Cómo recuperar la sensación de seguridad en tu cuerpo
La sensación de «no poder habitar el propio cuerpo»
Muchas personas que han vivido un trauma tienen dificultades en la relación con su propio cuerpo. Alguna parte del cuerpo siempre está tensa. Prestar atención a las sensaciones corporales aumenta la ansiedad. El cuerpo se percibe no como un «lugar seguro», sino como una «fuente de peligro». Situaciones que deberían ser relajantes, como bañarse o recibir un masaje, provocan malestar.
Nada de esto es «anormal». Durante la experiencia traumática, el cuerpo fue el «escenario» de un dolor o un miedo abrumador. El sistema nervioso desarrolló la estrategia de desconectar (disociar) las sensaciones corporales para proteger al yo de esa experiencia. En su momento, eso fue necesario para sobrevivir.
Sin embargo, si la desconexión con el cuerpo persiste cuando ya se está a salvo, afecta significativamente a la calidad de vida: dificultad para sentir emociones, pasar por alto señales de fatiga o dolor, problemas con la intimidad física. Recuperar la sensación de seguridad en el cuerpo es un proceso central en la recuperación del trauma.
Por qué el cuerpo se siente «inseguro»
Residuos de la respuesta de congelación
Cuando durante el trauma no fue posible ni «luchar» ni «huir», el sistema nervioso opta por la respuesta de «congelación» (freeze). Es el mismo mecanismo que usan los animales cuando son atrapados por un depredador: «hacerse el muerto». Si la respuesta de congelación no se completa y queda almacenada en el cuerpo, persiste como una sensación crónica de indefensión, pesadez corporal e incapacidad de moverse.
Alteración de la interocepción
La interocepción es la capacidad de percibir los estados internos del cuerpo: latidos del corazón, respiración, hambre, temperatura. En personas que han experimentado trauma, esta interocepción puede desviarse hacia la hipersensibilidad (interpretar cualquier cambio corporal menor como una amenaza) o hacia el embotamiento (no percibir ninguna señal del cuerpo). En ambos casos, el cuerpo deja de ser una «fuente fiable de información» y el simple hecho de estar dentro de él genera ansiedad.
Experiencias de violación de los límites corporales
Cuando se ha sufrido violencia física o sexual, la sensación básica de que «mi cuerpo es mío» queda dañada. El cuerpo se registra en la memoria como «algo que puede ser invadido por otros» o «algo que no puedo controlar», y se debilita el sentido de propiedad corporal (body ownership).
Enfoques concretos para recuperar la seguridad corporal
Los siguientes enfoques se basan en los principios de terapias somáticas del trauma como la Experiencia Somática (SE) o la Psicoterapia Sensoriomotriz. Pruébalos a tu ritmo, sin forzarte. Si la incomodidad aumenta, puedes interrumpir en cualquier momento.
1. Encontrar la «isla de seguridad»
En lugar de buscar seguridad en todo el cuerpo, busca una parte que en este momento se sienta «relativamente segura». La sensación de las plantas de los pies tocando el suelo, la calidez de las palmas de las manos, la sensación de la espalda apoyada en la silla. Si hay al menos un lugar en el cuerpo donde sientas «aquí estoy bien», úsalo como punto de anclaje. Ampliar gradualmente el rango de atención desde esta «isla de seguridad» es la estrategia básica del enfoque somático.
2. Pendulación (movimiento pendular)
Técnica propuesta por Peter Levine, creador de la SE. Consiste en mover la atención como un péndulo entre una sensación desagradable y una agradable. Por ejemplo, si notas tensión en los hombros (desagradable), desplaza la atención a la calidez de las palmas (agradable). En lugar de permanecer en la sensación desagradable, alternar «desagradable → agradable → desagradable → agradable» enseña al sistema nervioso que «aunque haya sensaciones desagradables, puedo volver a la seguridad».
3. Grounding: anclar el cuerpo en el «aquí y ahora»
Técnica para mantener el cuerpo conectado al momento presente cuando los recuerdos traumáticos amenazan con arrastrarte.
- Presionar con fuerza las plantas de los pies contra el suelo y sentir esa presión
- Lavarse las manos con agua fría y concentrarse en el cambio de temperatura
- Describir el entorno con los 5 sentidos (5 cosas que ves, 4 que oyes, 3 que tocas, 2 que hueles, 1 que saboreas)
Estas acciones envían al sistema nervioso el mensaje de que «el cuerpo está ahora en un lugar seguro». (También es posible aprender de forma sistemática a través de bibliografía sobre autocuidado somático)
4. Movimiento intencional: liberar la congelación
Cuando persisten residuos de la respuesta de congelación, es útil que el cuerpo reaprenda que «puede moverse». A través de movimientos lentos e intencionales (estiramientos, yoga, taichí, danza), se acumulan experiencias de «puedo mover mi cuerpo por voluntad propia» y «moverme es seguro». Se recomiendan movimientos lentos que puedas realizar a tu propio ritmo, más que ejercicio intenso.
5. Reestablecer los límites
Ejercicio para volver a sentir físicamente los límites del cuerpo. Abrazarte a ti mismo con los brazos (autoabrazo), apoyar la espalda contra la pared y confirmar que «la espalda está segura», practicar diciendo en voz alta «hasta aquí sí, a partir de aquí no». Recuperar la sensación de que puedes decidir tus propios límites corporales conduce a la restauración del sentido de propiedad del cuerpo.
Precauciones para avanzar con seguridad
- No te fuerces: Si prestar atención a las sensaciones corporales intensifica la ansiedad o los flashbacks, detente inmediatamente. El principio es avanzar poco a poco dentro de un rango seguro.
- No cargues con todo en soledad: Cuando el trauma está profundamente grabado en el cuerpo, el trabajo individual tiene sus límites. Considera buscar apoyo profesional como la Experiencia Somática o el EMDR.
- Reconoce los pequeños cambios: «Pude prestar atención a mis sensaciones corporales durante 5 minutos», «Hoy logré relajar un poco los hombros». Los cambios sutiles son la prueba de la recuperación. No busques cambios drásticos; acumula pequeños pasos.
Resumen
Sentir que el cuerpo «no es seguro» después de un trauma es el residuo de una respuesta defensiva que el sistema nervioso desarrolló para protegerte. El proceso de recuperar la seguridad corporal comienza por encontrar la «isla de seguridad» y, a través de la pendulación, el grounding, el movimiento intencional y el restablecimiento de límites, va reconstruyendo poco a poco la relación de confianza con el cuerpo. No hay prisa. Tu cuerpo no es tu enemigo, sino tu compañero de recuperación. Permítete reconectar con tu cuerpo de forma segura y a tu propio ritmo. (La bibliografía sobre la relación entre trauma y cuerpo también puede ser de utilidad)