Cómo vivir con preguntas que no tienen respuesta
El sufrimiento de no tener respuestas
«¿Tiene sentido la vida?», «¿qué pasa cuando morimos?», «¿mis elecciones son realmente libres?», «¿por qué sufren las personas buenas?». ¿Has pasado noches en vela sin poder apartar estas preguntas de tu mente? Lees libros buscando respuestas, sigues pensando, pero no llegas a una respuesta definitiva. Esa misma «incertidumbre» provoca una profunda ansiedad e impotencia.
El filósofo Karl Jaspers llamó a estas cuestiones «situaciones límite» (Grenzsituation). La muerte, el sufrimiento, la culpa, la contingencia: situaciones que la razón humana no puede resolver definitivamente. Jaspers consideraba que enfrentarse a las situaciones límite es el punto de partida de la filosofía y la ocasión en que el ser humano se confronta verdaderamente consigo mismo.
Sufrir por preguntas sin respuesta no le ocurre a quien es intelectualmente perezoso. Es un sufrimiento propio de quienes poseen la capacidad de pensar profundamente. El problema no está en la pregunta en sí, sino en la premisa de que «si no hay respuesta, no puedo avanzar».
Por qué buscamos «respuestas»
La necesidad de cierre cognitivo
En psicología, el deseo de eliminar la ambigüedad y obtener una respuesta definitiva se denomina «necesidad de cierre cognitivo» (need for cognitive closure). Las personas con alta necesidad de cierre sienten una fuerte incomodidad al permanecer en un estado de incertidumbre. Las preguntas sin respuesta nunca satisfacen esta necesidad, generando una tensión psicológica crónica.
La búsqueda de sensación de control
Tener respuestas hace el mundo predecible y nos da sensación de control. «Si entiendo el sentido de la vida, podré avanzar en la dirección correcta»; «si sé qué hay después de la muerte, no la temeré». Detrás de la sed de respuestas hay un deseo fundamental de asegurar la seguridad en un mundo incierto.
La actitud intelectual de «suspender el juicio»
Los escépticos de la antigua Grecia practicaban una actitud llamada «epojé» (suspensión del juicio). Ante asuntos sobre los que no se puede emitir un juicio definitivo, suspendían el juicio y buscaban vivir en paz dentro de ese estado de suspensión.
El poeta Rainer Maria Rilke escribió en Cartas a un joven poeta: «Ama las preguntas mismas. Quizá ahora no puedas vivir las respuestas. Lo importante es vivirlo todo. Vive ahora las preguntas. Quizá así, algún día lejano, sin darte cuenta, irás viviendo dentro de las respuestas».
Suspender el juicio no es abandonar el pensamiento. Es seguir preguntándose sin sufrir por la ausencia de respuesta. En filosofía, esta actitud se denomina también «capacidad negativa» (negative capability). Es un concepto propuesto por el poeta John Keats en 1817, que significa «la capacidad de permanecer en la incertidumbre, el misterio y la duda, sin buscar apresuradamente hechos o razones». Los libros sobre reflexión filosófica permiten profundizar en esta comprensión.
Cuatro prácticas para vivir con preguntas sin respuesta
1. Transformar la pregunta de «enemiga» en «compañera»
Reencuadra las preguntas sin respuesta no como «problemas que resolver», sino como «compañeras de camino». La pregunta «¿cuál es el sentido de la vida?» no existe para atormentarte, sino para seguir dando profundidad y dirección a tu vida. Gracias a la pregunta, te vuelves consciente en tus elecciones cotidianas.
2. Permitirte tener «respuestas provisionales»
Aunque no llegue la respuesta definitiva, está permitido tener «una respuesta provisional para el yo de ahora». «En este momento, creo que el sentido de la vida está en la conexión con los demás. Quizá cambie en diez años, pero por ahora vivo con esto». Una respuesta provisional, aunque imperfecta, sirve como guía para la acción. Y las respuestas provisionales pueden actualizarse.
3. Convertir la pregunta en «acción»
Transforma la pregunta abstracta «¿tiene sentido la vida?» en la pregunta concreta «¿qué acción significativa puedo realizar hoy?». El filósofo Albert Camus, en El mito de Sísifo, encontró sentido en elegir la rebelión de «vivir a pesar de todo» tras reconocer el absurdo de la vida. Aunque no haya respuesta, puedes elegir la acción. La acumulación de acciones forma sentido a posteriori.
4. Tener un espacio de diálogo
Cargar solo con preguntas sin respuesta hace que el pensamiento gire en círculos. Mantener un diálogo filosófico con personas de confianza permite encontrar perspectivas que no se te habrían ocurrido solo. Como muestra el método dialéctico de Sócrates, compartir las preguntas en sí profundiza el pensamiento y alivia la soledad. Un café filosófico, un club de lectura o una conversación profunda con un amigo cercano: la forma no importa.
Los libros sobre vivir con la incertidumbre también pueden ser un apoyo.
Conclusión
Sufrir por preguntas sin respuesta es un privilegio de quienes poseen la capacidad de pensar profundamente. La necesidad de cierre cognitivo y la búsqueda de control generan el estado de «sin respuesta, hay ansiedad», pero cultivando la actitud de la epojé (suspensión del juicio) y la capacidad negativa, es posible coexistir en paz con las preguntas sin respuesta. Aceptar las preguntas como compañeras, tener respuestas provisionales, convertir las preguntas en acción y mantener espacios de diálogo. Que no haya respuesta es prueba de que la vida no ha terminado.