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Efecto Pigmalión

Fenómeno por el cual las expectativas depositadas en otra persona mejoran su rendimiento real. Demostrado en el experimento de aula de Robert Rosenthal y Lenore Jacobson, este efecto se basa en el mecanismo de la profecía autocumplida: las expectativas modifican el comportamiento y el comportamiento modifica los resultados.

El experimento de aula de Rosenthal - Las expectativas crean la realidad

En 1968, el psicólogo Robert Rosenthal y la directora de escuela Lenore Jacobson publicaron un experimento que pasaría a la historia de la educación. En una escuela primaria de San Francisco, entregaron a los profesores una lista de «alumnos que, según un test de inteligencia, experimentarían un gran desarrollo». Sin embargo, en realidad los alumnos de esa lista habían sido seleccionados al azar. Ocho meses después, los alumnos de la lista habían mejorado significativamente sus puntuaciones en tests de CI. Las expectativas de los profesores habían modificado inconscientemente su forma de tratar a esos alumnos - más atención, una actitud más cálida, tareas más desafiantes, retroalimentación más cuidadosa - y esto había impulsado la motivación y el rendimiento de los estudiantes. El experimento fue bautizado como «efecto Pigmalión», en referencia al mito griego del rey Pigmalión, que se enamoró de una escultura que él mismo había tallado y que cobró vida.

Cuatro vías por las que las expectativas modifican el comportamiento

En investigaciones posteriores, Rosenthal identificó cuatro vías a través de las cuales se transmiten las expectativas. Primera, el «clima»: se crea una atmósfera interpersonal más cálida y de mayor apoyo con aquellos de quienes se espera más. Segunda, el «input»: se proporcionan más oportunidades de aprendizaje y tareas más desafiantes. Tercera, el «output»: se conceden más oportunidades de participación y se espera más tiempo a que respondan. Cuarta, el «feedback»: se ofrece una retroalimentación más específica y constructiva. Es importante señalar que estas vías no son manipuladas conscientemente por el profesor, sino que las expectativas se transmiten automáticamente a través de la comunicación no verbal y cambios sutiles en el comportamiento. Los metaanálisis de Rosenthal demostraron que este efecto se reproduce no solo en el ámbito educativo, sino también en el entrenamiento militar, la gestión empresarial y la psicoterapia.

El efecto Golem - Las bajas expectativas reprimen la capacidad

La cara opuesta del efecto Pigmalión es el efecto Golem: el fenómeno por el cual el rendimiento de una persona disminuye realmente cuando se depositan en ella expectativas bajas. Su nombre proviene del golem de la leyenda judía, una figura de barro que solo obedece órdenes. La investigación de Dov Eden y Abraham Shani demostró que, en el entrenamiento del ejército israelí, el grupo de soldados sobre los que se había dicho a los comandantes que «tenían poca capacidad» obtenía efectivamente peores resultados. La capacidad de los soldados había sido asignada aleatoriamente y no existía diferencia real de aptitud. El efecto Golem es especialmente grave en el ámbito educativo. Cuando un profesor tiene bajas expectativas sobre un alumno, la interacción con ese alumno disminuye, no se le asignan tareas desafiantes y, como resultado, su potencial no se desarrolla, reforzando el sesgo de confirmación de que «efectivamente tenía poca capacidad».

Utilizar conscientemente el poder de las expectativas

Los hallazgos sobre el efecto Pigmalión ofrecen implicaciones prácticas para la educación, la crianza y la gestión. Lo importante no es un optimismo infundado, sino mantener expectativas que crean en el potencial del otro y que vayan acompañadas de acciones concretas de apoyo. J. Sterling Livingston argumentó en un artículo de Harvard Business Review que los buenos directivos se diferencian de los mediocres no solo en transmitir altas expectativas a sus subordinados, sino en proporcionar el apoyo concreto necesario para alcanzarlas. En la crianza, el efecto Pigmalión solo funciona cuando las palabras «tú puedes» van acompañadas de un nivel adecuado de dificultad en las tareas y una retroalimentación específica. Lo mismo se aplica a uno mismo: elevar conscientemente el nivel de autoexpectativa y elaborar un plan de acción acorde es la clave para activar la profecía autocumplida en una dirección positiva.

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