Relaciones

Pistas para detectar el gaslighting - Dentro de una relación que te hace dudar de tu memoria

Este artículo se lee en unos 8 minutos Redacción y gestión: Kokomori

Cuando dejas de confiar en tu propia memoria

La otra persona dice: yo nunca dije eso. En tu memoria hay algo que sí se dijo, y que se dijo con toda claridad. Sin embargo ella pone cara de sorpresa. Cuando ese intercambio se repite muchas veces, empieza a parecerte que la memoria equivocada es la tuya.

O te repiten que te preocupas por todo, que te has vuelto irritable, hasta que llegas a pensar que lo anómalo es tu manera de sentir. Antes de comprobar nada con la otra persona, ya has empezado a dudar de ti.

La primera dificultad que encuentra quien está en ese estado, conocido como Gaslighting, es que el instrumento mismo de la valoración se ha vuelto inestable. Para saber qué está ocurriendo hace falta tu propia percepción, y la confianza en esa percepción está dañada.

No decidir por la forma de decir las cosas

Las explicaciones sobre esta situación suelen enumerar los rasgos de lo que la otra persona dice y hace. Pero intentar decidir por la coincidencia con esos rasgos lleva a un callejón sin salida.

Hay dos razones.

La primera es que las mismas palabras aparecen en contextos distintos. Yo nunca dije eso también lo dice quien de verdad no lo dijo. La memoria humana se reescribe, de modo que dos personas sostengan de buena fe recuerdos diferentes es algo que ocurre con normalidad.

La segunda es que el único material del que dispones para valorar es tu propia memoria. Contrastar una lista de rasgos con lo que has vivido no aumenta la certeza mientras el recuerdo de esa vivencia esté él mismo inestable.

Por eso la valoración se sostiene mejor sobre un registro, que es material exterior a ti, que sobre la clasificación de las formas de hablar.

El registro como apoyo fuera de uno mismo

El procedimiento es simple. Anotar los hechos en el momento en que ocurren.

Lo que se escribe se limita a cuatro cosas. La fecha y la hora. Quién estaba presente. Qué se te dijo, con las palabras textuales en la medida de lo posible. Y cómo te sentiste entonces.

No se escriben interpretaciones. Si mezclas valoraciones del tipo esto es horrible o esto es dominante, al releerlo lo que entra primero por los ojos es la valoración, y entonces ya no puedes comprobar los hechos.

El registro cumple tres funciones.

La primera, detiene el vaivén de la memoria. Aunque después te digan que nunca se dijo tal cosa, lo que escribiste está ahí. No funciona para convencer a la otra persona, sino para sostener tu propia percepción.

La segunda, hace visible la frecuencia. Un hecho aislado puede ser casualidad, pero si la misma forma se repite varias veces en un mes, no lo es. Leer la forma de la acumulación da más certeza que valorar los hechos uno por uno.

La tercera, se convierte en material para explicárselo a un tercero. Cuando llega el momento de pedir ayuda, un registro transmite las cosas de manera más concreta que un relato apoyado en la memoria.

La custodia del registro exige cuidado. No lo guardes en ningún sitio donde la otra persona pueda verlo. Evita los dispositivos y las cuentas en la nube compartidos, y ponlo donde solo tú puedas abrirlo.

El criterio de no suponer la intención

Hay algo que conviene dejar decidido aquí como criterio: no convertir la cuestión de si la otra persona lo hace a propósito en una condición de tu valoración.

La presencia o ausencia de intención no se puede verificar desde fuera. Puede que alguien esté distorsionando tu percepción con mala fe. Puede también que haga lo mismo sin ninguna conciencia de ello. Y puede que el recuerdo de la otra persona sea realmente distinto del tuyo.

Lo importante es que, haya intención o no, el efecto que recae sobre ti es el mismo: no puedes confiar en tu percepción, empiezas a delegar la valoración en otros, te vas quedando aislada. Atender esos efectos puede empezar sin haber determinado qué pretendía la otra persona.

Dedicar esfuerzo a suponer la intención facilita que vuelvas a la conclusión de que, como la otra persona no es mala, la culpable serás tú. Mirar desde el lado de los efectos es lo que fija una dirección en la que avanzar.

Cómo contarlo a un tercero

Cuando se lo cuentas a alguien, hay formas que llegan mejor.

Pon la enumeración de los hechos antes de la explicación de lo que sientes. Decir que el mes pasado esto ocurrió cuatro veces permite a quien escucha entender la situación mejor que decir que lo estás pasando mal.

Y en lugar de pedir un juicio sobre ti, pregunta en forma de comprobación de un hecho: te parece que esto es algo normal. Menos que escuchar una opinión, es contrastar tu propia sensación con un criterio de fuera.

Al elegir a quién dirigirte, es más seguro evitar a las personas cercanas a ambos. Lo que cuentes puede llegar a la otra persona, y si llega la situación empeora. Elige a alguien que no comparta conocidos con ella, o bien un servicio especializado.

Los servicios públicos atienden consultas de este tipo: las líneas de atención a mujeres de la administración local, los centros de apoyo a personas que sufren violencia de su pareja, los servicios comunitarios de salud mental y los servicios de orientación jurídica gratuita. Entras en su ámbito aunque no haya violencia física.

La decisión de alejarse y dónde pedir ayuda

Alejarse o no de la relación es una decisión grande. Aquí solo se enumeran los puntos que sirven de material para tomarla.

Primero, mira tu propio estado. Si duermes, si comes, si el trabajo y la vida diaria siguen funcionando, si continúan las amistades que tenías. Si la vida de fuera de la relación se ha encogido, los efectos no se están quedando dentro de la relación.

Después, mira el movimiento en el tiempo. Si va hacia la mejora o si va empeorando. Con un registro, esta valoración se puede hacer.

Y mira si es posible hablar las cosas. Cuando transmites tu percepción, se convierte en algo que se examina, o se niega el hecho mismo de transmitirla. En el segundo caso, la vía de ajustar las cosas dentro de la relación está cerrada.

Si te alejas, puede que hagan falta preparativos económicos y asegurar un lugar donde vivir. En esta fase se puede recurrir al apoyo de los servicios públicos, así que pedir orientación antes de decidir amplía las opciones.

Y conocer las señales que conviene observar cuando el desgaste dentro de una relación se prolonga, junto con la recuperación del control ejercido con palabras, te da una idea de lo que hay al otro lado. Recobrar tu propia percepción lleva tiempo, pero con un registro queda un punto de partida.

Compartir este artículo

Compartir en X Añadir a Hatena Bookmark

Artículos relacionados

Relaciones

Cómo identificar una relación tóxica: señales de acoso moral y gaslighting, y cómo escapar

«La culpa es tuya», «yo nunca dije eso». El acoso moral y el gaslighting avanzan de forma sutil, y una de sus características es que la propia víctima difícilmente se da cuenta. Explicamos las señales concretas de una relación tóxica (como la negación de la personalidad o de los hechos) y los pasos para alejarse de forma segura, desde la recopilación de pruebas hasta la preparación económica.