la menorragia. Su efecto dura hasta 5 años y también actúa como anticonceptivo.
Si la farmacoterapia no es suficiente o la causa es un mioma de gran tamaño, se valora la cirugía. Las opciones incluyen miomectomía (extirpación solo del mioma), cirugía histeroscópica (extirpación de pólipos o miomas submucosos) y embolización de arterias uterinas (EAU). Para profundizar en ginecología, los libros de ginecología ofrecen información detallada sobre los tratamientos actuales.
Automonitorización del sangrado menstrual en la vida diaria
Para detectar precozmente la menorragia, registrar la menstruación es muy útil. Utiliza una aplicación de seguimiento menstrual para anotar cada ciclo: volumen de sangrado (escaso, normal, abundante, muy abundante), frecuencia de cambio de compresa, presencia y tamaño de coágulos, y síntomas asociados (dolor, mareo, fatiga). Con los datos de 3 ciclos, el médico podrá hacer una valoración más precisa en la consulta.
Si usas copa menstrual, medir el volumen resulta sencillo. La capacidad habitual de una copa es de 25-30 mL; si el total en un ciclo supera los 80 mL, se cumple el criterio de menorragia. Disponer de cifras concretas transforma la vaga sensación de «creo que sangro mucho» en datos objetivos. Los libros de belleza y salud también pueden ser de utilidad.