Relaciones

Soledad

Sensación subjetiva de sentirse solo incluso estando rodeado de personas. A diferencia del aislamiento físico, surge de la percepción de que la calidad o profundidad de las conexiones es insuficiente.

Qué es la soledad

La soledad es un dolor subjetivo que surge cuando existe una brecha entre las relaciones humanas que deseamos y las que realmente tenemos. Vivir solo no implica necesariamente sentirse solo, y es posible experimentar una profunda soledad estando rodeado de multitudes. Lo importante no es «si hay alguien cerca», sino «si sentimos que existe una conexión genuina». Aunque estemos conectados con cientos de personas en redes sociales, si no tenemos a nadie con quien hablar con sinceridad, la soledad no desaparece.

La soledad es una emoción natural para el ser humano y, desde una perspectiva evolutiva, ha funcionado como una señal de peligro que indica «estás separado del grupo». Del mismo modo que el hambre es una señal de «busca alimento», la soledad es una señal de «busca conexión». El problema surge cuando esta señal se cronifica y, en lugar de impulsar la búsqueda de vínculos, conduce al aislamiento o a la autonegación.

Cuando la soledad se prolonga

Las investigaciones demuestran que la soledad crónica tiene efectos graves sobre la salud física y mental. Deterioro de la función inmunitaria, empeoramiento de la calidad del sueño, aumento del riesgo cardiovascular: se ha llegado a afirmar que su impacto equivale a fumar 15 cigarrillos al día. Además, cuanto más intensa es la soledad, más tendemos a interpretar negativamente las palabras y acciones de los demás, generando un círculo vicioso en el que relacionarse con otros se vuelve aterrador. La creencia de «a nadie le importo» termina rechazando las manos que se nos tienden.

Cómo afrontar la soledad

El primer paso para aliviar la soledad es no avergonzarse de sentirla. La soledad es una emoción perfectamente normal y no hay nada malo en experimentarla. A partir de ahí, conviene centrar la atención no en la «cantidad» sino en la «calidad» de las relaciones. Basta con tener una sola persona que escuche sin juzgar para que la soledad se alivie considerablemente. Además, dar pequeños pasos por iniciativa propia - saludar, expresar gratitud, prestar atención a lo que alguien cuenta - son actos cotidianos que poco a poco restauran la sensación de conexión.

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