Entender el consentimiento sexual - «No dijo que no» no es consentimiento
El consentimiento es un «SÍ activo»
El consentimiento sexual no es el silencio ni la ausencia de resistencia, sino una manifestación clara y activa de la voluntad de «querer hacerlo». Estar ebrio/a, tener sueño, no poder negarse por miedo, no poder oponerse por una relación de poder: un «SÍ» en estas circunstancias no es consentimiento. El consentimiento se da en una relación de igualdad y puede retirarse en cualquier momento.
Lo importante aquí es que el consentimiento no es un «permiso único», sino un «proceso continuo». Haber consentido a un acto no implica consentimiento automático a otro diferente. Consentir un beso no significa consentir todo lo que viene después. Difuminar esta distinción es el punto de partida de muchos conflictos.
3 claves para practicar el consentimiento
1. Confirmar con palabras
«Se entiende por el ambiente» es una suposición peligrosa. «¿Puedo hacer esto?», «¿te gusta?», «¿sigo?». Confirmar con palabras no rompe el momento, sino que demuestra respeto hacia la otra persona. De hecho, no son pocas las personas que sienten «me alegra que me lo preguntes». La confirmación verbal fortalece la confianza y, como resultado, profundiza la intimidad.
2. Partir de la premisa de que se puede parar en cualquier momento
Haber dado consentimiento una vez no obliga a continuar hasta el final. Si en medio del acto alguien dice «prefiero parar», se detiene inmediatamente. Esta es la base del consentimiento. Quien se detiene no debe sentir culpa, y quien es detenido/a no debe expresar enfado o frustración. Precisamente porque existe la seguridad de que «se puede parar en cualquier momento», el primer «SÍ» se convierte en un consentimiento auténtico. Los libros sobre consentimiento sexual (en Amazon) también son una referencia útil.
3. Leer las señales no verbales de la otra persona
El cuerpo se tensa, no mantiene contacto visual, las reacciones son mínimas. Aunque verbalmente diga «está bien», el cuerpo puede estar emitiendo señales de rechazo. En psicología existe un fenómeno llamado «respuesta de congelación»: un estado en el que el cuerpo se paraliza por miedo o sorpresa y no se puede emitir sonido. Si se conoce esta reacción, se comprende lo peligrosa que es la interpretación de «no se resistió = consintió». Si sientes algo extraño, detente y confirma.
Las trampas del consentimiento en relaciones de larga duración
No son pocas las personas que consideran que por «estar en pareja» o «estar casados» se puede omitir la confirmación del consentimiento. Sin embargo, esto es un malentendido grave. La duración de la relación o el vínculo matrimonial no implican un consentimiento global a los actos sexuales. Precisamente en las relaciones de larga duración es importante la actitud de confirmar cada vez el estado físico, el ánimo y la voluntad de la otra persona.
De hecho, los agresores sexuales más frecuentes no son desconocidos, sino parejas o exparejas. Según una encuesta del Gabinete del Gobierno japonés, aproximadamente la mitad de las víctimas de relaciones sexuales forzadas lo fueron a manos de su pareja sentimental o cónyuge. La suposición de que «como somos cercanos no hay problema» es el principal factor que difumina los límites del consentimiento. Los libros sobre relaciones de pareja también están disponibles en Amazon.
Alcohol y capacidad de consentimiento
Las situaciones con alcohol son una de las circunstancias donde la evaluación del consentimiento se vuelve más difícil. El alcohol reduce la capacidad de juicio y anula la capacidad de expresar la voluntad. Aunque la expresión «por el impulso del alcohol» se usa a la ligera, el «consentimiento» obtenido de una persona en estado de embriaguez severa no se reconoce como tal ni legal ni éticamente.
El problema radica en la dificultad de trazar la línea de «qué grado de embriaguez permite la capacidad de consentir». No existe un criterio claro, pero como principio, la decisión más segura es «evitar los actos sexuales si la otra persona está ebria». Una situación en la que a la mañana siguiente alguien dice «no me acuerdo» sugiere fuertemente que el consentimiento no se había establecido.
Reforma del Código Penal de 2023 - Creación del «delito de relación sexual sin consentimiento»
La reforma del Código Penal que entró en vigor en julio de 2023 cambió radicalmente la regulación de los delitos sexuales en Japón. El cambio más significativo fue la transformación del anterior «delito de relación sexual forzada» en el «delito de relación sexual sin consentimiento».
Antes de la reforma, para que se constituyera un delito sexual se requería «violencia o intimidación». Es decir, sin una violencia física o amenaza tal que la víctima no pudiera resistirse, era extremadamente difícil probar el delito. Este requisito fue criticado durante años porque situaciones como la parálisis por miedo o la imposibilidad de negarse por la relación de poder con un superior o profesor quedaban desprotegidas legalmente.
Tras la reforma, se castigan los actos sexuales realizados poniendo a la persona en un «estado en el que le resulta difícil formar, expresar o hacer valer su voluntad de no consentir», o aprovechándose de dicho estado. Concretamente, además de la violencia e intimidación, se han tipificado explícitamente 8 categorías que incluyen: la influencia del alcohol o drogas, la respuesta de congelación, la influencia basada en posición o relación, y el desequilibrio de poder económico o social.
Esta reforma está en consonancia con las tendencias internacionales. Suecia promulgó en 2018 una ley que exige el «consentimiento activo», y en el Reino Unido se aplica el criterio de «si una persona razonable creería que existía consentimiento». La reforma japonesa no adopta exactamente el «modelo de consentimiento activo», pero supone un gran avance al reconocer ampliamente las situaciones en las que la víctima no pudo decir «NO».
Integrar el «consentimiento» en la relación cotidiana
El concepto de consentimiento sexual no se limita al dormitorio. También en el contacto físico cotidiano (abrazos, palmadas en el hombro, tocar el pelo), el hábito de confirmar el consentimiento de la otra persona es la base de unas relaciones humanas sanas.
Lo mismo se aplica a los niños. En lugar de obligar con un «dale un beso al abuelo», ofrecer opciones: «¿quieres darle un beso al abuelo? ¿Prefieres chocar los cinco? ¿O saludar con la mano?». Enseñar desde la infancia que «mi cuerpo es mío» y que «está bien rechazar lo que no quiero» cultiva un sentido saludable del consentimiento para el futuro. La cultura del consentimiento debe practicarse en todos los ámbitos de la vida cotidiana, no solo en la educación sexual.
Conclusión
El consentimiento sexual implica confirmar con palabras, partir de la premisa de que se puede parar en cualquier momento y prestar atención a las señales no verbales. Incluso en relaciones de larga duración no se debe descuidar la confirmación cada vez, y en situaciones con alcohol se debe actuar con cautela. La reforma del Código Penal de 2023 dio un gran paso hacia la protección legal de las situaciones en las que no se pudo decir «NO». Una relación sexual con consentimiento profundiza la confianza y la intimidad entre ambos.