Duelo

Duelo desautorizado

Duelo cuyo derecho a ser expresado queda implícitamente negado porque la sociedad no lo reconoce como una pérdida legítima. Este concepto, sistematizado por Kenneth Doka, visibilizó la gravedad de experiencias de pérdida que suelen quedar excluidas de los rituales de duelo y del apoyo social, como la muerte de una mascota, un aborto espontáneo, la muerte de un ex, o la pérdida de la patria en la migración.

La teoría de Kenneth Doka y sus cinco tipos

El tanatólogo Kenneth Doka propuso en 1989 el concepto de «duelo desautorizado» (disenfranchised grief) y clasificó sistemáticamente el duelo asociado a pérdidas que la sociedad no reconoce ni valida. Doka identificó cinco tipos. Primero, cuando «la relación no es reconocida» (muerte de un ex, de un amante, de un amigo online). Segundo, cuando «la pérdida no es reconocida» (muerte de una mascota, aborto espontáneo, pérdida de la personalidad por demencia). Tercero, cuando «el doliente no es reconocido» (niños pequeños, personas con discapacidad intelectual). Cuarto, cuando «las circunstancias de la muerte no son reconocidas» (suicidio, sobredosis). Quinto, cuando «la forma de expresar el duelo no es reconocida» (las lágrimas de un hombre, formas de luto culturalmente divergentes). Estas pérdidas tienden a ser minimizadas como «no es para tanto», y el doliente se hunde en el aislamiento.

El impacto psicológico de la pérdida estigmatizada

El aspecto más dañino del duelo desautorizado es que el doliente pierde la capacidad de legitimar sus propios sentimientos. Reacciones del entorno como «solo era una mascota» o «ni siquiera estabais juntos» instilan vergüenza en el doliente y le arrebatan la oportunidad de expresar su tristeza. Thomas Attig argumentó que el proceso de duelo requiere de forma indispensable el «reconocimiento social». Al narrar la pérdida, recibir empatía y participar en rituales de duelo, el doliente puede integrar la pérdida como una realidad. Cuando este reconocimiento no se obtiene, el duelo se «congela» y puede manifestarse sin procesar en forma de síntomas físicos (insomnio, pérdida de apetito, fatiga crónica) o problemas psicológicos diferidos.

Pérdidas desautorizadas en la sociedad contemporánea

El duelo desautorizado no es un caso excepcional, sino que existe de forma extendida en la sociedad actual. El «duelo cultural» del migrante que pierde la cultura, la lengua y el paisaje de su tierra; la «pérdida del hijo imaginado» tras el fracaso de un tratamiento de fertilidad; la destrucción de la estructura familiar por un divorcio; la pérdida de la identidad profesional por la jubilación; e incluso la pérdida de la «vida normal» durante una pandemia. Existen innumerables pérdidas que no implican una muerte física. El concepto de «pérdida ambigua» (ambiguous loss) propuesto por Pauline Boss - que explica el duelo ante situaciones como la de un familiar con demencia, «presente físicamente pero ausente psicológicamente» - amplió aún más la comprensión del duelo desautorizado.

Formas de apoyo - autorizar el duelo

El primer paso en el apoyo al duelo desautorizado es reconocer la realidad de la pérdida. Palabras como «ha debido de ser muy duro» o «era alguien importante para ti» actúan como contrapeso frente al mensaje social que minimiza la pérdida. En el ámbito clínico, el modelo de las «cuatro tareas del duelo» de William Worden resulta útil: aceptar la realidad de la pérdida, experimentar el dolor del duelo, adaptarse al entorno sin la persona fallecida y encontrar una nueva forma de vínculo con ella. Estas cuatro etapas son aplicables también a las pérdidas desautorizadas. Lo fundamental es no imponer desde fuera un «objeto correcto» ni una «duración adecuada» para el duelo. El derecho a juzgar la legitimidad del duelo pertenece únicamente al doliente.

Artículos relacionados

← Volver al glosario