Salud

Por qué la mano no dominante es torpe - La «inversión desigual» del cerebro que genera la asimetría

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Intenta escribir tu nombre con la otra mano

Ahora mismo, coge un bolígrafo con la mano contraria a la dominante e intenta escribir tu nombre. Probablemente el resultado se parecerá al de un niño de primaria practicando las primeras letras. A pesar de ser tu propio nombre, que usas miles de veces al día, con solo cambiar de mano no puedes escribirlo decentemente.

Esta torpeza no se debe a una diferencia de fuerza. La diferencia de fuerza entre la mano dominante y la no dominante es de apenas un 10%, y la fuerza necesaria para escribir es más que suficiente. El problema no está en los músculos, sino en el cerebro.

El cerebro «invierte de forma concentrada» en la mano dominante

El cerebro humano se divide en dos hemisferios cerebrales. En el caso de las personas diestras, el hemisferio izquierdo controla los movimientos finos de la mano derecha (el cerebro y el cuerpo se cruzan lateralmente).

Tras decenas de miles de horas usando la mano dominante desde el nacimiento, se construyen circuitos neuronales de precisión en la corteza motora del hemisferio que controla esa mano. Usar palillos, escribir, abrochar botones. Estas acciones se han optimizado mediante miles de repeticiones, de modo que se ejecutan con precisión y con un mínimo de energía. (En libros sobre neurociencia se puede profundizar en el tema)

En cambio, en el hemisferio que controla la otra mano apenas se han construido estos circuitos de precisión. No es que no existan circuitos, sino que son «toscos». Los movimientos gruesos son posibles, pero los ajustes milimétricos no. Esa es la verdadera naturaleza de la «torpeza».

Por qué el cerebro no invierte en ambas manos

Sería más práctico poder usar ambas manos al mismo nivel, entonces por qué el cerebro invierte de forma desigual en una sola. La respuesta es que «los recursos del cerebro son limitados».

Construir y mantener circuitos neuronales de control motor de precisión requiere enormes recursos cerebrales (neuronas, conexiones sinápticas, energía). Si se construyeran circuitos del mismo nivel de precisión para ambas manos, el coste se duplicaría. El cerebro, al concentrar sus recursos limitados en una sola mano, consigue que al menos una mano se mueva con «ultra precisión».

Desde una perspectiva evolutiva, se considera que tener una mano extremadamente hábil era más ventajoso para la supervivencia que tener ambas manos moderadamente hábiles. Fabricar herramientas de piedra, lanzar una lanza, partir frutos secos. En estas tareas, la precisión de una sola mano determina el resultado.

Se puede entrenar la otra mano

La respuesta corta es: sí. Pero lleva tiempo.

Lavarse los dientes con la otra mano, manejar el ratón, escribir letras sencillas. Si se practican estos ejercicios a diario, en pocas semanas se observa una mejora evidente. La plasticidad cerebral (la capacidad de construir nuevos circuitos neuronales) no se pierde en la edad adulta, por lo que también se forman nuevos circuitos en la corteza motora de la otra mano.

Sin embargo, alcanzar el mismo nivel que la mano dominante requiere años de entrenamiento. Reconstruir desde cero los circuitos que la mano dominante ha construido durante decenas de miles de horas lleva, lógicamente, mucho tiempo. (Los libros sobre entrenamiento cerebral también resultan útiles como referencia)

Resumen

Que la mano no dominante sea torpe se debe a que el cerebro concentra sus recursos limitados en el lado de la mano dominante y no ha construido circuitos neuronales de control motor de precisión en el otro lado. No es un problema de fuerza, sino de «cableado» cerebral. Entrenar la otra mano es posible, pero alcanzar los circuitos que la mano dominante ha construido durante decenas de miles de horas es un viaje largo.

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