No dejarse aplastar por la sobrecarga informativa - Cómo relacionarse con la información en la era digital
El mecanismo por el que el exceso de información agota el cerebro
La cantidad de información que nos llega se ha ampliado de forma acelerada en las últimas décadas. Un estudio de estimación publicado en 2011 rastreó el volumen de información en circulación entre 1986 y 2007 y calculó cuánta información se envió al mundo a través de la radiodifusión en 2007. En el comunicado de la universidad que presentó ese estudio se explicó que esa cantidad equivalía a que una persona leyera 174 periódicos cada día. Las notificaciones del smartphone, el timeline de las redes sociales, los avisos push de las aplicaciones de noticias: todo ello reclama la atención sin descanso e impone una carga excesiva a la corteza prefrontal del cerebro.
La corteza prefrontal es el área encargada de la toma de decisiones, el control de la atención y la memoria de trabajo. Cada vez que repites la tarea de seleccionar y descartar información consumes energía, y eso provoca la «fatiga de decisión» (decision fatigue). Que al caer la tarde incluso los juicios más triviales resulten pesados se debe a la acumulación de esa fatiga. La energía del cerebro es limitada, y hay una diferencia clara entre tu capacidad de juicio por la mañana y la del final del día.
Las 3 señales del exceso de información
Puedes valorar si has caído en la sobrecarga informativa mediante las siguientes señales. Primera: la sensación de que «no se te queda nada» aunque no dejes de consumir información, ese estado en el que has pasado el tiempo desplazando la pantalla y 30 minutos después no recuerdas qué has visto. Segunda: la inquietud constante de «estar perdiéndote algo» (FOMO: fear of missing out). Tercera: el estado paradójico en el que cuanto más información obtienes, más difícil te resulta decidir. Se solapa con la «paradoja de la elección», según la cual un exceso de opciones impide decidirse. Si algo de esto te suena, es momento de revisar tu relación con la información.
Malentendidos habituales y trampas
El malentendido de que «quien tiene más información va por delante»
La cantidad de información y la calidad del juicio no son proporcionales. Al contrario, un exceso de información embota el criterio. Si no puedes explicar el núcleo de una información en 3 líneas, es probable que aún no la hayas digerido. Hay una gran distancia entre «conocer» una información y «poder usarla».
El miedo a que «apagar las notificaciones te haga perder oportunidades»
Los casos en los que no reaccionar de inmediato a una notificación provoca una pérdida grave son extremadamente raros en la vida diaria de la mayoría de las personas. En cambio, cada vez que reaccionas a una notificación se rompe la concentración. En un experimento publicado en 2008, las personas a las que se interrumpía en su tarea aceleraban el ritmo para recuperar el tiempo perdido, pero a cambio se intensificaban el estrés, la sensación de apremio y la carga percibida. El impacto de la interrupción se acumula como desgaste sin aparecer en el tiempo aparente empleado. El coste de no apagar las notificaciones es mayor que el de apagarlas.
4 técnicas para filtrar la información
1. Reducir las fuentes a 3
Haz inventario de tus fuentes (aplicaciones de noticias, cuentas de redes sociales, boletines por correo) y quédate solo con las 3 que realmente aportan valor. Las fuentes que sigues «por si acaso» son casi con seguridad ruido. Cuanta más información manejas, menos margen te queda para examinar cada elemento. El primer paso de la organización de la información no es aumentar, sino reducir.
2. Fijar las franjas de consumo de información
Limita a 2 veces al día (por ejemplo, mañana y tarde) los momentos en los que consultas noticias y redes sociales. Fuera de esas franjas, apaga las notificaciones y aléjate de la información de forma consciente. Lo importante es convertir la información de algo «que llega sola» en algo «que vas a buscar». Esto se denomina consumo «de tipo pull», y evita que la información que se abalanza sobre ti de forma pasiva te lleve de un lado a otro.
3. Aplicar la regla de los 2 minutos
Cuando te encuentres con información nueva, decide en menos de 2 minutos si «esto le hace falta a quien soy ahora». Lo que no puedas decidir es información que no necesitas. El hábito de acumular cosas en una carpeta de pendientes solo acelera la sobrecarga. Si tu lista de «leer después» supera los 100 elementos, esa es información que no vas a leer. Bórrala sin remordimientos.
4. Consumir información pensando en producir algo
Cuando pones «explicárselo a alguien» o «resumirlo en notas» como premisa, la selección de la información se vuelve naturalmente más estricta. Al pasar del consumo pasivo de información a su uso activo, solo queda la información que de verdad necesitas. Basta con «escribir en una frase lo aprendido hoy» al final del día para que la retención cambie de forma notable.
La práctica del minimalismo digital
Quitar las aplicaciones de redes sociales de la pantalla de inicio del móvil, dejar las notificaciones en el mínimo imprescindible, no llevar el teléfono al dormitorio. Estos pequeños ajustes del entorno contribuyen mucho a liberarse del exceso de información.
Lo importante no es bloquear la información por completo, sino recuperar la sensación de que eres tú quien la controla. Pasar de ser quien es arrastrado por la información a ser quien la elige. Esa recuperación de la iniciativa es la que genera holgura mental.
El siguiente paso
El exceso de información no es el destino inevitable de la vida moderna, sino un problema abordable. Reduce las fuentes, fija los horarios de consumo y consume pensando en producir algo. Solo con mantener estos 3 hábitos, la carga que soporta el cerebro se aligera de forma constante. Empieza hoy: abre los ajustes de notificaciones del móvil y deja solo las que de verdad necesitas. En lugar de ahogarte en el mar de la información, adquiere la técnica de elegir únicamente las olas que merece la pena surfear.