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Evitar las discusiones destruye la relación - La psicología de la evitación del conflicto y cómo debatir de forma saludable

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Evitar el conflicto no es amabilidad

«Las parejas que no discuten se llevan bien». Esta creencia popular es mitad verdad y mitad error. Las parejas que pueden hablar con calma aunque tengan diferencias de opinión son ciertamente saludables. Sin embargo, si una de las partes siempre se traga su opinión y solo mantiene una paz superficial, eso no es buena relación, sino evitación del conflicto.

Las personas que evitan el conflicto suelen ser valoradas por su entorno como «personas amables» o «personas tranquilas», pero en su interior se acumulan la frustración, la ira y la tristeza. Como precio por no decir lo que quieren decir, surgen problemas como que el amor hacia la pareja se enfría gradualmente, que explotan de repente sorprendiendo al otro, o que aparecen síntomas físicos (dolores de cabeza, dolor de estómago, insomnio).

El trasfondo psicológico de evitar el conflicto

En la raíz de la evitación del conflicto se encuentra la creencia de que «conflicto = fin de la relación». Esta creencia proviene, en la mayoría de los casos, de experiencias de la infancia. Las personas que crecieron en hogares donde los padres discutían violentamente aprendieron que «el conflicto es peligroso» e intentan evitar cualquier conflicto en sus propias relaciones.

Por el contrario, quienes fueron ignorados, regañados o castigados al expresar su opinión forman la creencia de que «mi opinión no tiene valor» o «si digo lo que pienso de verdad, me rechazarán». Esta creencia se traslada a las relaciones amorosas adultas, convirtiéndose en un patrón de comportamiento de ocultar la verdadera opinión ante la pareja.

También hay personas que evitan el conflicto con la motivación de «no quiero herir al otro». Sin embargo, no decir lo que piensas no equivale a no herir al otro. La otra persona siente que «no sé qué piensas» o «no me muestras tu verdadero yo», y sufre por la falta de intimidad.

El daño que la evitación del conflicto causa en la relación

El mayor problema de la evitación del conflicto es la «acumulación de emociones». Aunque cada frustración sea pequeña, si no se expresa y se acumula, se convierte en una masa enorme. Un día, por un detonante insignificante, explota y años de frustraciones salen a borbotones. La pareja se queda desconcertada preguntándose «¿qué ha pasado de repente?», causando un daño grave a la relación.

Otro problema es la «falsa intimidad». Una relación en la que se oculta la verdadera opinión puede parecer tranquila en la superficie, pero carece de verdadera intimidad. La pareja continúa la relación sin conocer al «verdadero tú», y la persona que evita el conflicto tampoco obtiene la sensación de que «me aceptan tal como soy».

A largo plazo, la persona que evita el conflicto pierde el amor hacia su pareja. El estrés de no poder expresar sus quejas supera al amor, y empieza a sentir que «con esta persona no puedo ser yo mismo/a». Irónicamente, el resultado de evitar el conflicto para proteger la relación es que la relación se destruye.

La diferencia entre conflicto saludable y conflicto destructivo

El conflicto en sí no es malo. El problema es la «forma» del conflicto. El conflicto saludable es un proceso para comprender las necesidades mutuas y encontrar un punto de compromiso. El conflicto destructivo es una batalla para atacar al otro y determinar un ganador y un perdedor.

La característica del conflicto saludable es centrarse en el «problema». No se trata de «tú eres el culpable», sino de «cómo mejoramos esta situación». No se niega la personalidad del otro, sino que se habla sobre comportamientos concretos. En lugar de «siempre eres egoísta», se dice «ayer me entristeció que hicieras planes sin consultarme».

Las características del conflicto destructivo son: ataques personales, sacar el pasado a relucir, generalizaciones («siempre», «nunca»), actitud defensiva y el muro de piedra (quedarse completamente en silencio). Cuando aparecen estos elementos, es necesario interrumpir la conversación, calmarse y retomarla después.

Métodos concretos para expresar tu verdadera opinión

Para que una persona que evita el conflicto empiece a expresar su verdadera opinión, un enfoque gradual resulta eficaz. No es necesario empezar comunicando grandes frustraciones. Primero se practica expresando pequeñas preferencias y opiniones. «Hoy me apetece comida japonesa», «esa película no me gustó mucho». Se acumula la experiencia de expresar la propia opinión, aunque sea sobre cosas triviales.

Al comunicar una queja, se utilizan «mensajes Yo». En lugar de «porque tú haces...», se usa la forma «yo siento...». En lugar de «me pongo ansioso/a porque llegas tarde», se dice «los días que llegas tarde, yo siento un poco de ansiedad». Al poner el sujeto en «yo», se pueden transmitir los propios sentimientos sin culpar al otro.

El momento también es importante. Si se comunica cuando las emociones están a flor de piel, se tiende a ser agresivo/a. Se espera un poco hasta calmarse y se introduce con «hay algo de ayer de lo que me gustaría hablar». Al avisar con antelación de que «quiero que hablemos», la otra persona también puede prepararse mentalmente.

Cómo manejar la reacción de la pareja

Cuando empiezas a expresar tu verdadera opinión, es posible que tu pareja se sorprenda o se ponga a la defensiva. «¿Qué te pasa de repente?», «nunca habías dicho nada». Es una reacción natural. Explica la intención del cambio: «antes no podía decirlo, pero a partir de ahora quiero comunicarme de verdad».

Aunque tu pareja se enfade o se sienta herida, es importante no retractarse inmediatamente. Si te echas atrás con un «da igual, no es nada», se refuerza la creencia de que «decir lo que pienso trae consecuencias negativas». Mantén la postura de acoger las emociones del otro sin dejar de valorar las tuyas propias.

Cultivar una relación que no tema al conflicto

Una relación saludable no es una relación sin conflictos, sino una relación capaz de gestionar el conflicto de forma segura. Si existe la confianza de que «aunque tengamos opiniones diferentes, esta relación no se romperá», el miedo a expresar la verdadera opinión irá disminuyendo gradualmente. (Explicamos métodos saludables para expresar tu verdadera opinión sin herirse mutuamente)

Para cultivar esta confianza, es importante convertir los pequeños conflictos en experiencias de éxito. Cuando surge una diferencia de opinión, encontrar un punto de compromiso a través del diálogo y acumular la experiencia de que «hemos discutido y no ha pasado nada malo». Cada experiencia de éxito va suavizando el miedo al conflicto.

Cambiar el patrón de evitación del conflicto no se logra de la noche a la mañana. Cambiar un hábito de años requiere tiempo y práctica. Sin embargo, una relación en la que puedes expresar tu verdadera opinión aporta una sensación de seguridad e intimidad mucho más profunda que una paz superficial. Merece la pena dar el primer paso con valentía.

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