Familia

La depresión posparto no se cura con «fuerza de voluntad» - Cómo identificar los síntomas y pedir ayuda

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La tristeza puerperal y la depresión posparto son cosas distintas

No es raro sentirse decaída tras el parto, pero la tristeza puerperal y la depresión posparto son estados claramente diferentes. La tristeza puerperal alcanza su punto máximo entre el tercer y el quinto día después del parto, y se manifiesta con llanto fácil, ansiedad, irritabilidad y dificultad para concentrarse. Se estima que entre el 50 y el 80 % de las mujeres la experimentan, y normalmente se resuelve de forma espontánea en menos de dos semanas. En cambio, la depresión posparto aparece entre las cuatro semanas y los seis meses posteriores al parto, y sin tratamiento puede prolongarse durante meses o incluso más de un año. Se calcula que aproximadamente entre el 10 y el 15 % de las mujeres que dan a luz desarrollan depresión posparto. Mientras que la tristeza puerperal es una «fluctuación emocional temporal», la depresión posparto es un estado en el que el equilibrio de los neurotransmisores cerebrales se ha alterado, y no se supera con determinación ni esfuerzo.

Qué le ocurre al cerebro cuando las hormonas caen en picado

Durante el embarazo, los niveles de estrógeno y progesterona aumentan entre 10 y 100 veces respecto a los valores normales. En las 24 a 48 horas posteriores al parto, estas hormonas descienden bruscamente hasta niveles previos al embarazo. El impacto de esta caída sobre el cerebro es enorme. El estrógeno potencia la producción de serotonina (neurotransmisor que estabiliza el estado de ánimo) y la sensibilidad de sus receptores; su descenso brusco provoca una disminución funcional del sistema serotoninérgico. La alopregnanolona, un metabolito de la progesterona, actúa sobre los receptores GABA del cerebro ejerciendo un efecto ansiolítico; su reducción repentina tras el parto incrementa la ansiedad. Además, las fluctuaciones de la hormona tiroidea (tiroiditis posparto) afectan a entre el 5 y el 10 % de las mujeres y pueden agravar los síntomas depresivos. Asimismo, la secreción de oxitocina durante la lactancia fortalece el vínculo maternofilial, pero en algunas mujeres se manifiesta como «reflejo disfórico de eyección de leche (D-MER)», provocando malestar o ansiedad.

Síntomas concretos de la depresión posparto

Los síntomas de la depresión posparto coinciden en gran medida con los de la depresión general, pero incluyen manifestaciones específicas relacionadas con la crianza. Los principales son: tristeza persistente o sensación de vacío, pérdida de interés por actividades que antes resultaban placenteras, fatiga intensa (que no mejora con el descanso), insomnio o hipersomnia, cambios marcados en el apetito, dificultad para concentrarse y aumento de la autocrítica. Lo característico de la depresión posparto es no sentir apego hacia el bebé, carecer de energía para cuidarlo, temer hacerle daño y experimentar una intensa culpa con pensamientos como «soy una mala madre». Si estos síntomas persisten durante más de dos semanas, es muy probable que se trate de depresión posparto. Requieren especial atención los pensamientos suicidas o los impulsos de hacer daño al bebé, ya que son señales de que se necesita intervención médica urgente.

Conocer los factores de riesgo

La depresión posparto puede afectar a cualquier mujer, pero se han identificado factores que aumentan el riesgo. El principal es tener antecedentes de depresión o trastorno de ansiedad antes o durante el embarazo, lo que multiplica el riesgo entre 3 y 5 veces. Los antecedentes familiares de depresión también lo incrementan. Entre los factores sociales destacan la falta de apoyo de la pareja, las dificultades económicas, el aislamiento social, un embarazo no deseado y la maternidad adolescente (menores de 20 años). En relación con el embarazo y el parto, influyen las complicaciones obstétricas, la cesárea, el parto prematuro, el ingreso en la UCI neonatal, las dificultades con la lactancia y la privación severa de sueño. Como factores específicos del contexto japonés, cabe mencionar la imposibilidad de regresar a la casa materna para el parto, el aislamiento en la crianza derivado de la nuclearización familiar y la presión social de que «una madre debería poder con todo». Conocer estrategias para manejar el estrés de la crianza puede contribuir a la prevención.

