Alimentación

Cómo dejar de darte atracones por la noche - Causas y soluciones para la sobreingesta nocturna

Este artículo se lee en unos 10 minutos

Los atracones nocturnos no son un problema de voluntad

Durante el día controlas tu alimentación, pero por la noche acabas frente al frigorífico. Abres una bolsa de snacks y no paras hasta terminarla. No son pocas las personas que se identifican con esta experiencia. La sobreingesta nocturna suele descartarse como «falta de voluntad», pero en realidad intervienen múltiples mecanismos fisiológicos.

Las hormonas que regulan el apetito humano fluctúan a lo largo del día. La leptina, que suprime el apetito, disminuye su secreción por la noche, mientras que la grelina, que estimula el apetito, aumenta desde la tarde hasta la noche. Es decir, que el apetito aumente por la noche es un fenómeno biológicamente natural. El problema surge cuando este aumento natural del apetito se combina con el estrés moderno y los hábitos de vida, derivando en una sobreingesta incontrolable.

3 factores que provocan la sobreingesta nocturna

El primer factor es la restricción alimentaria durante el día. Saltarse el desayuno o reducir drásticamente el almuerzo para hacer dieta provoca atracones reactivos por la noche. El cuerpo intenta recuperar por la noche las calorías que le faltaron durante el día, por lo que tras la cena aparece un hambre intensa.

El segundo factor es el estrés. El cortisol (hormona del estrés) aumenta el deseo de alimentos hipercalóricos. Después de cargar todo el día con el estrés del trabajo o las relaciones personales, cuando la tensión se libera por la noche, el cerebro busca comida como recompensa rápida. Que apetezcas especialmente dulces y grasas se debe a que estos alimentos liberan dopamina y alivian temporalmente el estrés.

El tercer factor es la falta de sueño. Cuando se duerme menos de 6 horas, aumenta la secreción de grelina y disminuye la de leptina. Además, la función de la corteza prefrontal se reduce, debilitando la capacidad de inhibir conductas alimentarias impulsivas. Cuanto más trasnoches, más oportunidades de picar innecesariamente: es una consecuencia lógica.

La relación entre la sobreingesta nocturna y las emociones

Detrás de los atracones nocturnos suelen esconderse factores emocionales. Durante el día reprimes tus emociones ocupándote del trabajo y las tareas domésticas, pero cuando llega la noche y tienes tiempo a solas, las emociones reprimidas salen a la superficie. Soledad, aburrimiento, ansiedad, enfado. Intentar aliviar estas emociones comiendo es lo que se conoce como ingesta emocional.

La característica de la ingesta emocional es que las ganas de comer aparecen sin relación con el hambre real. El estómago está lleno pero el impulso de «quiero comer algo» no se detiene. Mientras comes te sientes temporalmente mejor, pero después te invade una fuerte culpa y autodesprecio. Esta culpa genera más estrés, que a su vez provoca más sobreingesta al día siguiente, creando un círculo vicioso.

Distinguir si tu sobreingesta se debe a hambre física o emocional es el primer paso para abordarla. Cuando sientas ganas de comer, pregúntate: «¿Tengo realmente hambre ahora?». Si la respuesta es «no», necesitas gestionar tus emociones de formas que no impliquen comida.

Diseña tu alimentación diurna para prevenir los atracones nocturnos

El método más eficaz para prevenir la sobreingesta nocturna es alimentarse adecuadamente durante el día. Estudios demuestran que incluir al menos 20 g de proteína en el desayuno estabiliza el apetito a lo largo de todo el día. Dos huevos, yogur griego o legumbres son fuentes de proteína accesibles. (Incluir al menos 20 g de proteína en el desayuno estabiliza el apetito durante todo el día)

No saltarse el almuerzo también es importante. Cuando el intervalo entre el almuerzo y la cena supera las 7 horas, la glucemia cae bruscamente a la hora de cenar, aumentando el riesgo de atracón. Si el intervalo va a ser largo, tomar un tentempié ligero como frutos secos o queso sobre las 15:00 previene las fluctuaciones bruscas de glucemia.

