Medidas prácticas para aliviar las alergias estacionales
El mecanismo de la fiebre del heno
La fiebre del heno es una reacción excesiva del sistema inmunitario. No se sabe con precisión cuántas personas la padecen en todo Japón, pero el manual de salud ambiental sobre la polinosis del Ministerio de Medio Ambiente de Japón recoge que, en una encuesta epidemiológica nacional sobre alergias nasales realizada en 2008 cuyos sujetos fueron otorrinolaringólogos y sus familiares, el 26,5 % presentaba polinosis por polen de cedro japonés y el 29,8 % algún tipo de polinosis (no se trataba de una encuesta dirigida al conjunto de la población general). En ese mismo manual, a partir de una nueva encuesta realizada unos diez años después en las mismas zonas de Tokio, se deduce que la polinosis por cedro japonés tiende a aumentar en las grandes áreas urbanas, y se señala que la contaminación del aire y el tabaquismo también influyen en el aumento de pacientes.
Por qué el sistema inmunitario confunde amigo con enemigo
El polen es, por naturaleza, una sustancia inofensiva para el cuerpo humano. Sin embargo, cuando el sistema inmunitario identifica erróneamente las proteínas del polen como invasores peligrosos, produce anticuerpos IgE en masa y libera sustancias químicas como la histamina. Esta histamina es la responsable de la mucosidad nasal, los estornudos y el picor de ojos. Una vez que el polen ha quedado memorizado como enemigo, el sistema inmunitario repite la misma reacción cada año, razón por la cual la fiebre del heno rara vez se cura por sí sola.
Medidas que no dependen excesivamente de medicamentos
Equilibrar la flora intestinal
En el intestino se concentran mecanismos relacionados con la inmunidad, y el equilibrio de las bacterias intestinales está profundamente ligado al funcionamiento inmunitario. Existen informes que han estudiado la relación entre los síntomas alérgicos y el consumo sostenido de alimentos fermentados como el yogur o el natto, pero qué bacterias resultan eficaces, y en qué medida, varía según el diseño de cada estudio. Antes que buscar una cepa concreta, da prioridad a no interrumpir el consumo de alimentos fermentados. La clave está en cuidar la flora intestinal durante todo el año, y no solo durante la temporada de polen. Los cambios en la flora intestinal tardan varias semanas, de modo que empezar con prisas cuando el polen ya está en el aire no deja tiempo para que el efecto llegue.
Gestionar el ambiente interior
Lo básico es quitarse la chaqueta en la entrada al llegar a casa para no introducir polen en el interior. Se dice que instalar un purificador de aire en el dormitorio mejora los síntomas nocturnos. La ropa se tiende en interior y para los futones se utiliza una secadora. Si necesitas abrir las ventanas, elige la primera hora de la mañana o los días de lluvia, cuando la concentración de polen es baja; incluso ventilar manteniendo cerrada la cortina visillo reduce la cantidad de polen que entra.
Alimentación y suplementos
Alimentos con propiedades antiinflamatorias
El EPA y el DHA contenidos en el pescado azul tienen un efecto antiinflamatorio, y merece la pena incorporarlos a la mesa para equilibrar el aporte de grasas. Sin embargo, no existe una referencia clara sobre cuántas raciones alivian la congestión nasal ni en qué medida. Por otro lado, la deficiencia de vitamina D agrava los síntomas alérgicos, por lo que conviene consumir setas y yema de huevo de forma consciente. Además, la quercetina, abundante en cebollas y brócoli, inhibe la liberación de histamina y está ganando atención como un alimento antihistamínico natural fácil de incorporar a la dieta diaria.
Alimentos que conviene evitar
El alcohol promueve la secreción de histamina y agrava los síntomas. Durante la temporada de polen se recomienda moderar el consumo. Los aditivos y las grasas trans de los alimentos procesados alteran el equilibrio intestinal y pueden agravar indirectamente las reacciones alérgicas. Mejorar conscientemente la calidad de la dieta, aunque sea solo durante la temporada, ayuda a mantener los síntomas más leves que si se depende exclusivamente de la medicación.
Ejercicio y alergias
El ejercicio aeróbico moderado, como caminar o practicar yoga, ayuda a regular el equilibrio inmunitario y actúa en la dirección de aliviar los síntomas de la fiebre del heno. Sin embargo, hacer ejercicio intenso al aire libre durante las horas de máxima concentración de polen aumenta el volumen respiratorio y la cantidad de polen inhalado, produciendo el efecto contrario. Lo prudente es hacer ejercicio al aire libre a primera hora de la mañana o el día después de la lluvia, cuando hay poco polen, o bien utilizar gimnasios y piscinas cubiertas.
Ideas erróneas comunes
Existe la creencia de que la alergia es constitucional y que nada se puede hacer, pero la intensidad de los síntomas varía con la mejora de los hábitos de vida. Por el contrario, depositar una esperanza excesiva en un solo alimento, pensando que basta con comer yogur para curarse, es igualmente un error. Combinar varios enfoques, es decir, la alimentación, el ambiente interior, la medicación y los hábitos de ejercicio, es lo que permite un control global de los síntomas.
Aumento de las alergias infantiles
Las tasas de fiebre del heno entre los niños en edad escolar han ido en aumento. Entre los factores se encuentran la sensibilización temprana a los ácaros del polvo y el moho en viviendas modernas herméticas, y un entrenamiento inmunitario insuficiente por la reducción del juego al aire libre. Como los niños tienen dificultad para verbalizar sus síntomas, si se frotan la nariz o los ojos de forma persistente conviene consultar pronto al otorrinolaringólogo.
Medidas preventivas antes de la temporada
Según el manual de salud ambiental sobre la polinosis del Ministerio de Medio Ambiente, la terapia inicial consiste en empezar a tomar medicación de forma preventiva antes de que comience la dispersión del polen, o cuando los síntomas son todavía muy leves, con el objetivo de retrasar el momento en que aparecen los síntomas o de hacerlos más leves. Como el momento de la primera toma y el tipo de medicamento cambian según la previsión de dispersión y según los síntomas de cada persona, lo más seguro es consultar en otorrinolaringología u oftalmología antes de que comience la dispersión y conseguir que te receten la medicación adecuada para ti. La terapia inicial tiene además la ventaja de que los síntomas difícilmente se agravan los días en que olvidas tomar el medicamento.
Asimismo, se conoce como método sencillo aplicar una fina capa de vaselina en la entrada de las fosas nasales antes de que el polen empiece a dispersarse con intensidad, ya que impide físicamente que las partículas se adhieran directamente a la mucosa. Un sueño suficiente es imprescindible para regular el equilibrio inmunitario, y cuando la falta de sueño se prolonga las reacciones alérgicas se amplifican con mayor facilidad. El uso de productos para mejorar el descanso también resulta de ayuda.
Puntos clave de este artículo
La fiebre del heno es un problema cercano para muchísimas personas; consumir alimentos fermentados durante todo el año para cuidar el intestino es la base; la gestión del ambiente interior y el uso de purificadores de aire facilitan aliviar los síntomas nocturnos; y conviene acudir a la consulta antes de que comience la dispersión para hablar de la terapia inicial. Con la medicación y los hábitos de vida como las dos ruedas, afrontemos la temporada de polen con algo más de tranquilidad.