Trauma

Los 4 tipos de respuesta al trauma - Comprender la lucha, la huida, la congelación y la complacencia, y el camino hacia la recuperación

Este artículo se lee en unos 8 minutos

Qué son las respuestas al trauma

Las respuestas al trauma son mecanismos defensivos del sistema nervioso que se activan automáticamente para la supervivencia cuando nos enfrentamos a una amenaza vital o abrumadora. No se trata de una elección consciente, sino de una reacción fisiológica que el tronco encefálico y el sistema nervioso autónomo ejecutan de forma instantánea.

Tradicionalmente se explicaban con los 2 tipos de «lucha o huida (Fight or Flight)», pero la investigación actual sobre trauma reconoce 4 tipos al añadir la «congelación (Freeze)» y la «complacencia (Fawn)». Cuál de ellos se activa depende de la naturaleza de la amenaza, las experiencias pasadas y el estado corporal en ese momento.

Respuesta de lucha (Fight) - Defenderse combatiendo

La respuesta de lucha es la reacción de enfrentarse agresivamente a la amenaza para protegerse. Se segrega adrenalina, el flujo sanguíneo se concentra en los músculos y el cuerpo se prepara para ejercer una fuerza explosiva.

En la vida cotidiana puede manifestarse como enfadarse intensamente por cosas insignificantes, conductas agresivas, estar siempre en estado de alerta combativa o intentar controlar a los demás. No se trata de «tener mal carácter», sino de un estado en el que el sistema nervioso percibe constantemente amenazas e intenta protegerse mediante un ataque preventivo.

Respuesta de huida (Flight) - Protegerse escapando

La respuesta de huida busca asegurar la seguridad tomando distancia física o psicológica de la amenaza. La frecuencia cardíaca aumenta, la respiración se acelera y el cuerpo se prepara para «correr».

En la vida cotidiana se manifiesta como evitar los conflictos de forma extrema, refugiarse en la actividad frenética (adicción al trabajo), desaparecer repentinamente de las relaciones, postergar los problemas o sumergirse en el ejercicio excesivo. También existe la tendencia a sentir ansiedad si no se tiene asegurada «la próxima vía de escape».

Respuesta de congelación (Freeze) - Quedarse paralizado

La respuesta de congelación se produce cuando se determina que ni luchar ni huir es posible, y el cuerpo «se hace el muerto» para dejar pasar la amenaza. Se activa el nervio vago dorsal, la frecuencia cardíaca desciende, los músculos se relajan y la conciencia se nubla.

En la vida cotidiana puede manifestarse como quedarse en blanco ante situaciones de estrés, no poder mover el cuerpo, entumecimiento emocional, disociación (sensación de no ser uno mismo) o como apatía y fatiga crónicas. Para la recuperación de la respuesta de congelación, también puede ser útil consultar métodos para desactivar la respuesta de congelación.

Respuesta de complacencia (Fawn) - Protegerse adaptándose al otro

La respuesta de complacencia busca evitar el ataque complaciendo al objeto de la amenaza (el agresor). Se desarrolla especialmente en situaciones donde no es posible ni huir ni luchar (maltrato infantil, violencia de género, etc.).

En la vida cotidiana se manifiesta como una amabilidad excesiva, posponer siempre las propias necesidades, anticipar el estado de ánimo del otro para actuar en consecuencia, no poder decir «no» o no saber cuáles son las propias opiniones y emociones. No es infrecuente que en la base del people-pleasing (tendencia compulsiva a complacer a los demás) exista una respuesta de complacencia.

El sentido de comprender tu propio patrón

Conocer tu patrón de respuesta al trauma es importante para reducir la autocrítica y encontrar el camino hacia la recuperación. «¿Por qué siempre me enfado?», «¿por qué me adapto demasiado a los demás?», «¿por qué me quedo paralizado en situaciones de estrés?». Comprender que «es una respuesta al trauma, una estrategia que tu sistema nervioso aprendió para sobrevivir» es el primer paso hacia la recuperación.

Para profundizar en la comprensión del TEPT complejo, consulta también la guía para comprender el TEPT complejo.

Respuestas al trauma y la sensación de vergüenza

Muchos supervivientes de trauma sienten vergüenza por sus propias reacciones. «¿Por qué no luché?», «¿por qué no huí?», «¿por qué me adapté al otro?». Sin embargo, las respuestas al trauma no son elecciones conscientes, sino estrategias de supervivencia ejecutadas automáticamente por el sistema nervioso. No es que «no hicieras nada»: sobreviviste de la mejor manera posible en ese momento.

Enfoques para la recuperación

La recuperación de las respuestas al trauma es un proceso en el que se enseña al sistema nervioso que «ya estás a salvo». Lleva tiempo, pero los siguientes enfoques han demostrado ser eficaces.

En primer lugar, asegurar un entorno seguro. La recuperación no puede comenzar si sigues expuesto a amenazas. A continuación, aumentar la conciencia de las sensaciones corporales. Prácticas como el body scan o el yoga, que permiten observar las sensaciones del cuerpo de forma segura, ayudan a regular el sistema nervioso. Y, por último, aprender gradualmente nuevos patrones de respuesta dentro de relaciones seguras con personas de confianza.

Casos en los que coexisten múltiples respuestas al trauma

Muchas personas no utilizan un solo tipo, sino que alternan entre varias respuestas al trauma según la situación. No es raro que en el trabajo aparezca la respuesta de complacencia (adaptarse excesivamente al jefe) y en casa la respuesta de lucha (descargar la ira con la familia). También puede ocurrir que primero se intente la respuesta de lucha y, al no funcionar, se pase a la respuesta de congelación, en una transición por etapas. Observar los propios patrones de reacción desde múltiples ángulos profundiza la comprensión.

La importancia del apoyo profesional

Si las respuestas al trauma afectan gravemente a tu vida cotidiana, se recomienda encarecidamente buscar el apoyo de un profesional especializado en trauma. Existen tratamientos basados en la evidencia como el EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares), el Experiencing Somático y la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma.

La recuperación no es lineal; avanza alternando días buenos y días malos. No te apresures y respeta tu propio ritmo. Las respuestas al trauma no son prueba de que «estés roto», sino de que sobreviviste a una situación extrema. Tu sistema nervioso te protegió de la mejor manera posible en aquel momento. Aprender nuevos patrones de respuesta ahora, en un entorno seguro, es caminar hacia el futuro manteniendo el respeto por tu yo del pasado.

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