Autoevaluación con la Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo (EPDS)

La Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo (Edinburgh Postnatal Depression Scale) es un instrumento de cribado autoadministrado de 10 ítems desarrollado en 1987, y es la herramienta de evaluación de la depresión posparto más utilizada en todo el mundo. Con el marco temporal de «los últimos 7 días», evalúa si la mujer ha podido reír, si ha disfrutado anticipando cosas, si se ha culpado, si ha sentido ansiedad, si ha tenido miedo, si se ha sentido desbordada, si ha tenido dificultades para dormir, si se ha sentido triste, si ha llorado y si ha pensado en hacerse daño, puntuando cada ítem de 0 a 3. Sobre un total de 30 puntos, en la versión japonesa una puntuación de 9 o más indica sospecha de depresión posparto. En muchos municipios de Japón se utiliza este cuestionario durante la revisión del primer mes posparto o en las visitas domiciliarias al recién nacido. No obstante, la EPDS es solo una herramienta de cribado; para un diagnóstico definitivo es necesaria la evaluación de un psiquiatra o un especialista en medicina psicosomática.

Tratamientos y camino hacia la recuperación

El tratamiento de la depresión posparto se aplica de forma escalonada según la gravedad. En los casos leves, la psicoterapia, como la terapia cognitivo-conductual (TCC) o la terapia interpersonal (TIP), es la primera opción. La TCC identifica patrones de pensamiento negativos como «el bebé llora por mi culpa» y entrena a la paciente para sustituirlos por interpretaciones más realistas. En los casos moderados o graves se considera la combinación con antidepresivos (ISRS). Respecto al uso de ISRS durante la lactancia, la sertralina y la paroxetina presentan una transferencia mínima a la leche materna, lo que permite continuar amamantando durante el tratamiento. En 2019 se aprobó en Estados Unidos la brexanolona (nombre comercial Zulresso), el primer fármaco específico para la depresión posparto, que consiste en la administración intravenosa de una versión sintética de la alopregnanolona. La recuperación suele requerir entre 3 y 6 meses, pero con el tratamiento adecuado la gran mayoría de las mujeres se recuperan. Reconstruir la relación de pareja tras el parto también es un elemento clave en la recuperación. (Buscar libros sobre depresión posparto en Amazon) (Los libros sobre cuidados posparto también pueden ser útiles)

Cómo puede ayudar el entorno

Frases como «ánimo», «el bebé es precioso, ¿no?» o «todas pasan por esto» pueden resultar contraproducentes para una mujer con depresión posparto, aunque se digan con buena intención. Lo que más ayuda es el apoyo mediante acciones concretas. Encargarse de preparar la comida, la colada, las compras o el cuidado de los hermanos mayores permite que la madre disponga de descanso y sueño. La pareja puede turnarse en las tomas nocturnas (usando leche extraída o de fórmula), asegurar que la madre tenga tiempo para salir sola y, en lugar de preguntar «¿te ayudo en algo?», ofrecer algo específico como «hoy me encargo de la colada». A la hora de sugerir una consulta médica, es más fácil de aceptar si se plantea desde los hechos médicos: «Después del parto los cambios hormonales pueden afectar a la salud; ¿por qué no consultas, por si acaso?», en lugar de «te pasa algo raro».

Pedir ayuda es una muestra de fortaleza

Lo más peligroso de la depresión posparto es la creencia de que «como soy madre, debo arreglármelas sola», que lleva a sentir vergüenza por pedir ayuda. La depresión posparto es una enfermedad provocada por cambios químicos en el cerebro y no tiene absolutamente nada que ver con la capacidad ni con el amor de una madre. Entre los recursos disponibles se encuentran el ginecólogo u obstetra de referencia, los centros de salud comunitarios (consultas domiciliarias con matronas o enfermeras), y los servicios de psiquiatría o medicina psicosomática. Por teléfono, en Japón se puede contactar con la línea Yorisoi Hotline (0120-279-338, atención 24 horas) o con los servicios de consulta sobre crianza de cada municipio. El cuidado del suelo pélvico tras el parto, al igual que la atención a la depresión posparto, forma parte de la recuperación física que toda mujer merece recibir. Conectar a tiempo con el apoyo adecuado protege la salud tanto de la madre como del bebé.

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