Alimentación

Cocinar reconfigura tu cerebro - Efectos cognitivos y psicológicos de trabajar con las manos

Este artículo se lee en unos 7 minutos

Cocinar es un «entrenamiento completo» para el cerebro

Si descomponemos el acto de cocinar, descubrimos que una cantidad sorprendente de procesos cognitivos funcionan simultáneamente. Leer una receta (procesamiento lingüístico), medir ingredientes (procesamiento numérico), gestionar varias etapas en paralelo (función ejecutiva), ajustar el fuego (retroalimentación sensorial), trabajar imaginando el resultado final (memoria de trabajo), probar y corregir (toma de decisiones). Apenas existe otra actividad cotidiana que exija tantas funciones cognitivas a la vez.

Desde la neurociencia, cocinar activa simultáneamente la corteza prefrontal (planificación y ejecución), el lóbulo parietal (cognición espacial y medición), el lóbulo temporal (memoria de recetas), el cerebelo (control motor fino) y la ínsula (integración gustativa y olfativa). Pocas actividades estimulan áreas cerebrales tan extensas a la vez; es comparable a tocar un instrumento musical.

La relación científica entre cocinar y la salud mental

La puerta al estado de flujo

El «estado de flujo» propuesto por el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi es la experiencia óptima de inmersión total en una actividad, en la que se pierde la noción del tiempo. Para entrar en flujo se necesita un «equilibrio entre habilidad y desafío»: si es demasiado fácil, aburre; si es demasiado difícil, genera ansiedad.

Cocinar es una de las pocas actividades que permite ajustar este equilibrio de forma natural. Un principiante empieza con una tortilla, al ganar confianza pasa a la pasta y, si quiere un reto mayor, a la cocina francesa. Como la dificultad se puede elevar gradualmente según el nivel, es fácil entrar en flujo. En estado de flujo, la rumiación (pensar repetidamente en fracasos pasados o ansiedades futuras) se detiene de forma natural. Poder interrumpir la rumiación, uno de los principales factores de mantenimiento de la depresión y la ansiedad, sin fármacos es el núcleo del efecto de cocinar sobre la salud mental.

Retroalimentación inmediata de la autoeficacia

Cocinar posee una característica que muchas otras actividades no tienen: el resultado del esfuerzo se materializa (y se puede saborear) en 30 minutos a 1 hora. Un proyecto laboral tarda meses en dar frutos, los efectos del ejercicio aparecen semanas después y los del estudio no se conocen hasta el examen. Pero al cocinar, cortas, aplicas calor, emplatas y, en ese mismo momento, «algo que tú has creado» está terminado.

Esta retroalimentación inmediata refuerza la autoeficacia (la sensación de «soy capaz»). Según la investigación del psicólogo Albert Bandura, la autoeficacia es uno de los predictores más potentes de la salud mental. Las personas en estado depresivo están dominadas por la indefensión de «no puedo hacer nada», pero cocinar ofrece cada día la pequeña experiencia de éxito de «he creado algo con mis propias manos». (Los libros sobre cocina y salud mental permiten profundizar en el tema)

El significado neurológico de «usar las manos»

Al hablar de los efectos de cocinar, no se puede pasar por alto el aspecto físico de «usar las manos». En la corteza motora del cerebro, el área que controla el movimiento de las manos ocupa una superficie desproporcionadamente grande (visualizada en el mapa cerebral conocido como homúnculo de Penfield). Mover las manos con precisión activa amplias regiones cerebrales.

Cortar verduras con un cuchillo, amasar masa, voltear una sartén. Estos movimientos exigen una integración en tiempo real de la información visual y la salida motora (integración sensoriomotora). Este proceso genera una actividad neuronal rica que no se obtiene con la manipulación de dispositivos digitales (tocar y deslizar).

En el campo de la terapia ocupacional, la cocina está recibiendo atención como intervención para ralentizar la progresión de la demencia. Planificar múltiples pasos, ejecutarlos en paralelo y ajustar en función de la retroalimentación sensorial contribuye al mantenimiento de la función cognitiva. También para las generaciones jóvenes, cocinar funciona como un «gimnasio para el cerebro».

Reducir la barrera psicológica para empezar a cocinar

Aunque se conozcan los beneficios de cocinar, las barreras psicológicas de «es un engorro», «no tengo tiempo» o «me da miedo fallar» se interponen. Presentamos métodos concretos para reducirlas.

En primer lugar, no aspirar a la perfección. Los efectos cognitivos y psicológicos de cocinar no provienen de «hacer algo delicioso», sino del «proceso de hacerlo». Aunque se queme, quede soso o tenga mala pinta, el cerebro se ha activado suficientemente. Un plato fallido sigue siendo un ejercicio exitoso para el cerebro.

En segundo lugar, empezar solo con «cortar». Preparar una ensalada, cortar fruta, cortar queso y ponerlo sobre una galleta salada. El simple acto de cortar un ingrediente con un cuchillo ya activa suficientemente la integración sensoriomotora. No es necesario lanzarse a recetas complejas desde el principio.

En tercer lugar, cocinar con alguien. Cocinar en compañía suma al efecto cognitivo de la cocina el beneficio de la conexión social. Estar en la cocina con la pareja, un amigo o los hijos añade la carga cognitiva adicional de la comunicación y la coordinación, enriqueciendo aún más la estimulación cerebral. (Los libros de cocina para principiantes también son una buena referencia)

Conclusión

Cocinar es un «entrenamiento cognitivo completo» que activa simultáneamente amplias regiones del cerebro. La interrupción de la rumiación mediante el estado de flujo, el refuerzo de la autoeficacia a través de la retroalimentación inmediata y la integración sensoriomotora gracias al movimiento preciso de las manos: todos estos efectos se obtienen del «proceso de cocinar» en sí, independientemente de la habilidad culinaria. Hoy, en lugar de comprar comida preparada, prueba a cocinar la cena con tus propias manos. Será la mejor nutrición no solo para tu estómago, sino también para tu cerebro.

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