Causas de la disminución del deseo sexual en mujeres - Hormonas, estrés y relaciones
El deseo sexual femenino no es un «interruptor», sino un «dial»
Mientras que el deseo sexual masculino se asemeja a un simple interruptor de «encendido/apagado», el deseo sexual femenino funciona como un «dial» en el que intervienen múltiples factores complejos. El estado físico, la seguridad psicológica, la relación con la pareja, el entorno y el equilibrio hormonal: cuando cualquiera de estos factores se desajusta significativamente, el dial del deseo baja.
Lo importante es entender que la disminución del deseo sexual no es una «anomalía». La libido femenina fluctúa considerablemente según las etapas vitales: ciclo menstrual, embarazo, parto, lactancia y menopausia. Es más raro mantener un deseo constante; la fluctuación en sí misma es un fenómeno fisiológico normal.
El problema surge cuando la disminución del deseo causa sufrimiento personal o afecta gravemente la relación de pareja. No es «no tener deseo» lo que constituye el problema, sino «sufrir por no tener deseo».
El impacto de las hormonas en el deseo sexual
La hormona que interviene más directamente en el deseo sexual femenino es la testosterona. Aunque se conoce como hormona masculina, también se secreta en el cuerpo femenino desde las glándulas suprarrenales y los ovarios, desempeñando un papel crucial en el mantenimiento de la libido.
La secreción de testosterona alcanza su pico a finales de los veinte años y disminuye gradualmente, reduciéndose a aproximadamente la mitad alrededor de la menopausia. Esta reducción contribuye a la disminución del deseo, aunque más que el valor absoluto de testosterona, lo importante es su equilibrio con el estrógeno y la progesterona.
Los anticonceptivos orales (la píldora) también pueden afectar al deseo sexual. La píldora aumenta la SHBG (globulina fijadora de hormonas sexuales) y reduce la testosterona libre. Si el deseo disminuyó tras comenzar a tomar la píldora, vale la pena consultar con el médico sobre un cambio de tipo.
Tras el parto, el aumento de prolactina (hormona de la lactancia) y la disminución de estrógeno provocan una notable reducción del deseo sexual. Se trata de una adaptación biológica para concentrarse en el cuidado del bebé, y suele recuperarse gradualmente al finalizar la lactancia.
La relación entre estrés y deseo sexual
El estrés crónico es el mayor enemigo del deseo sexual. Comprender los mecanismos por los que el estrés suprime la libido facilita la búsqueda de soluciones. Cuando el cortisol (hormona del estrés) se mantiene crónicamente elevado, el cuerpo entra en «modo supervivencia» y reduce la prioridad de las funciones reproductivas.
El estrés psicológico actúa de forma similar. La presión laboral, la carga de las tareas domésticas y la crianza, los conflictos interpersonales y la ansiedad económica: cuando estos pensamientos ocupan la mente, la sensibilidad a los estímulos sexuales disminuye. La sensación de «tengo la cabeza demasiado llena para pensar en eso» refleja que los recursos cerebrales están dedicados a gestionar el estrés.
La falta de sueño también es una forma de estrés. La privación crónica de sueño eleva el cortisol, reduce la testosterona y empeora el estado de ánimo. Si se busca recuperar el deseo sexual, asegurar la calidad y cantidad de sueño es la base fundamental.
Disminución del deseo sexual por efectos secundarios de medicamentos
Un factor que a menudo se pasa por alto son los efectos secundarios de los medicamentos. En particular, los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) provocan disfunción sexual en entre el 30 y el 70 % de quienes los toman. Se han reportado disminución del deseo, dificultad para alcanzar el orgasmo y reducción de la sensibilidad sexual.
Conocer la relación entre medicamentos y deseo sexual es importante para comprender correctamente tu situación. Además de los antidepresivos, los antihipertensivos (especialmente los betabloqueantes), los antihistamínicos, los antiácidos y algunos antiepilépticos pueden afectar la libido.
Si se sospecha de efectos secundarios de un medicamento, no se debe interrumpir su toma por cuenta propia. Es imprescindible consultar con el médico prescriptor y considerar un cambio de fármaco o un ajuste de dosis. Existen formas de compatibilizar el tratamiento de la depresión con el mantenimiento del deseo sexual.
El impacto de los problemas de pareja en el deseo sexual
La relación con la pareja tiene un impacto decisivo en el deseo sexual femenino. La falta de confianza, la ira no resuelta, la comunicación deficiente y el reparto desigual de las tareas domésticas y de crianza suprimen directamente la libido.
La desigualdad en la «carga mental» es especialmente grave. Gestionar la agenda familiar, planificar las comidas, revisar las pertenencias de los hijos, coordinar las relaciones con la familia extensa: las mujeres que asumen la mayor parte de estas tareas invisibles sufren un agotamiento mental crónico. Cuando en ese estado se les pide intimidad sexual, lo sienten como «una tarea más que añadir a la lista».
La forma en que la pareja se aproxima sexualmente también es importante. Que se demande sexo sin preliminares, que se ignore el placer propio, que la pareja se enfade ante un rechazo: la acumulación de estas experiencias genera aversión hacia el acto sexual en sí.
Enfoques prácticos para recuperar el deseo sexual
La recuperación del deseo sexual no se logra con una única medida, sino combinando múltiples enfoques. En el plano físico, conviene realizarse un análisis hormonal para verificar los niveles y, si es necesario, considerar la terapia de reemplazo hormonal. Establecer una rutina de ejercicio también es eficaz: el ejercicio aeróbico tres veces por semana estimula la secreción de testosterona.
En el plano psicológico, es útil revisar las propias creencias sobre la sexualidad. Creencias como «no tener deseo significa que soy defectuosa como mujer» o «debo acceder por mi pareja» suprimen aún más la libido. El deseo sexual no es una obligación, sino algo para el propio placer.
En el plano relacional, el diálogo con la pareja es indispensable. Comunicar abiertamente qué se siente, qué constituye una barrera y qué se necesita. Decir «no tengo deseo» requiere valentía, pero el silencio solo genera malentendidos y distancia.
No existe un «deseo sexual normal»
No hay un «valor normal» para el deseo sexual. Querer sexo todos los días, una vez al mes o no tener ningún interés: todo está dentro del rango normal. El problema no es la cantidad de deseo, sino si existe una brecha entre tu libido y la vida que deseas llevar.
No es necesario «curar» un deseo sexual bajo en sí mismo. Si la disminución del deseo no te causa sufrimiento y no genera problemas en tu relación de pareja, ese es tu estado natural. Sin dejarte llevar por el «deseo que deberías tener» según la sociedad o los medios, escucha la voz de tu propio cuerpo y mente. El deseo sexual cambia con las etapas de la vida, y tu estado actual no durará para siempre. Deja de culparte, busca ayuda profesional si la necesitas y explora la forma de vivir tu sexualidad que te resulte más cómoda.