Cómo dejar de pensar demasiado - El mecanismo de la rumiación y técnicas para cortarla
Qué es la rumiación
El mismo pensamiento da vueltas y vueltas en la cabeza sin parar, y aunque quieras detenerlo, no puedes. Reproducir una y otra vez un comentario desafortunado del pasado, simular sin fin un problema que aún no ha ocurrido. En psicología, este patrón de pensamiento repetitivo se denomina «rumiación» (Rumination).
La rumiación parece «estar pensando», pero en realidad no resuelve nada. El pensamiento orientado a la resolución de problemas se centra en «qué puedo hacer»; la rumiación, en cambio, queda atrapada en preguntas sin respuesta como «por qué pasó esto» o «qué tengo de malo». Cuanto más se piensa, más baja el ánimo, y cuanto más baja el ánimo, más fácilmente se evocan recuerdos negativos: un círculo vicioso.
Qué ocurre en el cerebro
La red cerebral implicada en la rumiación es la Red Neuronal por Defecto (DMN). La DMN es una red de regiones cerebrales que se activa cuando no se está concentrado en una tarea externa, es decir, cuando se está «en blanco», y se encarga del pensamiento autorreferencial (pensar sobre uno mismo).
Normalmente, la DMN se suprime automáticamente al abordar una tarea externa; pero cuando la rumiación se convierte en hábito, la actividad de la DMN se vuelve excesiva y los pensamientos negativos siguen ejecutándose en segundo plano incluso mientras se trabaja en algo. Esto explica fenómenos como «estoy trabajando pero me viene a la mente un fracaso del pasado» o «debería estar disfrutando pero surge la ansiedad».
Además, la rumiación eleva de forma sostenida la secreción de cortisol, la hormona del estrés. Aunque no esté ocurriendo un evento estresante real, el simple hecho de recordarlo repetidamente provoca una respuesta de estrés en el cuerpo. Es decir, la rumiación es un dispositivo que hace «revivir» el estrés pasado una y otra vez.
Técnicas cognitivas para cortar la rumiación
El primer paso para detener la rumiación es darse cuenta: «ahora mismo estoy rumiando». Cuando se está en medio del torbellino, se tiende a percibir como «estoy pensando» o «estoy analizando», pero en realidad solo se está repitiendo el mismo pensamiento.
Una vez que te das cuenta, ponle nombre al pensamiento. «Ah, ha empezado otra vez la rumiación sobre aquella intervención en la reunión», etiquetándolo desde una perspectiva de tercera persona. Al tratar el pensamiento no como «parte de mí» sino como «un patrón que el cerebro reproduce automáticamente», resulta más difícil dejarse arrastrar.
Otra técnica eficaz es la «postergación del pensamiento». Cuando comienza la rumiación, decide: «Sobre este tema pensaré hoy a las 18:00 durante 15 minutos», y hasta entonces cambia conscientemente a otra actividad. Cuando llegan las 18:00, en la mayoría de los casos el asunto ya no preocupa. Tomar conciencia del hábito de pensar demasiado y aprender a controlarlo es la clave de la recuperación.
Interrumpir el pensamiento usando el cuerpo
La rumiación es un fenómeno cerebral, pero se puede interrumpir eficazmente abordándolo desde el cuerpo. Lo más inmediato es el ejercicio aeróbico. Actividades como caminar, correr o bailar suprimen la actividad de la DMN y dirigen la atención hacia las sensaciones corporales.
Las investigaciones muestran que 30 minutos de ejercicio aeróbico de intensidad moderada reducen significativamente la frecuencia de la rumiación. Cuando el ejercicio no es posible, estímulos sensoriales como lavarse la cara con agua fría, apretar un cubito de hielo o probar un sabor intenso (ácido, picante) también son eficaces para interrumpir el pensamiento.
La meditación mindfulness también es eficaz a largo plazo. Al repetir la práctica de concentrarse en la respiración y soltar los pensamientos sin juzgarlos cuando aparecen, se crea un estado cerebral en el que la actividad excesiva de la DMN se suprime y resulta más difícil caer en la rumiación. Investigaciones muestran que 10 minutos diarios de meditación durante 8 semanas reducen significativamente la frecuencia de la rumiación.
El efecto de «escribir»
Cuando los pensamientos que dan vueltas en la cabeza se ponen por escrito, se «externalizan» y se pueden contemplar con objetividad. El journaling (escritura meditativa) es una estrategia eficaz contra la rumiación, con efectos confirmados en numerosos estudios clínicos.
El método es sencillo. Pon un temporizador de 15 minutos y escribe todo lo que te viene a la mente tal cual. Sin preocuparte por la gramática ni la estructura, simplemente traslada el flujo de pensamientos al papel. Al terminar, ciérralo sin releerlo. El objetivo no es «escribir un buen texto» sino «vaciar la cabeza».
Para quienes sufren especialmente de rumiación antes de dormir, la «lista de preocupaciones» es eficaz. Antes de acostarte, escribe lo que te preocupa y, junto a cada punto, una acción concreta que puedas realizar al día siguiente. El cerebro tiene la tendencia de evocar repetidamente los «problemas sin resolver», pero al escribir un plan de acción los reconoce como «procesados» y la rumiación tiende a calmarse. Combinarlo con la técnica de reescribir el diálogo interno negativo permite esperar una mejora fundamental de los patrones de pensamiento.
Revisar los hábitos que alimentan la rumiación
En la vida cotidiana se esconden hábitos que alimentan inconscientemente la rumiación. En primer lugar, el uso del móvil antes de dormir. Ver publicaciones de otros en redes sociales activa el pensamiento comparativo, y al meterse en la cama comienza la rumiación del tipo «a esa persona le va bien y a mí no». El hábito de dejar el móvil en otra habitación una hora antes de acostarse reduce notablemente la rumiación nocturna.
En segundo lugar, pasar demasiado tiempo a solas. Los momentos de soledad facilitan la activación de la DMN y se convierten en caldo de cultivo para la rumiación. Incorporar conscientemente estímulos sociales moderados (quedar con alguien, trabajar en una cafetería) resulta eficaz.
Por último, el consumo excesivo de cafeína. La cafeína aumenta el nivel de alerta pero también amplifica la ansiedad, convirtiéndose en combustible para la rumiación. Reducir la cafeína a partir de las 14:00 puede aliviar la rumiación vespertina.
Cuándo buscar ayuda profesional
Si la rumiación persiste durante más de dos semanas y afecta al sueño o al trabajo, considera consultar a un profesional. La rumiación es un factor de riesgo principal para la depresión y los trastornos de ansiedad, y la intervención temprana previene el agravamiento.
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es el tratamiento con mayor evidencia para la rumiación. Identifica las distorsiones cognitivas que la desencadenan y entrena su sustitución por patrones de pensamiento más adaptativos. Además, la terapia metacognitiva (MCT), que se centra en «el pensamiento sobre el pensamiento» y modifica la actitud hacia la propia rumiación, está ganando atención en los últimos años. Combinar métodos para gestionar la ansiedad cotidiana con un tratamiento profesional abre el camino para salir del círculo vicioso de la rumiación.