La crisis de pareja tras el parto - Por qué la relación se deteriora al empezar la crianza y cómo prevenirlo
La crisis posparto es «lo normal»
Que la satisfacción con la relación de pareja baje a raíz del nacimiento del primer hijo no es algo excepcional. En un estudio longitudinal del año 2000 que siguió durante seis años a parejas recién casadas, las que pasaron por el parto se dividieron con claridad entre aquellas cuya satisfacción descendió y aquellas que se libraron de ese descenso. Lo que marcaba la diferencia era la calidad de la relación antes del parto: que el marido expresara con palabras su afecto hacia su mujer y cuánta atención dedicaba la pareja al otro y a su propia relación predecían que la satisfacción se mantuviera. A la inversa, las actitudes negativas del marido, la decepción con la vida conyugal y la sensación de que «la vida es un caos» predecían el descenso de la satisfacción tras el parto.
Las razones de la crisis posparto no son simples. Cambios hormonales bruscos, privación crónica de sueño, transformación de la identidad, transición del rol de pareja al de padres y presión económica. Todo ello irrumpe simultáneamente y desestabiliza los cimientos de una relación que hasta entonces era estable.
Las parejas que albergan la expectativa de que «tener un hijo reforzará nuestro vínculo» son las que más sufren la brecha con la realidad. El nacimiento de un hijo no fortalece automáticamente la relación de pareja; más bien actúa como una prueba de estrés que expone las partes más vulnerables de la relación.
Lo que le ocurre al cuerpo y la mente de la madre
Tras el parto, los niveles de estrógeno y progesterona descienden bruscamente en el cuerpo de la mujer. Esta fluctuación provoca inestabilidad emocional, llanto fácil, ansiedad e irritabilidad. La llamada «tristeza puerperal» alcanza su pico entre los días 3 y 5 posparto y remite en unas dos semanas, pero entre el 10 y el 15 % de las mujeres evolucionan hacia una depresión posparto.
Durante la lactancia se segregan grandes cantidades de oxitocina y prolactina. La oxitocina refuerza el apego hacia el bebé. Lo que hay detrás de la caída del interés sexual hacia la pareja, en cambio, es que el nivel alto y sostenido de prolactina frena la producción de estrógeno y deja al cuerpo en un estado de estrógeno bajo. Por eso durante la lactancia son frecuentes la disminución del deseo, la sequedad vaginal y el dolor en las relaciones, con más intensidad en las primeras semanas y aliviándose con el paso del tiempo. Es decir, el cuerpo de la madre lactante ha pasado a un «modo de concentración en el bebé»; no significa que su afecto se haya debilitado.
La recuperación física también lleva tiempo. Episiotomía o cicatriz de cesárea, debilidad del suelo pélvico, dolor lumbar, tendinitis. Exigir atención hacia la pareja mientras se afronta el cuidado del bebé las 24 horas con todas estas molestias físicas resulta desproporcionado.
La sensación de exclusión del padre
La crisis posparto no es un problema exclusivo de la madre. El padre también experimenta cambios psicológicos importantes. El más frecuente es la «sensación de exclusión». La atención de la pareja se dirige por completo al bebé y el padre siente que solo se le necesita como «cajero automático» o «ayudante doméstico».
Algunos padres experimentan una emoción similar a los celos al ver a la madre en contacto constante con el bebé. Como son conscientes de que ese sentimiento es «infantil», no lo expresan y se acumula en su interior. Con el tiempo se transforma en resignación («total, no me necesitan»), lo que reduce su implicación en la crianza y genera un círculo vicioso.
En un metaanálisis del año 2010 que reunió 43 estudios se constató depresión en alrededor del 10 % de los padres entre el embarazo y el primer año tras el parto, con un nivel aún más alto entre los 3 y los 6 meses posparto. Sin embargo, la depresión posparto masculina no está socialmente reconocida y suele pasar desapercibida tanto para el propio afectado como para su entorno.
