Crianza

Cómo criar hijos emocionalmente estables

Este artículo se lee en unos 5 minutos

Qué significa que un niño sea «emocionalmente estable»

Un niño emocionalmente estable no es un robot que no siente emociones. Se refiere a un estado en el que experimenta ira, tristeza y ansiedad, pero posee la capacidad de recuperarse sin verse abrumado por ellas (capacidad de regulación emocional).

La psicología del desarrollo establece que la base de esta capacidad se forma en la relación con el cuidador principal durante los primeros 0 a 3 años de vida. Según la teoría del apego (attachment theory) propuesta por John Bowlby, los niños utilizan al cuidador como "base segura (secure base)" desde la cual exploran el mundo exterior. Si la base segura es estable, el niño puede aventurarse con confianza, y la certeza de tener un lugar al que volver sostiene su estabilidad emocional.

Cómo la calidad del apego influye en el futuro

El estudio longitudinal de la Universidad de Minnesota (iniciado en 1975, con seguimiento de los participantes durante más de 30 años) mostró que los niños que formaron un "apego seguro (secure attachment)" en la primera infancia presentaban las siguientes tendencias en la edad adulta.

  • Menos conflictos en las relaciones interpersonales
  • Mayor tolerancia al estrés
  • Expresión emocional rica y adecuada
  • Mayor logro académico y profesional

Por el contrario, los niños que formaron un apego inseguro (evitativo o ansioso) tendían a presentar dificultades en las relaciones interpersonales y problemas de regulación emocional en la edad adulta. Sin embargo, es importante señalar que los patrones de apego no son fijos y pueden cambiar con experiencias posteriores.

5 prácticas cotidianas para cultivar la estabilidad emocional

1. Enseñar el «nombre de las emociones»

Cuando el niño llora, en lugar de negar la emoción con "no llores", ponle una etiqueta: "estás triste, ¿verdad?" o "te has sentido frustrado, ¿no?". La investigación neurocientífica ha demostrado que el etiquetado emocional promueve el desarrollo de la corteza prefrontal y suprime la hiperreactividad de la amígdala. Se puede empezar a los 2-3 años, y a medida que el vocabulario crece, se enseñan palabras emocionales más precisas como "irritado", "decepcionado" o "nervioso".

2. No temer la «reparación»

No es necesario ser un padre perfecto. Según la investigación del psicólogo del desarrollo Edward Tronick, en las interacciones emocionales entre padres e hijos se produce un "desajuste (misattunement)" aproximadamente el 70% del tiempo. Lo importante no es que no haya desajustes, sino poder "reparar (repair)" después. Tras haber gritado, decir "antes me he enfadado demasiado, lo siento". Esta experiencia de reparación cultiva en el niño la creencia de que "las relaciones pueden romperse y arreglarse".

3. Aumentar la «previsibilidad»

La sensación de seguridad del niño nace de "poder predecir qué va a pasar". Mantener las rutinas diarias (hora de levantarse, comidas, baño, acostarse) lo más constantes posible y, cuando haya cambios, avisar con antelación. Solo con decir "hoy, en vez de lo habitual, te recogerá la abuela" la ansiedad del niño se reduce considerablemente. (Puedes aprender de forma sistemática con libros sobre crianza)

4. Funcionar como «base segura»

Si observas a un niño jugando en el parque, los niños con apego seguro se giran periódicamente hacia sus padres (referencia social), confirman que les están mirando y vuelven a jugar. "Estar ahí cuando se giran" es la esencia de la base segura. No absortos en el móvil, sino respondiendo cuando el niño dirige la mirada. No basta con estar físicamente cerca; es importante estar psicológicamente "disponible (available)".

5. Convertirse en «coach emocional»

El psicólogo John Gottman clasificó las reacciones de los padres ante las emociones de los hijos en 4 tipos. El que mejor influye en el desarrollo emocional del niño es el "tipo coach emocional". Los padres de tipo coach emocional no niegan las emociones del niño (no dicen "no llores"), las reconocen ("tenías miedo, ¿verdad?") y después establecen límites de conducta ("aunque tengas miedo, no puedes pegar a tu amigo"). Aceptar las emociones y poner límites a la conducta: esta distinción cultiva tanto la estabilidad emocional como las habilidades sociales. (Los libros sobre coaching emocional también son una buena referencia)

Resumen

La clave para criar hijos emocionalmente estables reside en proporcionar la "base segura" que señala la teoría del apego. A través de 5 prácticas cotidianas (enseñar el nombre de las emociones, no temer la reparación, aumentar la previsibilidad, funcionar como base segura y convertirse en coach emocional), la capacidad de regulación emocional del niño se desarrolla de forma sólida. No hace falta ser un padre perfecto. Una relación que puede romperse y repararse es lo que proporciona al niño la mayor sensación de seguridad.

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