Familia

Cómo reducir el estrés de la crianza

Este artículo se lee en unos 6 minutos Redacción y gestión: Kokomori

Entender en qué consiste el estrés de la crianza

El estrés de la crianza no es simple cansancio. Surge de la combinación de múltiples factores: la falta de sueño, la pérdida de tiempo propio, el aislamiento social, la inseguridad económica y la brecha entre lo ideal y la realidad. Cargar con alguna clase de peso o de preocupación por la crianza es una experiencia del todo habitual para cualquier madre o padre. Precisamente para saber que no eres la única persona que lo pasa mal, acercarse a los patrones típicos y a las formas habituales de afrontarlos en libros sobre estrés en la crianza alivia el ánimo.

Sentir estrés es en sí una reacción normal. El problema empieza cuando se entiende el estrés como algo que no se debe sentir y uno acaba culpándose. Aceptar la premisa de que «criar es duro» es el primer paso para aliviarlo.

Formas de aliviar el estrés en el día a día

No aspirar a ser un padre perfecto

La «crianza ideal» que se ve, por ejemplo, en las redes sociales no es más que un recorte de una parte de la realidad. El concepto de la «madre suficientemente buena» (good enough mother), propuesto por el pediatra Winnicott, muestra que los niños crecen sanos aunque sus padres no sean perfectos.

Lo que marca la diferencia es darse permiso para decir «hoy puedo hacerlo a medias». Que haya días de comida congelada, o ratos en los que se recurre a la televisión, no es un fracaso en la crianza.

Reservar tiempo propio

Incluso en plena crianza, la clave está en tener un tiempo solo para uno mismo, aunque sean 15 minutos al día. Contar con la pareja o la familia para cuidar al niño y crear de forma consciente ratos para hacer lo que te gusta.

Hay quien siente que «dejar al niño con otra persona da mala conciencia», pero que la madre o el padre se recuperen es también positivo para el niño. Un padre con margen en el ánimo puede tratar al niño con más calma. Aprender métodos concretos de afrontamiento en libros dedicados al estrés de la crianza también ayuda.

Priorizar la calidad del sueño

La falta de sueño reduce de forma notable la tolerancia al estrés. Si las tomas nocturnas o el llanto de madrugada impiden dormir lo suficiente, vale la pena plantearse aprovechar las siestas o establecer turnos con la pareja.

Se tiende a pensar «tengo que hacer las tareas de casa mientras el niño duerme», pero priorizar el propio sueño por encima de las tareas conduce, a largo plazo, al bienestar de toda la familia.

Aprovechar el apoyo del entorno

El reparto de tareas con la pareja

La crianza, por ejemplo, no es algo que deba cargarse en solitario. Resulta eficaz hablar con la pareja sobre un reparto concreto de tareas y hacer visible la carga de cada uno. Lo importante es la idea de «repartir» y no de «ayudar».

El reparto no tiene que ser fijo. Lo esencial es la disposición a ajustarlo con flexibilidad según los periodos de más trabajo y el estado de salud de cada uno.

Recurrir a servicios externos

No hay por qué sentir culpa al recurrir a servicios externos como la guardería temporal, los programas de apoyo familiar o las canguros. En los centros locales de apoyo a la crianza hay servicios y ventanillas de consulta que pueden usarse de forma gratuita.

Además, participar en una comunidad de padres con niños de la misma edad permite compartir las preocupaciones y reduce la sensación de aislamiento.

Comprender la etapa de desarrollo del niño

Buena parte de las «conductas problemáticas» del niño son respuestas normales propias de su etapa de desarrollo. Cuando se toman como «problema» conductas que aparecen de forma natural en ese proceso, como la oposición propia de la etapa del «no», el llanto nocturno o las manías con la comida, se genera un estrés innecesario.

Tener unos conocimientos básicos sobre el desarrollo infantil permite asumir que «en esta etapa esto es así», y eso crea margen psicológico.

Cuándo consultar a un profesional

Si alguno de los siguientes estados se mantiene 2 semanas o más, conviene plantearse consultar a un profesional: el ánimo bajo que no remite, una irritación hacia el niño que no cesa, noches seguidas sin poder dormir o un cambio extremo del apetito. Pueden ser señales de depresión posparto o de agotamiento por la crianza.

Entre los lugares a los que acudir están el pediatra habitual, el centro de salud de la zona y los teléfonos de consulta sobre crianza. Consultar pronto es el camino más corto hacia la recuperación.

Puntos clave de este artículo

  • Conocer los pasos concretos de las formas de aliviar el estrés en el día a día
  • Captar el truco de aprovechar el apoyo del entorno
  • Comprender la etapa de desarrollo del niño
  • Entender el mecanismo de no aspirar a ser un padre perfecto

Conclusión: cuidarse a uno mismo es la mejor crianza

La forma más eficaz de aliviar el estrés de la crianza es cuidar de uno mismo. No aspirar a la perfección, apoyarse en la ayuda del entorno y reservar tiempo propio. Que la madre o el padre estén sanos de cuerpo y mente es el mejor entorno posible para el niño. Empieza hoy por crear un solo rato para ti.

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