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La guerra más corta del mundo duró 38 minutos - «Sucesos instantáneos» olvidados por la historia

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La guerra de 38 minutos

27 de agosto de 1896, 9:00 de la mañana. La flota de la Marina Real Británica abrió fuego contra el palacio del sultán de Zanzíbar (actualmente parte de Tanzania). A las 9:38, el bando zanzibarí se rindió. Desde el inicio hasta el fin de las hostilidades, apenas 38 minutos. Esta es la Guerra anglo-zanzibarí, reconocida por el Libro Guinness de los Récords como «la guerra más corta del mundo».

Qué ocurrió en esos 38 minutos

El conflicto se originó cuando el sultán de Zanzíbar, apoyado por Gran Bretaña, falleció repentinamente y una persona no respaldada por los británicos se autoproclamó sucesor. Gran Bretaña emitió un ultimátum: si no abandonaba el palacio antes de las 9:00, atacarían.

El nuevo sultán intentó resistir con unos 2.800 soldados, varios cañones anticuados y un yate real. Por su parte, Gran Bretaña contaba con tres cruceros de última generación, dos cañoneras y 150 marines. La diferencia de fuerzas era abrumadora. (Puedes profundizar con libros sobre historia mundial)

A los pocos minutos del bombardeo, el palacio estaba en llamas y el yate real se hundió. Las bajas zanzibaríes ascendieron a unas 500 personas, mientras que del lado británico solo hubo un herido leve. El nuevo sultán huyó al consulado alemán y, 38 minutos después, se formalizó la rendición.

«Sucesos instantáneos» olvidados por la historia

La Guerra anglo-zanzibarí no es el único caso. La historia está repleta de acontecimientos que se resolvieron en un tiempo sorprendentemente breve.

En 1866, Liechtenstein envió 80 soldados a participar en la Guerra austro-prusiana. Regresaron sin haber combatido ni una sola vez, pero volvieron 81 personas: habían hecho un amigo italiano por el camino. Se les recuerda como «el único ejército que volvió con más efectivos de los que partieron».

En 1932, el ejército australiano desplegó soldados armados con ametralladoras para hacer frente a una plaga de emúes (grandes aves no voladoras) que devastaban los cultivos. Sin embargo, los emúes resultaron ser sorprendentemente ágiles, esquivaban las balas y se dispersaban para huir. El ejército tuvo que retirarse, y el episodio quedó grabado en la historia de Australia como la «Guerra del Emú». Una guerra en la que los humanos perdieron contra las aves.

Lo que la «brevedad» nos enseña

Estos episodios no son simples curiosidades. La guerra de 38 minutos muestra la crueldad de los resultados que produce una diferencia militar abrumadora. Las 500 bajas son la realidad que se esconde tras esos 38 minutos. (Los libros de curiosidades históricas también son una buena referencia)

El «regreso de 81 personas» de Liechtenstein nos enseña lo absurdo de que un pequeño país se vea arrastrado a una guerra entre grandes potencias, y que aun así pueden surgir desenlaces con un toque humano. La Guerra del Emú es una lección de humildad: la tecnología humana a veces resulta impotente frente a la naturaleza.

Conclusión

La guerra más corta del mundo fue la Guerra anglo-zanzibarí de 1896, con sus 38 minutos. La historia alberga episodios sorprendentes que no aparecen en los libros de texto, como un ejército que volvió con más soldados de los que partieron o un ejército derrotado por aves. Estos «sucesos instantáneos» reflejan la diversidad de la actividad humana que los manuales de historia no logran transmitir, así como una realidad a veces cómica y a veces cruel.

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