Naturaleza

Cómo encontrar la calma junto al agua

Este artículo se lee en unos 6 minutos

La atracción por el agua es instintiva

Cuando estás agotado por el trabajo, sientes el impulso de caminar junto al río. En un día libre, contemplar el mar alivia la opresión del pecho. Esta atracción por el agua no es una simple cuestión de ánimo. A lo largo de la evolución, los seres humanos se asentaron cerca de fuentes de agua, por lo que se formaron circuitos neuronales que reconocen los entornos acuáticos como «lugares seguros y ricos en recursos». El hecho de que la mayoría de las grandes ciudades del mundo se hayan desarrollado junto a ríos o costas respalda esta afinidad instintiva.

El concepto de «Blue Mind», propuesto por el biólogo marino Wallace J. Nichols, se refiere al fenómeno por el cual el cerebro humano transita a un estado de calma y creatividad cuando se encuentra cerca del agua. Un estudio de psicología ambiental publicado en 2017 informó de que los entornos acuáticos muestran un efecto de reducción del estrés incluso superior al de los espacios verdes. Incluso en los parques urbanos, las zonas con fuentes o estanques registran tiempos de permanencia más largos que otras áreas.

Tres efectos del agua sobre el sistema nervioso

1. Activación del sistema nervioso parasimpático a través del oído

Los sonidos del agua (murmullo, oleaje, lluvia) poseen un patrón de frecuencia denominado «fluctuación 1/f». Este patrón es similar al ritmo cardíaco y tiene la propiedad de activar el sistema nervioso parasimpático, reduciendo la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Un estudio de 2015 de la Brighton and Sussex Medical School confirmó que los sujetos que escucharon sonidos naturales de agua mostraron un cambio de la atención hacia el exterior y una reducción de la rumiación en comparación con el grupo que escuchó ruido artificial.

2. «Fascinación suave» visual

Los reflejos de luz en la superficie del agua y las ondulaciones suaves provocan lo que la teoría de la restauración de la atención (ART) denomina «fascinación suave». Se trata de un estado de atención apacible que no requiere concentración intensa y que permite descansar la corteza prefrontal agotada mientras se recuperan los recursos cognitivos. Que la «atención dirigida» consumida por el trabajo de escritorio se recupere de forma natural junto al agua se debe a este mecanismo.

3. Mejora del estado de ánimo por iones negativos

Cerca de cascadas y corrientes rápidas, la concentración de iones negativos en el aire aumenta. La hipótesis de que los iones negativos influyen en el metabolismo de la serotonina y mejoran el estado de ánimo ha sido verificada por el grupo de investigación de la Universidad de Columbia en el contexto de la depresión estacional, sugiriendo cierto efecto.

Cómo incorporar la calma del agua a la vida diaria

Incluir el agua en el trayecto al trabajo

Con solo incluir un camino junto al río o un parque con fuente en la ruta hasta la estación más cercana, se aseguran 5 a 10 minutos diarios de experiencia acuática. Aunque suponga un rodeo, el efecto de reducción del estrés durante el trayecto lo justifica con creces.

El «paseo Blue Mind» del fin de semana

  1. Establece como destino un río, lago, costa o estanque cercano
  2. Al llegar, contempla solo la superficie del agua durante 10 minutos (guarda el móvil en la mochila)
  3. Dirige tu atención al sonido del agua y sincroniza tu respiración con su ritmo
  4. De vuelta, mientras caminas, deja fluir los pensamientos que surjan

Recrear el agua en el interior

Si el acceso al agua es difícil en la ciudad, una opción es colocar una fuente de mesa (pequeña fuente de recirculación) en el escritorio de trabajo. Proporciona tanto el efecto de ruido blanco del sonido del agua como el movimiento visual. También basta con reproducir una grabación de sonidos de agua durante unos 30 minutos mientras trabajas para favorecer la recuperación de la concentración. Los libros sobre la curación del agua permiten profundizar en el tema.

Meditación junto al agua: guía práctica

El entorno acuático es ideal para mejorar la calidad de la meditación. Prueba con los siguientes pasos.

  1. Siéntate junto al agua y mantén los ojos entreabiertos con la superficie del agua en tu campo visual
  2. Dirige la atención a la respiración y utiliza el sonido del agua como «ancla» (cuando surjan pensamientos, vuelve al sonido del agua)
  3. Empieza con 5 minutos y, a medida que te acostumbres, amplía a 15-20 minutos
  4. Al terminar, contempla durante 1 minuto el cielo y los árboles reflejados en el agua

En comparación con la meditación en interior, junto al agua la «fijación de la atención» resulta más fácil, lo que la hace especialmente accesible para principiantes en meditación. Los libros de introducción al mindfulness también son una buena referencia.

Resumen

El efecto calmante del agua está respaldado por un trasfondo evolutivo y mecanismos neurocientíficos. La activación del sistema nervioso parasimpático por el sonido del agua, la recuperación de los recursos atencionales por los estímulos visuales de la superficie acuática y la mejora del estado de ánimo por los iones negativos actúan de forma combinada a través de tres vías. Existen múltiples formas de incorporar elementos acuáticos a la vida diaria: adaptar el trayecto al trabajo, paseos de fin de semana, recreación en el interior. No es necesario buscar el entorno perfecto. Incluso el sonido de una pequeña fuente, la ventana en un día de lluvia o el agua al llenar un vaso pueden ser puntos de anclaje para calmar la mente si les prestas atención. Cuando sientas que tu mente se agita, acércate al agua más cercana.

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