Bricolaje

Reparar las cosas tú mismo - Habilidades sencillas de reparación para ahorrar y ganar confianza

Este artículo se lee en unos 4 minutos

La opción de «repararlo tú mismo»

Llamar a un profesional por cada pequeña avería supone un coste de desplazamiento de varias decenas de euros. Sin embargo, la mayoría de los problemas domésticos se pueden resolver con herramientas básicas y un poco de conocimiento. Las habilidades de reparación no solo te ahorran dinero, sino que también te dan la confianza de «lo he hecho yo».

3 reparaciones que todo principiante debería aprender

1. Grifo que gotea

La mayoría de los goteos se deben al deterioro de la junta. Compra una junta por unos pocos euros en una ferretería y cámbiala con una llave inglesa ajustable. La operación dura unos 15 minutos. Solo recuerda cerrar la llave de paso antes de empezar.

2. Reparar un pequeño agujero en la pared

Los agujeros de chinchetas o tornillos se rellenan fácilmente con masilla comercial para paredes. Aplica la masilla del tubo, deja secar y lija suavemente. Es una habilidad útil también al devolver un piso de alquiler. (Los libros sobre bricolaje también son una buena referencia)

3. Corregir el tambaleo de un mueble

El tambaleo de sillas o mesas suele deberse a tornillos flojos o patas de distinta longitud. Aprieta los tornillos con un destornillador o ajusta la altura con almohadillas de fieltro. Solo con eso, la comodidad mejora notablemente. (Los libros sobre reparaciones domésticas ofrecen procedimientos paso a paso)

El «derecho a reparar» y la resistencia a la cultura del usar y tirar

En los últimos años, el movimiento «Right to Repair» (derecho a reparar) se ha extendido, sobre todo en Europa y Norteamérica. Es una demanda de los consumidores para poder reparar sus propios productos frente a diseños que dificultan la reparación (tornillos especiales, piezas pegadas, manuales no publicados). En la UE, en 2021 entró en vigor una normativa que obliga a garantizar la reparabilidad de los electrodomésticos.

Aunque en muchos lugares se ha normalizado comprar uno nuevo cuando algo se rompe, tener la opción de reparar es racional tanto económica como medioambientalmente. Por ejemplo, cambiar la manguera de desagüe de una lavadora cuesta más de 100 euros si llamas a un técnico, pero haciéndolo tú mismo solo gastas unos 5 euros en la pieza. En YouTube hay innumerables vídeos de reparación de electrodomésticos, y buscando por número de modelo a menudo encuentras el procedimiento exacto para tu aparato.

La «decisión de no hacerlo» para no fracasar con el bricolaje

Lo más importante al reparar algo tú mismo es la capacidad de juzgar «esto no debería hacerlo yo». Las instalaciones eléctricas (cambiar enchufes, modificar el cableado) requieren una cualificación profesional; hacerlo sin ella es ilegal y conlleva riesgo de incendio. Las reparaciones relacionadas con el gas también deben dejarse en manos de profesionales.

El criterio es sencillo: «¿Si fallo, puede haber riesgo para la vida?» y «¿La ley exige una cualificación?». Si la respuesta a alguna de las dos es sí, acude sin dudar a un profesional. En cambio, cambiar juntas de grifos, reparar muebles, tapar agujeros en la pared o ajustar bisagras de puertas son tareas sin grandes riesgos en caso de error, y cualquier principiante puede abordarlas con seguridad.

Resumen

Un grifo que gotea, un agujero en la pared, un mueble que cojea. Con solo aprender estas 3 reparaciones, reduces los pequeños estreses del día a día y ganas la confianza de «puedo arreglármelas solo».

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