Pareja

Afrontar la incompatibilidad de deseo sexual - Cerrar la brecha entre «querer» y «no querer»

Este artículo se lee en unos 7 minutos

La diferencia de deseo no es una «diferencia de amor»

Quien tiene más deseo siente «no me quieren», y quien tiene menos siente «me agobia que me busquen». La incompatibilidad de deseo sexual no es un problema de uno solo, sino un «desajuste» entre los dos. El deseo sexual fluctúa por hormonas, estrés, estado físico, edad y experiencias pasadas, y las diferencias individuales son grandes.

Lo importante aquí es que el nivel de deseo sexual y la profundidad del amor operan en ejes distintos. Puedes amar profundamente a tu pareja y aun así tener bajo deseo por cansancio físico o cambios hormonales. A la inversa, un deseo alto no es en sí mismo prueba de amor. Soltar la ecuación «deseo sexual = amor» es el punto de partida para afrontar la incompatibilidad.

Un error frecuente: «si no encajáis, deberíais romper»

Hay quien interpreta la incompatibilidad de deseo como una «incompatibilidad fundamental» y la considera el fin de la relación. Sin embargo, en la realidad, parejas cuyo deseo permanece perfectamente sincronizado a lo largo del tiempo son prácticamente inexistentes. El deseo fluctúa notablemente según las etapas vitales (posparto, menopausia, justo tras un cambio de trabajo, durante el cuidado de familiares), de modo que la incompatibilidad no es una «anomalía» sino un «cambio normal». El problema no es la incompatibilidad en sí, sino evitar el diálogo sobre ella.

Tres enfoques para cerrar la brecha

1. Ampliar la definición de «sexo»

Se abandona la idea fija de que relación sexual = penetración. Masajes, besos, abrazarse, tocarse con las manos: al incluir un sentido amplio de contacto sexual entre las opciones, se libera del dilema de «todo o nada». Una trampa común en las parejas es ver el sexo como «o se completa o no se hace nada». En la práctica, simplemente compartir un gradiente de contacto físico a menudo reduce significativamente la insatisfacción de ambas partes.

2. Cuidar la forma de rechazar

En lugar de «estoy cansado/a, no puedo», prueba con «hoy mi cuerpo está agotado, pero quiero estar pegado/a a ti». Ofrecer una alternativa en vez de un rechazo total reduce el dolor de quien ha tomado la iniciativa. El daño psicológico de quien es rechazado no proviene tanto de «me rechazaron la petición» como de sentir que «me rechazaron como persona». Ofrecer una alternativa transmite el mensaje «sigo deseando intimidad contigo» y suaviza la sensación de rechazo. Los libros sobre sexualidad en pareja también pueden ser de ayuda

3. Hablar periódicamente sobre «sexo»

Si se evita continuamente el tema sexual, la insatisfacción se acumula y estalla. Aunque sea una vez al mes, cread un espacio para hablar: «¿qué opinas de nuestra vida sexual últimamente?». El diálogo que supera la vergüenza protege la relación. La clave del diálogo es usar expresiones que transmitan los propios sentimientos («yo siento esto», «en estos momentos me siento solo/a») en lugar de expresiones de reproche («tú siempre», «¿por qué no quieres?»). Los libros sobre superar la falta de sexo ofrecen técnicas concretas de diálogo

Entender el deseo «reactivo» y el «espontáneo»

La investigación de la sexóloga Emily Nagoski ha popularizado la existencia de dos tipos de deseo sexual. El «espontáneo» es el tipo en el que surge el deseo sin un detonante particular. El «reactivo» es el tipo en el que el deseo nace solo tras recibir un estímulo sexual (besos, caricias, un ambiente propicio).

Se estima que aproximadamente el 75 % de los hombres son de tipo espontáneo y el 70 % de las mujeres de tipo reactivo, aunque ambos tipos existen independientemente del género. El problema surge cuando la pareja malinterpreta que «no le intereso» (de tipo espontáneo) y la de tipo reactivo se autojuzga pensando «tengo poco deseo». En realidad, las personas de tipo reactivo sienten deseo sexual plenamente cuando reciben la estimulación adecuada. Solo con entender esta diferencia, muchos casos de «incompatibilidad de deseo» se resuelven.

Una trampa: tratarlo como algo que hay que «curar»

Tratar a la persona con menos deseo como si «tuviera un problema» o «necesitara curarse» resulta contraproducente. Cuando el bajo deseo se patologiza, la persona siente presión y evita aún más el sexo. El deseo reactivo no es anormal ni un trastorno; simplemente el mecanismo por el que surge el deseo funciona de manera diferente. Pasar de «cambiar al otro» a «ajustar nuestro patrón como pareja» es esencial.

El «sexo programado» como opción

Puede que «programar el sexo» no suene romántico. Sin embargo, para parejas ocupadas, el sexo programado es una solución muy realista y eficaz.

Si no hay resistencia a planificar una cita, pero sí a planificar el sexo, es porque existe la idea de que «el sexo debería surgir de forma natural» es una creencia arraigada. Pero si al principio de la relación el sexo era frecuente, era porque había más tiempo juntos y novedad, no porque ocurriera «naturalmente». En las relaciones a largo plazo, reservar intencionadamente tiempo íntimo es indispensable para mantener la vida sexual. Se establece una «noche de pareja» semanal, se deja el móvil en otra habitación y se apaga la televisión. Aunque no se llegue al sexo, compartir tiempo íntimo tiene valor en sí mismo.

Comparación: «igualar la frecuencia» vs. «igualar la calidad»

Cuando intentan resolver la incompatibilidad de deseo, muchas parejas se centran en la «frecuencia»: cuántas veces por semana, cuántas por mes. Pero negociar solo la frecuencia no resuelve el problema de fondo. Lo que la persona con más deseo realmente quiere a menudo no son «más sesiones», sino «la sensación de que mi pareja me desea», y lo que la persona con menos deseo rechaza a menudo no es «el acto en sí», sino «la sensación de obligación». «Igualar la calidad» significa explorar formas de contacto físico que resulten agradables para ambos.

Resumen: el próximo paso

La incompatibilidad de deseo sexual se puede superar ampliando la definición de sexo (Sexo entendido en sentido amplio), cuidando la forma de rechazar y dialogando periódicamente. Ninguno de los dos tiene la culpa. Es algo que se ajusta entre los dos. El paso más pequeño que puedes dar hoy es preguntar a tu pareja: «¿cómo te has sentido últimamente con nuestra cercanía física?». Aunque no obtengas respuesta, el mero hecho de hacer la pregunta abre la puerta al diálogo.

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