Aceptar tus preferencias sexuales - Para ti, que te preocupa no ser «normal»
No existe una preferencia sexual «normal»
En uno de los estudios más amplios sobre preferencias sexuales, una investigación de la Universidad de Montreal (2016, con 1.040 participantes), se demostró que muchas fantasías sexuales consideradas "inusuales" son en realidad compartidas por entre el 30% y el 60% de la población. Fantasías de dominación y sumisión, fetichismo, fantasías exhibicionistas o voyeuristas: la mayoría de las preferencias tachadas de "anormales" se encuentran estadísticamente dentro del rango de lo "normal".
El problema no son las preferencias en sí, sino la sensación de vergüenza de pensar "¿seré raro?". Esta vergüenza nace de un entorno social donde el diálogo abierto sobre sexualidad es escaso. Al no poder consultarlo con nadie y cargarlo en soledad, la vergüenza se amplifica y evoluciona hacia el autodesprecio.
¿De dónde vienen las preferencias sexuales?
El mecanismo de formación de las preferencias sexuales no se ha esclarecido por completo, pero se considera que intervienen múltiples factores. Experiencias de la infancia, estímulos que se asociaron casualmente con la excitación sexual durante la pubertad, predisposición genética, entorno hormonal: todo actúa de forma combinada.
Lo importante es que las preferencias sexuales no son algo que se "elige". Al igual que ser zurdo o los gustos musicales, no se pueden controlar intencionadamente. Precisamente porque no es algo que puedas dejar de sentir por mucho que quieras, se hace necesaria la elección de aceptar.
Tres pasos para la aceptación
1. Juzgar según la presencia o ausencia de «daño»
El único criterio para evaluar una preferencia sexual es: "¿se practica entre adultos que consienten y no daña a nadie?". Mientras se cumpla este criterio, ninguna preferencia es patológica. El DSM-5 (manual diagnóstico de trastornos mentales) tampoco considera las preferencias sexuales en sí como un trastorno; solo se diagnostica "trastorno parafílico" cuando causan un sufrimiento significativo a la persona o perjudican a otros.
2. Verbalizar la vergüenza
Cuando sientes vergüenza por tus preferencias, profundiza en de dónde viene esa vergüenza. ¿De la educación de tus padres? ¿De un trasfondo religioso? ¿De la influencia de los medios? Al identificar el origen de la vergüenza, puedes darte cuenta de que no es "tu propio juicio" sino "un valor impuesto desde fuera". Este descubrimiento es el primer paso hacia la liberación de la vergüenza. (Los libros sobre sexualidad (Amazon) pueden ayudarte a profundizar en la comprensión)
3. Compartir en un espacio seguro
Un compañero/a de confianza, un terapeuta con conocimientos sobre sexualidad, una comunidad en línea anónima. Verbalizar y compartir tus preferencias en un entorno seguro reduce drásticamente la sensación de aislamiento. El poder curativo de saber que "no soy el único" es inmenso.
Compartir con la pareja
Revelar tus preferencias a tu pareja requiere un gran valor. Es natural temer el riesgo de rechazo. Al hacerlo, es importante transmitirlo como una revelación personal ("tengo esta faceta") en lugar de exigir a la otra persona que lo practique. Que la otra persona lo acepte o no es su libertad, y que no lo acepte no significa que tus preferencias estén "equivocadas". (Los libros sobre relaciones de pareja (Amazon) también pueden ser de ayuda)
Conclusión
La diversidad de las preferencias sexuales es parte de la naturaleza humana. No necesitas encajarte en el molde de lo "normal". Mientras no dañes a nadie, tus preferencias son parte de ti y no hay motivo para avergonzarse.