El reparto de tareas domésticas y de crianza determina la relación
En la relación de pareja tras el parto, el reparto de tareas domésticas y de crianza es el tema que genera conflictos con mayor frecuencia. En muchos casos, un reparto que antes del parto era relativamente equitativo se desequilibra bruscamente con la llegada del bebé. Quien toma la baja por maternidad suele ser la madre, y se forma un acuerdo tácito de que «como está en casa, las tareas del hogar y la crianza son cosa suya».
El problema no es solo de «cantidad». La desigualdad en la «carga mental» es grave. Controlar las existencias de pañales, gestionar el calendario de vacunas, investigar recetas de alimentación complementaria, reservar visitas a guarderías. Estas «tareas invisibles» recaen casi en su totalidad sobre la madre.
Para reconstruir la relación de pareja tras el parto, resulta eficaz «hacer visibles» las tareas domésticas y de crianza. Se listan todas las tareas y se visualiza quién se encarga de qué. En la mayoría de los casos, solo con este ejercicio el padre toma conciencia del desequilibrio.
Prevenir la ruptura de la comunicación
Tras el parto, el tiempo disponible para conversar se reduce drásticamente. Mientras el bebé está despierto se está pendiente de él, y cuando duerme uno también quiere descansar. La conversación de pareja se limita a comunicaciones operativas como «¿le has cambiado el pañal?» o «prepara el biberón», y se pierde el intercambio emocional.
Reservad al menos 15 minutos al día para hablar de algo que no sea el bebé. «Hoy en el trabajo pasó esto», «últimamente estoy pensando en esto». Para mantener la relación de pareja es imprescindible seguir compartiendo facetas de uno mismo más allá del rol de padre o madre.
Compartir como pareja las estrategias para manejar el estrés de la crianza facilita comprender los límites del otro. Acordar una señal de «estoy al límite» y establecer la regla de relevarse cuando aparezca esa señal también resulta eficaz.
La mentalidad de «crianza en equipo»
La actitud más importante para proteger la relación de pareja tras el parto es la conciencia de que «la crianza es un proyecto de dos». No se trata de que la madre sea la «responsable principal» y el padre «eche una mano», sino de afrontar la crianza como miembros iguales de un equipo.
La frase «¿te ayudo?», aunque bienintencionada, contiene la premisa de que «la crianza es cosa de la madre». Asumir tareas de forma proactiva con frases como «el próximo cambio de pañal lo hago yo» o «esta noche me encargo de dormirlo» alivia enormemente la carga mental de la madre.
También es importante no aspirar a una crianza perfecta. Que la casa esté desordenada, que la papilla no sea casera o que el bebé no deje de llorar no significa que se esté fracasando como padres. Siendo «padres suficientemente buenos (good enough parents)», el bebé crecerá sano.
Lo que hay más allá de la crisis posparto
La crisis posparto no dura para siempre. A medida que el niño crece, el sueño se estabiliza, el equilibrio hormonal se recupera y se establece una rutina de crianza, la relación de pareja también recupera espacio.
En el estudio longitudinal citado antes hubo un número apreciable de parejas cuya satisfacción no bajó pese a haber pasado por el parto. Lo que las separaba de las demás no era la magnitud de la crisis en sí, sino el hecho de no haber renunciado al interés y al respeto mutuos ni en la etapa con menos margen. La experiencia de atravesar juntos una crisis refuerza los cimientos de la relación posterior.
Contemplad los primeros años tras el parto como un «periodo de inversión» en la relación de pareja. Aunque ahora no haya margen, mantener el respeto y la gratitud mutuos y preservar pequeños momentos de conexión es lo que determinará la calidad de la relación cuando los hijos crezcan. Si eres una madre que se siente sola, no eres la única. Pedir ayuda no es debilidad, es fortaleza. Pareja, familia, amigos, servicios de apoyo a la crianza de tu zona: utiliza todos los recursos disponibles y no cargues con todo en soledad. La experiencia de superar juntos estos primeros años se convertirá en una base sólida para la relación de pareja en el futuro.