Práctica de la gratitud
Ejercicio psicológico que consiste en encontrar conscientemente motivos de agradecimiento en la vida cotidiana y convertirlos en hábito mediante el registro o la expresión. La investigación en psicología positiva ha demostrado repetidamente que contribuye a aumentar la sensación de bienestar.
Por qué la «gratitud» es objeto de investigación psicológica
La práctica de la gratitud consiste en el hábito de buscar conscientemente en la vida diaria aquello por lo que uno se siente agradecido y anotarlo o expresarlo con palabras. Aunque a primera vista pueda parecer un acto sencillo, en el campo de la psicología positiva se ha acumulado desde la década de 2000 una enorme cantidad de investigación sobre el impacto de la gratitud en la salud física y mental. En los estudios de Robert Emmons y colaboradores de la Universidad de California en Davis, el grupo que escribía semanalmente cinco cosas por las que se sentía agradecido mostraba un bienestar subjetivo significativamente mayor y menos quejas de malestar físico que el grupo de control.
El trasfondo de la eficacia de la práctica de la gratitud es el sesgo de negatividad inherente al cerebro humano. Nuestro cerebro está diseñado para dirigir la atención prioritariamente hacia las amenazas y la información desagradable, como mecanismo de supervivencia. Si se deja a su aire, la conciencia tiende a concentrarse en los problemas y las insatisfacciones más que en lo que funciona bien. La práctica de la gratitud actúa como una corrección intencional de este sesgo. Al redirigir la atención hacia «qué ha ido bien hoy», se restablece el equilibrio cognitivo.
Métodos de práctica y claves para mantenerla
El método más sencillo es el «diario de gratitud»: antes de dormir, anotar tres cosas del día por las que sentirse agradecido. No tienen que ser grandes acontecimientos. «El café de la mañana estaba delicioso», «un compañero me echó una mano», «hacía buen tiempo y fue agradable» son observaciones pequeñas pero suficientes. Lo importante es visualizar concretamente la escena al escribir y revivir la sensación en el cuerpo. Rellenar la lista de forma mecánica tiene poco efecto.
La trampa para mantener la práctica es que se convierta en una obligación. La presión de «tengo que sentir gratitud» es lo opuesto a la esencia de la gratitud. Si hay días en que no se puede escribir, no hay que culparse; un ritmo de unas pocas veces por semana es suficiente. Tampoco es necesario forzarse a buscar motivos de agradecimiento cuando se atraviesa un momento difícil. La práctica de la gratitud no existe para negar el sufrimiento, sino para cultivar la capacidad de percibir que, incluso en medio del sufrimiento, hay pequeños destellos de luz.
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