Crea un espacio de lectura en casa - Una biblioteca personal que empieza con una pequeña estantería
Por qué necesitas un espacio de lectura
La mayoría de las razones por las que no se mantiene el hábito de lectura no tienen que ver con la fuerza de voluntad, sino con el entorno. Según una investigación de la Universidad de Duke, aproximadamente el 45% de las acciones cotidianas del ser humano son hábitos (comportamientos automáticos). Si el lugar donde usas el móvil en el sofá es el mismo donde lees, el cerebro elegirá automáticamente el móvil. Al crear un espacio exclusivo para la lectura, nace un disparador de comportamiento: «cuando me siento aquí, leo».
En psicología ambiental, la influencia que el espacio ejerce sobre el comportamiento se denomina «affordance». Un espacio con estantería y silla «permite» la lectura, mientras que un espacio con televisor y sofá «permite» ver la tele. Si quieres convertir la lectura en hábito, necesitas diseñar intencionadamente un espacio que la facilite.
Empezar con una biblioteca pequeña en casa
Cómo elegir el lugar
No necesitas una habitación exclusiva. Un rincón junto a la ventana, la mesilla de noche, el fondo de un pasillo, incluso el interior de un armario pueden convertirse en un espacio de lectura. Lo importante es la consistencia para que el cerebro reconozca «este es mi lugar de lectura». Al leer siempre en el mismo sitio, resulta más fácil entrar en modo concentración en cuanto te sientas. Lo ideal es elegir un lugar donde no se vean pantallas de televisión u ordenador.
La importancia de la iluminación
Lo que más influye en la comodidad del espacio de lectura es la iluminación. Solo con la luz fluorescente del techo, los ojos se cansan fácilmente y no es adecuada para lecturas prolongadas. Prepara una lámpara de escritorio o de pie que ilumine tus manos; una temperatura de color de unos 3000K (luz cálida) es suave para los ojos y también tiene efecto relajante. Un lugar junto a la ventana con luz natural es ideal para leer durante el día. (Los libros sobre interiorismo pueden darte ideas para crear tu espacio)
Cómo elegir la silla
Lo ideal es una silla en la que no te canses aunque estés sentado mucho tiempo, pero no tiene que ser cara. Asiento acolchado, ángulo del respaldo, presencia o ausencia de reposabrazos. Lo importante es encontrar una silla que se adapte a tu cuerpo. Si prefieres sentarte en el suelo, una silla de suelo o un puf también son opciones. El objetivo es crear el condicionamiento de «cuando me siento en esta silla, entro en modo lectura», así que lo ideal es no usarla para otra cosa.
Gestión de los libros
No necesitas guardar todos los libros. Los que ya has leído, dónalos a una biblioteca o llévalos a una librería de segunda mano. Quédate solo con «los que quieres releer» y «los que vas a leer». Si aplicas el criterio de Marie Kondo de «lo que te produce alegría» también a los libros, tu estantería quedará despejada. Tener espacio libre en la estantería genera la ilusión de «¿qué leeré a continuación?». (Los libros sobre organización también pueden ser útiles)
Convivencia con lo digital
Los lectores de libros electrónicos también son herramientas de lectura legítimas. No es necesario aferrarse al papel. Los dispositivos de tinta electrónica como Kindle o Kobo emiten poca luz azul y están diseñados para reducir la fatiga ocular. Sin embargo, si lees en un móvil o tableta, desactiva las notificaciones. Hay estudios que indican que cada vez que llega una notificación durante la lectura se interrumpe la concentración, y se tarda una media de 23 minutos en recuperar la profundidad anterior. Lo ideal es usar un dispositivo exclusivo para la lectura.
Convertir el espacio de lectura en un «santuario»
Establece la regla de no hacer nada que no sea leer en tu espacio de lectura. No llevar el móvil, no trabajar, no ver la televisión. Con esta «sacralización», en cuanto entres en ese espacio, tu cerebro cambiará al «modo lectura». Al principio requiere un esfuerzo consciente, pero si lo mantienes durante 2 o 3 semanas, se automatiza.
Conclusión
El espacio de lectura no se define por su tamaño, sino por la consistencia y la comodidad. Una pequeña estantería, una silla y una lámpara que ilumine tus manos. Empieza con estos tres elementos y crea tu propio santuario de lectura. Si cambia el entorno, el comportamiento cambia de forma natural.