Mentalidad

Reducir la fatiga de decisión - Cómo las pequeñas elecciones diarias agotan tu cerebro

Este artículo se lee en unos 8 minutos

Por qué la capacidad de juicio se deteriora por la tarde

La mente que estaba despejada por la mañana se vuelve incapaz de decidir nada al llegar la tarde. Cuando te preguntan qué cenar, solo puedes responder «lo que sea». Este fenómeno se denomina «fatiga de decisión» (Decision Fatigue) y se debe a que los recursos de toma de decisiones del cerebro son limitados.

Se estima que los seres humanos toman aproximadamente 35.000 decisiones al día. Al despertar: apagar la alarma o seguir durmiendo, qué ponerse, qué desayunar. Cada una de estas pequeñas elecciones consume energía de la corteza prefrontal. Esta región utiliza glucosa como combustible, y cuantas más decisiones se toman, menos combustible queda y la calidad de las decisiones disminuye.

Tres problemas que causa la fatiga de decisión

El impacto de la fatiga de decisión no se limita simplemente a «no poder decidir». En primer lugar, aumentan las decisiones impulsivas. Cuando el cerebro está agotado, no queda energía para reflexionar y se tiende a elegir el placer inmediato. Comer snacks por la noche estando a dieta no es falta de voluntad, sino un síntoma típico de la fatiga de decisión.

En segundo lugar, se produce la postergación de decisiones. Como las decisiones importantes requieren más energía, el cerebro agotado las aplaza con un «ya lo pensaré después». Esto genera acumulación de tareas y estrés ante los plazos.

En tercer lugar, se refuerza el sesgo del statu quo. Al no tener energía para evaluar nuevas opciones, se tiende a mantener la situación actual aunque haya insatisfacción. Detrás de la parálisis de querer cambiar de trabajo sin dar el paso, o de no poder abandonar hábitos poco saludables, a menudo se esconde la fatiga de decisión.

Reducir las elecciones mediante «sistemas»

La estrategia más eficaz contra la fatiga de decisión es reducir directamente el número de decisiones. Steve Jobs vestía siempre el mismo jersey negro de cuello alto para eliminar la decisión de elegir ropa. La misma idea puede aplicarse a la vida cotidiana.

El primer paso es fijar la rutina matutina. Decidir la noche anterior la hora de levantarse, el menú del desayuno y la ropa, o establecer patrones por día de la semana. Con solo crear una rotación de comidas como «lunes curry, martes pasta», se eliminan decenas de decisiones diarias.

Lo mismo aplica a las compras. Comprar siempre la misma marca de productos de uso diario ahorra tiempo de comparación. La actitud de conformarse con una «elección suficientemente buena» en lugar de perseguir «la mejor elección» preserva los recursos cerebrales. Las estrategias para simplificar la vida diaria están directamente relacionadas con la conservación de la capacidad de juicio.

Concentrar las decisiones importantes por la mañana

La capacidad de juicio es máxima por la mañana y disminuye con el paso del tiempo. Aprovechando esta característica, concentrar las decisiones importantes en la mañana permite mantener la calidad del juicio.

En concreto, las decisiones relacionadas con la carrera profesional, las decisiones financieras y las conversaciones importantes sobre relaciones personales deben programarse por la mañana. Por el contrario, responder correos, tareas administrativas y rutinas se dejan para la tarde. En cuanto a las reuniones, programar las que requieren toma de decisiones por la mañana y las informativas por la tarde mejora la calidad de las decisiones de toda la organización.

Si inevitablemente se necesita tomar una decisión importante por la tarde, tomar un descanso de 10 a 15 minutos justo antes y consumir algo de azúcar ligero (fruta o frutos secos) puede restaurar temporalmente la glucosa de la corteza prefrontal.

La «regla de los 2 minutos» y la «planificación if-then»

Los mecanismos para procesar inmediatamente las pequeñas decisiones también son eficaces. La «regla de los 2 minutos» consiste en completar en el acto cualquier tarea que lleve menos de 2 minutos. Cada vez que se pospone algo con un «ya lo haré después», el cerebro mantiene la tarea pendiente en memoria (efecto Zeigarnik), consumiendo recursos en segundo plano. Procesarla de inmediato previene este consumo oculto.

La «planificación if-then» es un método para predeterminar la acción ante situaciones específicas. «Si a las 15:00 tengo sueño, en lugar de café daré un paseo de 5 minutos», «si un compañero me invita a tomar algo, los lunes y miércoles diré que no». Al establecer reglas de decisión por adelantado, no es necesario pensar de nuevo cuando surge la situación, reduciendo drásticamente el número de decisiones. Combinado con el diseño del entorno para mantener la concentración, se puede mantener un rendimiento estable a lo largo del día.

Limitar las opciones en el entorno digital

El mayor factor que acelera la fatiga de decisión en la actualidad es la explosión de opciones en el entorno digital. Cada vez que se desplaza el feed de las redes sociales surgen decisiones como «¿doy like?», «¿comento?», «¿comparto?», y en las plataformas de streaming hay que elegir qué ver entre decenas de miles de títulos.

Como contramedida, resulta eficaz una «dieta digital»: reducir las notificaciones del móvil al mínimo necesario, limitar el uso de redes sociales a 30 minutos diarios y revisar el número de suscripciones. Cuantas menos opciones, más descansa el cerebro.

Soltar la «elección perfecta»

Para reducir fundamentalmente la fatiga de decisión, es necesario abandonar la creencia de que «hay que tomar la mejor decisión posible». El psicólogo Barry Schwartz demostró que los «satisficers» (quienes se conforman cuando se cumple un criterio mínimo) son más felices que los «maximizers» (quienes buscan lo óptimo en cada elección).

La elección perfecta no existe. Toda decisión implica un compromiso, y nunca sabremos el resultado del camino no elegido. Tomar rápidamente una decisión «suficientemente buena» y dedicar la energía a convertir esa elección en un acierto conduce, en última instancia, a una vida más satisfactoria. Si te cuesta demasiado tiempo decidir, empieza por cambiar tu criterio de «lo mejor» a «lo suficiente».

La fatiga de decisión no es un problema exclusivo de la sociedad moderna, sino que se agrava año tras año en una sociedad de la información donde las opciones no dejan de multiplicarse. Reducir conscientemente las opciones, establecer reglas de decisión por adelantado y concentrar las decisiones importantes en las horas en que el cerebro está más activo: incorporar estos tres principios a la vida diaria mejora significativamente el estado de «no poder decidir nada» por la tarde. La energía del cerebro es finita. Contar con una estrategia para reservar ese valioso recurso para las decisiones verdaderamente importantes es una habilidad esencial para vivir en la era actual.

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