Cómo reconocer las primeras señales de la presbicia - En qué se diferencia de la fatiga visual y cuál es el primer paso
Si la dificultad para ver es pasajera o persistente
El texto del móvil cuesta leerlo. Si lo alejas un poco, se lee. Al caer la tarde se vuelve especialmente borroso.
Ante estos síntomas, la primera pregunta que aparece es si ha empezado la presbicia. A mucha gente esa palabra le pesa, porque la dificultad para ver de cerca suele llegar como la primera señal concreta del envejecimiento. Sin embargo, los mismos síntomas se producen también por fatiga ocular. Muchas horas de trabajo frente a pantallas, falta de sueño, sequedad. Todos ellos crean dificultad para ver de cerca.
El abordaje de una cosa y de la otra es distinto. Si es fatiga visual, funcionan el descanso y el ajuste del entorno; si es presbicia, hacen falta medios que compensen la refracción. Por eso lo primero que conviene hacer es distinguir de cuál de las dos se trata.
Observar si cambia según la hora del día
La diferencia más fácil de reconocer es la variación a lo largo de la jornada.
La dificultad para ver que proviene de la fatiga ocular varía. Por la mañana no hay problema y al caer la tarde se acentúa. Con una pausa se alivia. En los días libres no molesta. Si esa variación es clara, el componente de la fatiga tiene un peso grande.
El cambio asociado a la edad varía menos. Tanto por la mañana como al final del día cuesta leer a la misma distancia. Aunque descanses, no se recupera. En una escala de meses, la distancia se va alejando poco a poco.
En la práctica, lo habitual es que ambas cosas estén mezcladas. Cuando la fatiga se suma a un cambio por la edad que ya ha empezado, solo al caer la tarde resulta imposible leer, de forma extrema. En ese caso hace falta abordar los dos lados.
Para observarlo, llevar un registro durante una semana aproximadamente lo hace más evidente. Mira el mismo texto a la misma distancia por la mañana y al final del día, y anota si puedes leerlo. Si la diferencia es grande, predomina el componente de la fatiga; si es pequeña, predomina el componente de la edad.
La distancia de lectura como indicador
La otra pista es la distancia a la que puedes leer.
Al mirar algo cercano, un tejido del interior del ojo llamado cristalino cambia de grosor para enfocar. El margen de esta acomodación se estrecha con la edad, y enfocar a distancias cortas resulta más difícil.
Por eso, en el cambio asociado a la edad, la distancia de lectura se aleja. El texto que antes leías a 25 centímetros no se lee hasta que lo separas 35 centímetros. Si el gesto de estirar el brazo se ha vuelto más frecuente, este cambio está ocurriendo.
Como forma de comprobarlo por tu cuenta, existe un método sencillo: acercar poco a poco el texto de un periódico o de un libro y medir la distancia a la que empieza a verse borroso. Si esa distancia se ha alejado de manera evidente respecto a antes, el margen de la acomodación se ha estrechado.
Esta medición, no obstante, cambia según el cansancio de ese día y según la luz. Es más fiable medir varias veces y observar la tendencia. Si en un sitio bien iluminado lees mejor, se debe a que la pupila se contrae y aumenta la profundidad de foco, y eso también sirve de pista que apunta al cambio asociado a la edad.
Por qué se nota antes con el móvil
Muchas personas notan la dificultad para ver antes con el móvil que con un libro. Hay tres razones.
La primera es que la distancia es corta. El móvil se tiende a sostener más cerca que un libro, y la carga sobre la acomodación es mayor.
La segunda es que las letras son pequeñas. Para asegurar la cantidad de información en la pantalla, a veces el texto está configurado en un tamaño pequeño.
La tercera es la duración del uso. Mirar de cerca de forma continuada fatiga el músculo encargado de la acomodación. Esa fatiga adelanta el cambio asociado a la edad y lo pone en primer plano.
Por tanto, la dificultad para ver con el móvil aparece tanto como primer indicio del cambio asociado a la edad como resultado de la fatiga. Si se resuelve agrandando la letra, estás en el lado de la fatiga; si aun agrandándola necesitas tomar distancia, estás en el lado de la acomodación.
Qué comprobar en la consulta oftalmológica
Antes de decidir por tu cuenta y comprar unas gafas de lectura de venta libre, vale la pena comprobarlo una vez con un oftalmólogo. La razón es que la dificultad para ver de cerca a veces se produce por otra causa.
Estos son los puntos que conviene comprobar. El estado de la refracción (si influye un cambio en la miopía o en el astigmatismo), el margen de la acomodación, el estado de la superficie del ojo (si la sequedad está creando el síntoma), y la presión intraocular junto con el estado del fondo del ojo.
En particular, cuando alguien que hasta entonces era miope siente que ve mejor de cerca, o cuando la graduación cambia de forma repentina, puede haber otra causa implicada. También existe la posibilidad de que un cambio del cristalino esté desplazando la refracción, así que comprobarlo es lo más seguro.
Además, si junto con la dificultad para ver aparecen síntomas como que falte una parte del campo visual, que las líneas rectas se vean distorsionadas o que la visión de un solo ojo empeore de golpe, acude a la consulta sin dejar pasar el tiempo. Estos pertenecen a un terreno distinto del problema de la acomodación.
La carga que supone dejarlo sin atender
Aguantar y seguir adelante con la vista de cerca deteriorada tiene efectos en el entorno.
Porque el músculo encargado de la acomodación sigue trabajando en exceso, aparecen dolor en el fondo del ojo, dolor de cabeza y tensión en los hombros y el cuello. Que la postura se descomponga al intentar ver a una distancia forzada también aumenta esta carga.
Además, la velocidad de lectura baja y el tiempo de trabajo se alarga. Al mirar durante más tiempo te cansas más, y entras en un círculo.
El abordaje consiste en compensar la refracción. Gafas de lectura, gafas o lentes de contacto progresivas, gafas específicas ajustadas a la distancia de trabajo. Como la elección adecuada varía según el uso, si ordenas antes en qué distancias del día a día tienes dificultades y lo consultas así, podrás elegir algo que encaje.
Saber cuándo empiezan los cambios oculares asociados a la edad evita que recibas la dificultad para ver de esta etapa como algo anómalo. Y las formas de reducir la fatiga ocular por el trabajo con pantallas funcionan igual de bien en quienes tienen un cambio asociado a la edad. El componente de la edad es algo que se compensa; el de la fatiga, algo que se reduce. Tratar estos dos por separado es el abordaje práctico.