La sensibilidad al frío no es constitucional, se puede mejorar - Estrategias de calentamiento eficaces según los 4 tipos de frío
La verdadera naturaleza de la sensibilidad al frío: desequilibrio en la distribución del flujo sanguíneo e insuficiencia en la producción de calor
La sensibilidad al frío no fue reconocida durante mucho tiempo como «enfermedad» por la medicina occidental. Sin embargo, en la medicina oriental el «frío» se considera el origen de muchas enfermedades, y en los últimos años la investigación científica está respaldando sus efectos. La esencia de la sensibilidad al frío se resume en dos factores: un «desequilibrio en la distribución del flujo sanguíneo» por el que el calor producido internamente no llega suficientemente a las extremidades o a zonas específicas, y una «disminución del metabolismo basal» por la que la producción de calor en sí es insuficiente.
Aproximadamente el 40 % de la producción de calor del cuerpo humano corre a cargo del músculo esquelético y alrededor del 20 % del hígado. El resto se reparte entre cerebro, corazón, riñones y otros órganos. Que la sensibilidad al frío sea más frecuente en mujeres se debe a que la masa absoluta de músculo esquelético (la principal fuente de calor) es menor que en los hombres. Además, las alteraciones del sistema nervioso autónomo desequilibran la contracción y dilatación de los vasos sanguíneos, sesgando la distribución del calor.
Los 4 tipos de sensibilidad al frío y cómo identificarlos
Tipo extremidades: solo las puntas de manos y pies están frías
Es el tipo más frecuente, habitual en mujeres delgadas de 10 a 20 años. La temperatura del tronco es normal, pero las puntas de los dedos de manos y pies se enfrían como el hielo. La causa es la vasoconstricción periférica por hipertonía simpática. El estrés, la falta de sueño y las dietas excesivas son desencadenantes. La solución pasa por reducir la tensión simpática: baños tibios (38 a 40 grados), respiración abdominal, estiramientos antes de dormir y evitar la cafeína por la noche.
Tipo mitad inferior: piernas frías y cara caliente
Frecuente en mujeres de mediana edad y mayores. Las piernas están frías pero la cara se siente caliente (sensación de calor ascendente). La causa es la disminución de la fuerza muscular de las piernas y la mala circulación de retorno. Estar sentada mucho tiempo y la falta de ejercicio lo agravan. La solución es el entrenamiento de la musculatura de las piernas (sentadillas, elevaciones de talones), evitar estar sentada mucho tiempo (levantarse cada 30 minutos) y usar medias de compresión.
Tipo visceral: el interior del cuerpo está frío
La temperatura de la superficie corporal es normal pero la temperatura interna es baja (por debajo de 36 grados). Se manifiesta con manos y pies tibios pero abdomen frío, tendencia a la diarrea y fatiga. La causa es una dilatación excesiva de los vasos periféricos que dispersa el calor hacia la superficie, impidiendo que se retenga en el interior. Es frecuente en personas con constitución parasimpática dominante. La solución incluye alimentos que calientan el cuerpo (jengibre, canela, pimienta), evitar bebidas frías y calentar el abdomen (faja térmica).
Tipo generalizado: todo el cuerpo está frío
Es un tipo en el que el metabolismo basal en sí está disminuido. Frecuente en personas mayores, con hipotiroidismo, anemia grave o desnutrición. Todo el cuerpo se siente frío y la fatiga es intensa. Es necesario descartar enfermedades subyacentes (función tiroidea, hemograma). La solución fundamental es aumentar la masa muscular y mejorar la nutrición.
Alimentación que calienta: no basta con «comer cosas calientes»
El efecto térmico de las proteínas
Simplemente tomar alimentos calientes solo proporciona un calentamiento temporal. Lo importante es ingerir nutrientes que activen la producción de calor a nivel celular. Las proteínas tienen el mayor efecto térmico de los alimentos (DIT): al digerirlas se genera calor equivalente al 30 % de las calorías ingeridas (frente al 6 % de los carbohidratos y el 4 % de las grasas). Incluir proteínas en cada comida (carne, pescado, huevos, soja) es la base de la alimentación contra el frío.
Especias y minerales que mejoran la circulación
El jengibre contiene gingerol y shogaol, que dilatan los vasos periféricos y mejoran la circulación. El shogaol (que se forma al calentar o secar el jengibre) tiene un efecto calentador más duradero que el gingerol. La canela mejora la circulación periférica y la capsaicina del chile activa la termogénesis del tejido adiposo pardo. El hierro es esencial para el transporte de oxígeno; la anemia ferropénica reduce la producción de calor, por lo que las mujeres con menstruaciones abundantes deben prestar especial atención a su ingesta de hierro. Evite las bebidas frías y tome líquidos a temperatura ambiente o superior.
Hidratación y hábitos alimentarios
Puede aprender los fundamentos de la mejora constitucional en libros sobre sensibilidad al frío (Amazon). Desayunar es especialmente importante para activar la termogénesis matutina. Saltarse el desayuno mantiene baja la temperatura corporal durante toda la mañana. Incluir proteínas y grasas saludables en el desayuno maximiza el efecto térmico de los alimentos.
El baño como terapia: la temperatura y la duración óptimas
El baño es la forma más eficaz de calentar todo el cuerpo en poco tiempo. La clave es la temperatura del agua: entre 38 y 40 grados durante 15 a 20 minutos de inmersión hasta los hombros. Este rango de temperatura activa el sistema nervioso parasimpático, dilata los vasos periféricos y eleva suavemente la temperatura corporal profunda.
Entre los aditivos de baño, los de gas carbónico son los que más mejoran la circulación. El CO2 se absorbe a través de la piel y dilata los capilares, haciendo que la misma temperatura del agua se perciba unos 2 grados más caliente. Tras el baño, complete la retención de calor (calcetines, pijama) en menos de 10 minutos para minimizar la pérdida de calor.
Por qué el entrenamiento de fuerza es el tratamiento de raíz de la sensibilidad al frío
El músculo es la mayor fuente de calor del cuerpo. Aumentar la masa muscular es la solución fundamental a la sensibilidad al frío. Entrenar especialmente los grandes músculos de las piernas (cuádriceps, glúteos, isquiotibiales) eleva el metabolismo basal y aumenta la producción de calor en reposo. Con solo realizar 3 ejercicios (sentadillas, zancadas, elevaciones de talones) 3 veces por semana, muchas personas notan mejoría del frío en 2 a 3 meses.
Para quienes no tienen hábito de ejercicio, empezar con 8000 pasos diarios de caminata es lo recomendable. Caminar es un ejercicio de cuerpo entero que moviliza toda la musculatura de las piernas y es eficaz tanto para mejorar la circulación como para mantener la fuerza muscular. Sustituir las escaleras mecánicas por escaleras o caminar una parada más son formas de sumar pasos en el día a día.
Resumen: la sensibilidad al frío se puede mejorar con las medidas adecuadas
La sensibilidad al frío no es una cuestión de constitución inamovible. Identificando su tipo (extremidades, mitad inferior, visceral o generalizado) y aplicando las medidas correspondientes (gestión del sistema nervioso autónomo, entrenamiento muscular, alimentación termogénica, baño terapéutico), la mejoría es posible en 2 a 3 meses. La clave es la constancia diaria.
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