En la cena, incluye conscientemente fibra y proteína. Estos nutrientes tardan más en digerirse, por lo que la sensación de saciedad dura más. Solo con sustituir el arroz blanco por arroz integral o el pan blanco por pan integral, el pico de glucemia postprandial se suaviza y el hambre nocturna se reduce.

Cambiar el entorno nocturno reduce los atracones

Gran parte de la sobreingesta nocturna se ha consolidado como «hábito». Picar snacks viendo la televisión, alargar la mano hacia el chocolate al sentarte en el sofá. Para romper estos patrones de conducta, cambiar el entorno es lo más eficaz.

En primer lugar, no tengas alimentos hipercalóricos al alcance de la mano. Si no los compras, no puedes comerlos impulsivamente. Los dulces que compras pensando «los comeré después» desaparecen casi con total seguridad esa misma noche. No comprarlos es la mejor estrategia.

También es útil cambiar conscientemente cómo pasas el tiempo después de cenar. Lavarte los dientes justo después de cenar, bañarte, salir a pasear: incorpora acciones no relacionadas con la comida a tu rutina poscena. Se trata de sobrescribir con nuevos hábitos el patrón que tu cerebro reconoce como «después de cenar = hora de picar».

Qué hacer cuando llega el impulso de darte un atracón

Por muchas medidas que tomes, el impulso de comer en exceso nunca desaparecerá por completo. Es importante tener preparadas estrategias para cuando llegue el impulso.

El método más sencillo es la «regla de los 10 minutos». Cuando sientas ganas de comer, espera solo 10 minutos. Durante ese tiempo, bebe un vaso de agua, haz 5 respiraciones profundas, da una vuelta por la habitación. El impulso de comer llega como una ola, pero su pico suele pasar en 10-15 minutos. En lugar de ceder inmediatamente al impulso, practica esperar a que la ola se retire.

Si aun así quieres comer, elige comer sin culpa. El autocastigo de «soy un desastre por haber comido» provoca más atracones al día siguiente. Si vas a comer, apaga la televisión, siéntate a la mesa y saborea cada bocado. Comer con atención plena te permite sentirte satisfecho con menos cantidad.

Mejorar el sueño es clave para cortar los atracones

La sobreingesta nocturna y la calidad del sueño están estrechamente relacionadas. Cuanto más tarde te acuestes, más oportunidades de picar innecesariamente. Entre alguien que se acuesta a las 23:00 y alguien que lo hace a la 1:00, la diferencia en calorías consumidas por la noche es notable. (Reducir el uso de pantallas 2 horas antes de acostarse es lo ideal para mejorar el sueño)

Para mejorar la calidad del sueño, lo ideal es reducir el uso del móvil y el ordenador 2 horas antes de acostarse. La luz azul inhibe la secreción de melatonina y dificulta conciliar el sueño. Si te cuesta dormirte, es más fácil sentir hambre en la cama, y acabas levantándote a comer.

También hay que prestar atención a la hora de consumir cafeína. La vida media de la cafeína es de unas 5-6 horas. El café después de las 15:00 reduce con certeza la calidad del sueño. Para combatir la somnolencia vespertina, prueba un paseo corto o lavarte la cara con agua fría en lugar de recurrir a la cafeína.

Cuándo consultar a un profesional

Si la sobreingesta nocturna ocurre 3 o más veces por semana durante más de 3 meses, podría tratarse del Síndrome de Ingesta Nocturna (Night Eating Syndrome) o del Trastorno por Atracón (Binge Eating Disorder). Son trastornos para los que el tratamiento médico es eficaz, y no es necesario intentar resolverlos solo con fuerza de voluntad.

Si tras los atracones recurres a conductas compensatorias como el vómito o el uso de laxantes, acude a un centro médico sin demora. En los trastornos alimentarios, la intervención temprana es clave para la recuperación. En las consultas de psiquiatría o las unidades especializadas en trastornos alimentarios se aplican tratamientos que combinan terapia cognitivo-conductual y orientación nutricional.

Los atracones nocturnos son un mensaje que te envían tu cuerpo y tu mente. No comes lo suficiente durante el día, no tienes forma de liberar el estrés, no duermes lo bastante. Mirar la causa real que se esconde tras el síntoma de la sobreingesta es el camino hacia una solución de raíz. En lugar de culparte, escucha lo que tu cuerpo te dice.

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