Educación

Alfabetización emocional

Capacidad de reconocer con precisión las emociones propias y ajenas, expresarlas con palabras y gestionarlas adecuadamente. Es la «lectoescritura de las emociones», una habilidad que constituye la base de las relaciones interpersonales.

¿Puedes ponerle nombre a tus emociones?

«¿Cómo te sientes ahora?» Ante esta pregunta, solo puedes responder «nada», «normal» o «no sé». O bien sientes algo confuso en el pecho pero no distingues si es enfado, tristeza o ansiedad. Estas situaciones no son infrecuentes. La alfabetización emocional (Emotional Literacy) se refiere a la capacidad de reconocer con precisión las propias emociones, expresarlas con las palabras adecuadas y gestionarlas de forma constructiva. Del mismo modo que la lectoescritura es una competencia, la lectura y expresión de las emociones es también una habilidad que se puede adquirir mediante el aprendizaje.

Un nivel bajo de alfabetización emocional es como caminar a tientas en una habitación a oscuras. Te golpeas con algo y te duele, pero no sabes con qué te has golpeado. Cuando no puedes ponerle nombre a una emoción, es más fácil que esa emoción te arrastre. El malestar difuso estalla en forma de explosiones de ira o comportamientos impulsivos. En cambio, cuando puedes identificar las emociones con precisión - «esto es decepción», «esto es la envidia que hay dentro de los celos», «esto no es tristeza, es soledad» -, resulta más fácil tomar distancia de la emoción y que esta no te arrastre. En psicología, este paso de ponerle palabras a la emoción se denomina «etiquetado emocional».

Ampliar el vocabulario emocional

El primer paso para mejorar la alfabetización emocional es ampliar el vocabulario de las emociones. El español posee una rica variedad de palabras para expresar emociones: «nostalgia», «desasosiego», «impotencia», «agridulce», «serenidad». El simple hecho de conocer estas palabras permite captar el mundo interior con mayor precisión. También resulta útil emplear herramientas como la Rueda de las Emociones (Emotion Wheel) para descubrir que bajo la «ira» existen subcategorías como «irritación», «indignación», «humillación» o «sensación de traición». Cuanto mayor sea el vocabulario, mayor será la precisión con la que puedes comunicar tus emociones a los demás, y se reducen los malentendidos del tipo «no me comprenden». Como práctica diaria, basta con anotar al final del día, en una sola palabra, la emoción más intensa que hayas sentido para que el vocabulario vaya creciendo. Eso sí, no hace falta analizar minuciosamente cada emoción sin descanso. La referencia es haber nombrado la emoción lo suficiente para que deje de ser un ruido sin identificar y pase a ser un dato con el que decidir el siguiente paso.

La alfabetización emocional transforma las relaciones

La alfabetización emocional es una habilidad individual y, al mismo tiempo, una fuerza que determina la calidad de las relaciones. Si en lugar de decirle a tu pareja «no pasa nada» puedes decir «lo que dijiste antes me dolió un poco; sentí que me estabas restando importancia», la calidad del diálogo cambia por completo. Si en lugar de decirle a un niño «no llores» puedes verbalizar su emoción con un «estás frustrado, ¿verdad?», su alfabetización emocional se desarrollará de forma natural. La capacidad de leer con precisión las emociones y ponerlas en palabras es la capacidad de comprenderse a uno mismo y de conectar con los demás. No es un talento innato, sino una habilidad que se puede pulir a cualquier edad.

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