Trabajo

Productividad

Capacidad de maximizar los resultados con tiempo y recursos limitados. Irónicamente, el propio esfuerzo por aumentar la productividad atrae nuevas tareas y perpetúa la sensación de estar siempre ocupado: la «paradoja de la eficiencia», señalada tanto desde la economía como desde la psicología.

La ley de Parkinson y la expansión del tiempo

La ley formulada en 1955 por el historiador británico Cyril Northcote Parkinson - «el trabajo se expande hasta llenar todo el tiempo disponible para su realización» - apunta a un problema esencial de la productividad. Si el plazo es de una semana, se tarda una semana; si es de tres días, se termina en tres. Esto no es cuestión de pereza, sino un mecanismo por el cual la cognición humana ajusta inconscientemente la complejidad de la tarea al tiempo disponible. Factores de «expansión» como la revisión perfeccionista, las reuniones innecesarias o la preparación excesiva proliferan especialmente cuando hay holgura temporal. Quizá el primer paso para mejorar la productividad no sea aumentar el tiempo disponible, sino imponer restricciones de forma deliberada.

Trabajo profundo y la economía de la atención

Cal Newport, profesor de la Universidad de Georgetown, sostiene que el «trabajo profundo» - la concentración ininterrumpida en tareas cognitivamente exigentes - es el recurso más escaso y valioso del trabajador del conocimiento. Sin embargo, el entorno laboral moderno destruye sistemáticamente el trabajo profundo mediante correos electrónicos, mensajería instantánea y reuniones. La investigación de Gloria Mark, de la Universidad de California, muestra que un trabajador de oficina es interrumpido en promedio cada 11 minutos y que, tras una interrupción, se necesitan de media 25 minutos para volver plenamente a la tarea original. Es decir, la mayor parte del día se consume en «recuperarse de las interrupciones». El problema de la productividad no reside en la fuerza de voluntad individual, sino en el diseño de un entorno que compite por nuestra atención.

La trampa de la productividad - la paradoja de que la eficiencia genera más ocupación

La paradoja que el economista Jevons señaló en el siglo XIX - «cuando aumenta la eficiencia, aumenta el consumo» - se aplica directamente a la productividad personal. Si se procesan los correos más rápido, llegan más correos. Si se completan las tareas con mayor eficiencia, nuevas tareas llenan el tiempo liberado. Oliver Burkeman analiza con agudeza esta «trampa de la eficiencia» en su libro «Cuatro mil semanas» (Four Thousand Weeks). Cuando aumentar la productividad se convierte en un fin en sí mismo, la vida se transforma en una máquina interminable de procesar tareas. La verdadera cuestión no es «cómo hacer más», sino «qué decidir no hacer».

La productividad del descanso

Lo que más se pasa por alto en el debate sobre la productividad es el valor productivo del descanso en sí mismo. Alex Soojung-Kim Pang muestra en «Descanso» (Rest) que muchos de los grandes científicos y escritores de la historia dedicaban solo 4-5 horas diarias al trabajo intelectual concentrado. Darwin escribía solo 3 horas por la mañana y dedicaba el resto del día a pasear y dormir la siesta. Esto no era pereza, sino que durante el tiempo de descanso, cuando se activa la red neuronal por defecto, se producen la integración inconsciente de información y las intuiciones creativas. Para maximizar la productividad no hay que aumentar las horas de trabajo, sino optimizar el ritmo entre concentración y recuperación.

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