Mentalidad

Cuando el ánimo decae en invierno - Causas del trastorno afectivo estacional (TAE) y la terapia de luz

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Que el ánimo decaiga en invierno no es «imaginación»

Cuando el otoño avanza y los días se acortan, el ánimo se vuelve pesado sin motivo aparente. No puedes levantarte por la mañana, te apetecen dulces de forma irresistible, todo te da pereza. Si estos síntomas se repiten cada año en la misma época, podría tratarse de un trastorno afectivo estacional (Seasonal Affective Disorder: SAD).

El TAE no es simplemente «melancolía invernal», sino un fenómeno biológico causado por el efecto de la reducción de horas de luz sobre los neurotransmisores cerebrales. En los países nórdicos, más del 10% de la población experimenta TAE, y en Japón la prevalencia también es mayor en las regiones de latitudes más altas. Si sientes que «cada invierno me encuentro mal», es importante entender el mecanismo antes de culparte a ti mismo.

La relación entre horas de luz y serotonina

La causa principal del TAE es la disminución de la secreción de serotonina provocada por la reducción de las horas de luz. La serotonina es un neurotransmisor implicado en la estabilidad del ánimo, la regulación del apetito y el mantenimiento del ritmo del sueño, y su síntesis requiere el estímulo de la luz. En invierno, al acortarse las horas de luz, la vía metabólica del triptófano (precursor de la serotonina) se altera y la producción de serotonina disminuye.

Al mismo tiempo, al prolongarse las horas de oscuridad, aumenta la secreción de melatonina (hormona del sueño), lo que facilita la somnolencia y el cansancio incluso durante el día. Además, el reloj biológico (ritmo circadiano) se desajusta respecto al patrón de luz, de modo que al despertar el cuerpo no logra activar el modo de vigilia, intensificando la fatiga matutina.

Síntomas típicos del TAE

Los síntomas del TAE se solapan en gran medida con los de la depresión común, pero presentan algunas diferencias características. Mientras que en la depresión habitual predominan la pérdida de apetito y el insomnio, en el TAE destacan la sobreingesta (especialmente el deseo intenso de carbohidratos) y la hipersomnia. El aumento de peso, la somnolencia diurna intensa y la pesadez en las extremidades también son rasgos típicos del TAE.

Los síntomas suelen comenzar entre octubre y noviembre y mejorar espontáneamente entre marzo y abril. Cuando este patrón estacional se repite durante dos o más años consecutivos, la probabilidad de un diagnóstico de TAE es alta. Muchas personas lo dejan pasar pensando «cuando llegue la primavera se me pasará», pero que la calidad de vida se deteriore durante varios meses cada año no es un problema menor.

Terapia de luz: el tratamiento con mayor evidencia

El tratamiento con mayor eficacia demostrada para el TAE es la terapia de luz (fototerapia). Exponerse cada mañana durante 20-30 minutos a una luz de alta intensidad de 10.000 lux estimula la secreción de serotonina y reinicia el reloj biológico. Los efectos suelen comenzar a notarse en 1-2 semanas.

El punto clave de la terapia de luz es realizarla «por la mañana». Al exponerse a la luz dentro de la primera hora tras despertar, se suprime la secreción de melatonina y se normaliza el ritmo de vigilia. La caja de luz se coloca a unos 40-60 cm de los ojos, sin necesidad de mirarla directamente. Se puede usar mientras se desayuna o se lee el periódico.

Al elegir una caja de luz comercial, comprueba que tenga una intensidad de al menos 10.000 lux, que cuente con filtro de rayos ultravioleta (UV) y que la superficie de iluminación sea suficientemente amplia. Combinar la terapia de luz con estrategias para mejorar la calidad del sueño puede potenciar los resultados.

El papel de la vitamina D y la alimentación

La reducción de las horas de luz también disminuye la síntesis de vitamina D en la piel. La vitamina D participa en la síntesis de serotonina, y las investigaciones muestran que las personas con niveles bajos de vitamina D en sangre tienen mayor riesgo de TAE.

En invierno se recomienda complementar la vitamina D mediante la alimentación o suplementos. Los alimentos ricos en vitamina D incluyen pescados grasos como el salmón, la caballa y las sardinas, la yema de huevo y las setas. Si se recurre a suplementos, la dosis habitual es de 1.000 a 2.000 UI diarias. Conocer los efectos y las medidas frente a la deficiencia de vitamina D facilita el cuidado de la salud en invierno.

Además, consumir conscientemente alimentos ricos en triptófano (plátanos, productos de soja, lácteos, frutos secos) contribuye a la estabilidad del ánimo. En lugar de ceder al deseo de carbohidratos comiendo snacks, es importante elegir carbohidratos que eviten picos de glucemia, como cereales integrales o avena.

Ejercicio y ajuste del ritmo de vida

El ejercicio aeróbico tiene el efecto de aliviar los síntomas del TAE. Caminar o correr al aire libre es especialmente eficaz porque permite obtener simultáneamente los beneficios del ejercicio y de la luz natural. Incluso en días nublados, la iluminación exterior es de 1.000 a 10.000 lux, muy superior a la iluminación interior (300-500 lux), por lo que el simple hábito de salir un rato contribuye a la mejora de los síntomas.

La regularidad del ritmo de vida también es importante. Levantarse cada día a la misma hora, exponerse a la luz por la mañana, mover el cuerpo durante el día, evitar la luz de las pantallas por la noche y acostarse temprano. Al estabilizar este ciclo, se corrige el desajuste del reloj biológico y se equilibra la relación entre serotonina y melatonina. Se recomienda no variar la hora de despertar entre días laborables y fines de semana en más de una hora, ya que dormir de más los fines de semana desajusta el reloj biológico.

Consulta profesional y opciones de tratamiento

Si la terapia de luz y los cambios en el estilo de vida no producen resultados suficientes, considera acudir a un psiquiatra. Para el TAE, los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) son eficaces, y su combinación con la terapia de luz potencia aún más los resultados.

La terapia cognitivo-conductual (TCC) también se aplica al TAE. Corrige los patrones de pensamiento negativos propios del invierno («en invierno no puedo hacer nada», «solo queda aguantar hasta la primavera») e incorpora de forma planificada actividades que se puedan disfrutar también en invierno, promoviendo la activación conductual. Dado que el TAE tiende a repetirse cada año, iniciar la terapia de luz de forma preventiva en torno a septiembre, antes de que aparezcan los síntomas, es también una estrategia eficaz.

Además, mantener conscientemente la actividad social durante el invierno también ayuda a la recuperación. Si se reduce la salida de casa por el frío y la oscuridad, la sensación de aislamiento se profundiza y los síntomas empeoran. Quedar con amigos al menos una vez por semana, participar en un grupo de aficiones: mantener los vínculos sociales estimula la secreción de serotonina y alivia los síntomas del TAE. Transformar el invierno de una «estación para aguantar» en una «estación para disfrutar con ingenio» es la clave de la prevención a largo plazo.

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