Comunicación

Por qué hablamos solos - Cómo decir las cosas en voz alta ordena el pensamiento

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Hablar solo no es prueba de ser una persona rara

Cuando vemos a alguien murmurando en el tren, quizá nos den ganas de guardar un poco de distancia. Sin embargo, hablar solo (el autodiálogo) es una conducta profundamente natural en el ser humano. En buena parte de la vida diaria pensamos con palabras dentro de la mente, y lo que llamamos «hablar solo» no es más que una parte de ese diálogo interior que se escapa convertida en voz.

El habla en voz alta de los niños es especialmente llamativa. El psicólogo del desarrollo Lev Vygotski se fijó en que los niños, mientras juegan, dicen cosas como «ahora pongo esta... y esta la pinto de rojo...», y lo describió como una función que organiza el pensamiento y guía la propia conducta. En psicología del desarrollo, esas verbalizaciones infantiles se conocen como «habla privada» (private speech). Al hacernos adultos, el habla privada se interioriza y se convierte en la voz de la mente, pero vuelve a salir en voz alta en los momentos de alta carga cognitiva.

Tres razones por las que hablar solo mejora el rendimiento del cerebro

Ayuda a encontrar lo que buscas

Un equipo de investigación de la Universidad de Wisconsin realizó un experimento al respecto. Mostraron a los participantes fotografías de estanterías de supermercado y les pidieron localizar un producto concreto. El grupo que buscaba diciendo «plátano» en voz alta encontró el artículo significativamente más rápido que el grupo que buscaba en silencio.

La explicación que se ofrece es que pronunciar la palabra activa la imagen visual guardada en la cabeza (la forma amarilla del plátano) y hace la búsqueda más eficiente. Esa persona que recorre las estanterías murmurando «leche, leche...» está, en realidad, empleando la estrategia de búsqueda más eficiente.

Decir en voz alta el nombre de lo que buscas evoca el aspecto asociado a esa palabra y añade pistas para cotejar los candidatos que entran en tu campo visual. No es infalible, eso sí. El efecto aparece con claridad en objetos cuyo aspecto viene a la mente con solo oír el nombre, y se difumina en objetos con un vínculo débil entre nombre y apariencia (una espumadera, por ejemplo). La clave está en si la palabra pronunciada evoca una imagen concreta.

Mejora la capacidad de resolver problemas

Los programadores tienen una técnica llamada «depuración con el patito de goma» (rubber duck debugging). Cuando no aparece el error del código, se le explica a un patito de goma, línea por línea y en voz alta, qué hace el programa. Y con mucha frecuencia, a mitad de la explicación, uno se descubre diciendo «ah, aquí está el fallo».

Es el ejemplo típico del efecto del autodiálogo en la resolución de problemas. Poner el pensamiento en palabras habladas hace visibles los huecos lógicos que dentro de la cabeza permanecían borrosos. Pensando solo en silencio es fácil quedarse con la sensación de «más o menos lo entiendo»; al decirlo con palabras, afloran con nitidez las partes que en realidad no se entendían.

Muchos investigadores dan vueltas por la habitación hablando en voz alta mientras perfilan una demostración matemática o la estructura de un artículo. Hablar serializa el pensamiento: las ideas que corrían en paralelo se realinean en un único hilo. Como «borrador» previo a la palabra escrita, hablar solo sirve de control de calidad del pensamiento.

Ayuda a regular las emociones

Que un deportista se diga «tranquilo, puedes hacerlo» antes de la competición es una técnica que la psicología deportiva llama «autodiálogo motivacional». La investigación ha mostrado una y otra vez que el autodiálogo positivo mejora el rendimiento y que el negativo lo empeora.

Lo interesante es que, según se ha descrito, uno se calma con más facilidad cuando usa su propio nombre en el autodiálogo. Decirse «Pedro puede hacerlo» en tercera persona, en lugar de «yo puedo hacerlo», genera distancia emocional y facilita el juicio sereno.

Se considera que el autodiálogo en tercera persona funciona porque permite contemplar la propia situación desde una posición algo alejada. Cuando la ira o la ansiedad van en aumento, permanecer en primera persona facilita que la emoción te arrastre; al cambiar a la tercera persona, se ha descrito que la intensidad del sentimiento se suaviza sin la tensión de ponerse en guardia para reprimirlo.

Un malentendido frecuente: ¿hablar solo es señal de enfermedad mental?

Hay quien tiene la imagen de que «quien habla mucho solo es peligroso». Pero lo que importa aquí es el «contenido» y el «contexto» de lo que se dice, no el acto en sí. El autodiálogo forma parte de la conducta cotidiana de las personas sanas, y hablar en voz alta no es, por sí mismo, un comportamiento psicológicamente problemático.

Lo que sí requiere atención es oír «voces» imperativas que uno no puede controlar, o dar la impresión de conversar con un interlocutor que no existe. Se trata de un fenómeno distinto de hablar solo, y se clasifica entre síntomas como las alucinaciones auditivas. Debe distinguirse con claridad del autodiálogo cotidiano del tipo «a ver, ¿qué venía ahora?» o «venga, vamos allá».

Cómo son las personas que hablan mucho solas

Hablar solo aflora sobre todo al afrontar una tarea demasiado compleja para procesarla únicamente en la cabeza. Es el estado de haber echado mano de una herramienta adicional, la verbalización, y refleja la magnitud de la carga del momento, no un nivel de capacidad alto o bajo. El autodiálogo es como una «memoria externa» del cerebro y cumple la función de complementar la capacidad de la memoria de trabajo.

Pensemos en quien cocina narrando los pasos: «primero sofrío la cebolla, luego añado la carne, después incorporo la salsa...». Es una estrategia para ahorrar memoria de trabajo: permite concentrar los recursos cognitivos en la tarea real de cocinar en lugar de en recordar los pasos. Del mismo modo, se sabe que estudiar leyendo en voz alta deja más huella en la memoria que la lectura silenciosa. La explicación es que el paso adicional de emitir las palabras con la propia voz y oírlas con los propios oídos hace esos contenidos más fáciles de distinguir del resto.

Consejos para aprovechar el autodiálogo

Usar el autodiálogo de forma deliberada puede mejorar el rendimiento diario. Al buscar algo, di su nombre en voz alta. Antes de una tarea compleja, repasa los pasos en voz alta para confirmarlos. Cuando sientas ansiedad, háblate en tercera persona. Eso sí, en el tren, la biblioteca y otros lugares públicos, lo realista es quedarse con la voz interior o llegar como mucho a un susurro, para no molestar a los demás.

Resumen

Hablar solo no es un hábito extraño, sino una herramienta poderosa que mejora el rendimiento del cerebro. Hace más eficiente la búsqueda, impulsa la resolución de problemas y ayuda a regular las emociones. La próxima vez que te sorprendas hablando solo, no hace falta avergonzarse. Tu cerebro, simplemente, está trabajando de la manera más eficiente que conoce.

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