Disfrutar del arte sin ser experto - Cómo multiplicar por diez el placer de visitar un museo
Está bien «no entender»
No existe una respuesta correcta en la contemplación artística. Sentir que «no entiendo el significado de esta obra» no es falta de conocimiento, sino una reacción perfectamente normal. El simple hecho de experimentar algo frente a una obra ya constituye la esencia de la apreciación del arte.
Tres formas de disfrutar un museo
1. No intentes verlo todo
Si intentas observar con detenimiento cada pieza del museo, acabarás agotado y sin disfrutar. Primero recorre las salas a paso ligero y detente solo ante las obras que te llamen la atención. Concentrarte en 3 a 5 piezas y observarlas en profundidad produce una satisfacción mucho mayor.
2. Empieza por lo que te gusta o no te gusta
«Me gusta este color», «esta forma es curiosa», «me produce cierta inquietud». Con solo poner en palabras tus reacciones sensoriales, la contemplación se enriquece. Preguntarte «¿por qué me gusta?» o «¿por qué me inquieta?» también profundiza la comprensión de tu propia sensibilidad. (Los libros sobre apreciación artística también pueden servir de referencia)
3. Observa los detalles de la obra
Más allá de la impresión general, fíjate en la pincelada, las capas de color, las expresiones de los personajes y los pequeños motivos del fondo. Al observar los detalles, se hacen visibles la intención y la técnica del artista. (Los libros de introducción al arte pueden ofrecerte nuevas perspectivas)
La «contemplación dialógica», un método para profundizar
Las «Estrategias de Pensamiento Visual» (VTS, Visual Thinking Strategies), desarrolladas en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), son un método de contemplación que no requiere ningún conocimiento especializado. Con solo tres preguntas: «¿Qué está ocurriendo en esta obra?», «¿Qué ves que te hace pensar eso?» y «¿Qué más descubres?», se profundiza el diálogo con la obra.
Este método es eficaz porque libera de la presión de «acertar la respuesta correcta». Aunque no se posean conocimientos de historia del arte, el acto de verbalizar lo que uno observa con sus propios ojos entrena la capacidad de observación y de expresión verbal. De hecho, investigaciones en escuelas primarias que adoptaron VTS mostraron mejoras en el pensamiento crítico también en otras asignaturas.
Si visitas el museo solo, basta con anotar en el bloc de notas del móvil «lo que vi», «lo que sentí» y «mis dudas» para obtener un efecto similar. Al investigar sobre esa obra al volver a casa, descubrirás coincidencias y diferencias entre tu intuición y la intención del artista, lo que hará aún más placentera tu próxima visita.
Saborear el «espacio» del museo
Además de las obras, es importante disfrutar del museo como espacio en sí mismo. La forma en que entra la luz, diseñada por el arquitecto; el recorrido de las salas; la relación entre el color de las paredes y las obras. Todo ello influye enormemente en cómo se perciben las piezas. Por ejemplo, en la Benesse House de Naoshima, los cambios en la luz natural hacen que una misma obra muestre expresiones completamente distintas por la mañana y al atardecer.
La cafetería y la tienda del museo también forman parte de la experiencia. Hojear el catálogo de la exposición y leer solo la página de la obra que te llamó la atención. Comprar una sola postal y colgarla en tu habitación. Estos pequeños gestos se convierten en la puerta de entrada para incorporar el arte a la vida cotidiana.
Resumen
No verlo todo, empezar por lo que te gusta o no te gusta, y observar los detalles. Con estos tres métodos, un museo se disfruta plenamente sin necesidad de conocimientos especializados.