Vivir con atención a los cambios estacionales
El ser humano moderno que ya no percibe las estaciones
Pasar el día en una oficina con aire acondicionado, volver a casa en metro y cenar en interiores. De pronto te das cuenta de que los cerezos ya perdieron sus flores, o de que el otoño terminó sin que lo notaras. Esta experiencia no es rara para quienes viven en ciudades. La sensación de que «el año pasó volando» está profundamente relacionada con la incapacidad de percibir los cambios estacionales.
El ser humano es, por naturaleza, un organismo que vive sincronizado con los ritmos de las estaciones. Los cambios en las horas de luz afectan la secreción de melatonina y serotonina, y las variaciones de temperatura regulan el metabolismo y la actividad física. Sin embargo, en un entorno rodeado de iluminación artificial y climatización, estos ritmos naturales quedan bloqueados. Como resultado, se producen alteraciones del reloj biológico, fluctuaciones anímicas estacionales y una sensación crónica de que «el tiempo pasa demasiado rápido». El hábito de percibir conscientemente las estaciones es una prescripción eficaz contra estos malestares propios de la vida moderna.
Efectos psicológicos de ser consciente de las estaciones
Recuperación de la percepción del tiempo
El psicólogo William James señaló que, cuando hay pocas experiencias nuevas, el tiempo se percibe como comprimido. Prestar atención a los cambios estacionales es un acto de insertar «nuevos descubrimientos» en la rutina. Aunque el camino al trabajo parezca siempre igual, el color de las hojas, la altura del cielo y la temperatura del viento cambian cada día. Al captar conscientemente estos cambios, surgen «marcas» en el flujo del tiempo y se atenúa la sensación de que el año pasa en un instante.
Una práctica natural de mindfulness
Notar los cambios estacionales es, en sí mismo, una práctica de mindfulness que dirige la atención al «aquí y ahora». Observaciones como «hoy el cielo está más azul que ayer» o «el viento trae aroma de osmanto» alejan la conciencia del arrepentimiento por el pasado o la ansiedad por el futuro, anclándola en el presente.
Despertar del sentimiento de asombro (Awe)
Los grandes cambios estacionales (cerezos en plena floración, un paisaje nevado, un cielo otoñal teñido por el atardecer) provocan lo que en psicología se denomina «asombro (awe)». Investigaciones de la Universidad de California en Berkeley han demostrado que experimentar asombro reduce el pensamiento egocéntrico y aumenta la tolerancia hacia los demás. Entrar en contacto con la grandiosidad de las estaciones tiene el efecto de relativizar las pequeñas preocupaciones cotidianas. La experiencia de que los plazos laborales o las fricciones interpersonales parecen insignificantes ante una lluvia de pétalos de cerezo o la primera nevada es algo que muchas personas conocen intuitivamente.
Cinco prácticas para notar el paso de las estaciones
1. Tener un «punto de observación fijo»
Elige un árbol en tu camino al trabajo o en tu ruta de paseo y obsérvalo cada día. Siguiendo el ciclo anual de un solo árbol (brotes, floración, verdor intenso, hojas otoñales, caída de hojas) puedes experimentar la continuidad de las estaciones. Si tomas una foto con el móvil una vez al mes, los cambios se hacen aún más evidentes.
2. Ser consciente de los alimentos de temporada
En la sección de verduras del supermercado, elige un producto de temporada cada mes e incorpóralo a tu mesa. Brotes de bambú en primavera, tomates en verano, boniatos en otoño, rábano daikon en invierno. Los alimentos de temporada tienen un sabor más intenso y mayor valor nutricional, por lo que son la forma más directa de sentir las estaciones con el cuerpo.
3. Recibir la luz de la mañana durante cinco minutos
Tras levantarte, abre la ventana y exponte al aire y la luz exterior durante cinco minutos. Las horas de luz varían unas cinco horas entre el solsticio de verano y el de invierno, y el ángulo y la temperatura de color de la luz matutina difieren en cada estación. Estos cinco minutos reinician el reloj biológico y ajustan los ritmos vitales según la estación. También es recomendable profundizar en el tema con libros sobre la vida estacional.
4. Prestar atención a los sonidos de la estación
El canto de los pájaros en primavera, las cigarras en verano, los grillos en otoño, el viento en invierno. Quítate los auriculares y dedica tres minutos a concentrarte solo en los sonidos que te rodean. El oído está más conectado con las emociones que la vista, y los sonidos estacionales evocan recuerdos que despiertan nostalgia y sensación de seguridad.
5. Incorporar los veinticuatro períodos solares a la vida cotidiana
Los veinticuatro períodos solares japoneses (Risshun, Usui, Keichitsu, etc.) son un sistema que verbaliza los cambios estacionales aproximadamente cada quince días. Registra estos períodos en el calendario de tu móvil y busca conscientemente el fenómeno natural correspondiente a cada uno. Si sabes que «Keichitsu (alrededor del 6 de marzo) es la época en que los insectos salen de la tierra», podrás sentir la estación incluso en un pequeño insecto del camino. Los libros sobre la práctica del mindfulness también ayudan a profundizar en la percepción estacional.
Resumen
Vivir con atención al paso de las estaciones aporta tres efectos psicológicos: la recuperación de la percepción del tiempo, la práctica del mindfulness y el despertar del sentimiento de asombro. A través de cinco prácticas (observación fija, alimentos de temporada, luz matutina, sonidos estacionales y los veinticuatro períodos solares) es posible recuperar el ritmo estacional bloqueado por la climatización y la iluminación artificial. Mañana, al levantarte, abre la ventana y comprueba la temperatura y el aroma del aire: ese puede ser tu primer paso.